Cuando Londres decide.

Arsenal-Manchester United. Hombres contra niños.

Fue hombres contra niños. Así lo resumió Evra, lateral izquierdo del Manchester. La realidad fue esa. El Arsenal salió con desparpajo y con la mente puesta en la portería de Van der Sar. Un error involuntario de Gibbs, un resbalón dentro del área, dió el gol y el partido a Park Ji Sung con sólo 8 minutos de encuentro disputados. Tres minutos más tarde, Cristiano sentenció con un golazo de falta.

Fue una bofetada excesivamente fuerte para que un equipo tan joven supiera reponerse ante ella. Fue hombres contra niños, sí. Porque los niños se escondieron ante ese marcador, porque los hombres jugaron un partido perfecto, de contención y pegada. Pero si no llega a ser por ese resbalón, quizás los niños hubiesen podido con los hombres. O quizás no. El final es la presencia del pragmático Ferguson y su equipo en Roma.

 

Chelsea-Barcelona. Milagro blaugrana.

Comenzó en Stamford Bride la batalla. Y lo hizo del modo esperado. Un Barcelona que buscaba tener la pelota, y un Chelsea que esperaba atrás en busca de un contraataque y la oportunidad que concediera su fútbol directo.

Con esas llegó el minuto 9 y un auténtico golazo de Essien. Era el 1-0 y, a la vez, un momento clave. Ese gol iba a marcar el resto del encuentro. El Chelsea, desde ese instante, echaría el autobús, definitivamente, atrás, con momentos de incluso defender 10 hombres casi dentro del área. Basta como dato ejemplificante el papel de Ballack en el encuentro. Jugador de mi devoción, prácticamente se dedicó sólo a correr detrás de la pelota y presionar. No intervino en ataque. Decepcionante.

El Barça estaba impotente, físicamente inferiores no podían abrir ningún agujero en la muralla defensiva que había ideado Guus Hiddink. Entre tanto, con mucha posesión y sin ningún disparo por parte del Barça, el Chelsea siguió a lo suyo, con su fútbol directo y haciendo intervenir de manera clave a Valdés y ocasionando la expulsión de Abidal.

Ni con un jugador más el Chelsea cambió su planteamiento. Craso error. Hubiesen matado la eliminatoria. Porque tenían jugadores para ello (Ballack, Lampard, Malouda, Anelka), porque eran superiores numéricamente y porque físicamente estaban intactos, mucho menos desgastados que los culés.

Sin embargo, no se dio así. Hiddink decidió replegarse del mismo modo. Sin buscar el balón. Secando, de manera espectacular y contundente, el juego bonito del Barça. El Chelsea con una propuesta de “antifútbol” mereció pasar, sí. Pero, esta vez, ganó la batalla el buen fútbol, el arte blaugrana. Sin merecimiento, porque no fueron capaces en 90 minutos de chutar a puerta ni de abrir la muralla blue, pero recurriendo a la épica. Así apareció en el minuto 93 el gol de Iniesta, tras un fallo en el despeje de Essien, el manchego, a pase de Messi, la mandó para dentro.

El Barça propuso. El Chelsea bloqueó. Cierto que ha sido el único equipo que a doble partido ha podido con los culés, el único que ha inquietado este año al Barça. El fútbol pragmático venció la partida al fútbol bonito, al romántico. Hasta que llegó el 93 e Iniesta. Justicia pensarán unos. Y, qué injusto es el fútbol pensarán por Londres. Sea como sea, el Barça estará en Roma. Y yo que me alegro.

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