Nkosi sikelele.

Cuando uno pensaba que el racismo, por fin, había desaparecido en Sudáfrica, al menos de manera institucional, me sorprendió el ver como en los dos partidos de los sudafricanos, la grada increpaba a Booth, central gigantón blanco, el único blanco, del equipo.

Fue una sorpresa, y una decepción. Entendía, en parte, el por qué de esa frustración de la hinchada, en su mayoría negra, contra el único blanco del equipo. Fueron muchos años de discriminación, de maltrato. Incluso a nivel deportivo se estableció una diferencia. El rugby y el cricket era el deporte de los blancos. El fútbol, de los negros. Era una intromisión por parte de los blancos el que Booth estuviera en el equipo. Yo lo justificaba así.

Sin embargo, para todos los mal pensados del mundo, la gran mayoría miembros de la prensa internacional, tan acertados ellos, nos llegó la noticia. No era un rugido de la hinchada contra él. Simplemente, Booth es un ídolo! El tío está casado con una negra, modelo eso sí, y según cuentan ha hecho mucho por la reconciliación entre razas y por acabar con el racismo.

Así que nada. Todo queda en un susto, y en Sudáfrica, los bafana bafana pueden seguir viviendo tranquilos, sin un apartheid que segregó a una buena parte de la población. Pueden cantar con orgullo, tanto blancos como negros, un himno, nkosi sikelele, que sirvió para reconciliar a dos grupos de personas, blancos y negros.

Agridulce.

La primera jornada deparó sensaciones muy distintas en función del grupo que se hubiera visto.

El grupo A fue lo más decepcionante y vergonzoso que se ha visto últimamente a nivel mundial. El partido inaugural, entre Sudáfrica e Iraq aborreció en grandes proporciones. Un ignorante, como yo, del fútbol asiático y africano, esperaba sorprenderse con el fútbol de estas dos selecciones. Y vaya sorpresa. Partido para echarse a dormir. No hubo nada a destacar, quizás el portero iraquí y los extremos sudafricanos. Nada de nada del tal delantero iraquí  y el mediocentro que había fichado el Twente. Decepcionaron. Les tocará lavar la imagen contra España, es decir, no perder por muchos.

De Nueva Zelanda nada que decir. Si nadie baja los brazos, el resultado podría haber sido un 10-0 tranquilamente. En que posición hubiese quedado la FIFA y su torneo si eso llega a ocurrir.

El grupo B sí que fue muy distinto. Dos partidazos, aunque no pude disfrutarlos enteramente. El mejor, el Egipto-Brasil. ¡Vaya con los faraones! Sería una lástima no verlos el año que viene en el Mundial. Esperemos que logren el pase, aunque se han complicado mucho la clasificación. Si no estuvieran allí, el fútbol no les haría la justicia que merecen, no hay que olvidar que han vencido en las dos últimas ediciones la Copa de África. Sea como sea, frente a Brasil dieron una lección de verticalidad. Podrían haber ganado, o como mínimo empatar, pero Brasil es Brasil. Sólo con un, como siempre, espectacular Kaká y un par de jugadas a balón parado les bastó para ganar. Los egipcios deberán mejorar la faceta defensiva del balón parado.

El Italia-EE.UU también dió emoción. Los estadounidenses se quedaron con un jugador menos. Altidore, el desaparecido jugador del Villarreal o Xerez, provocó un penalty, y la estrella, Donovan, lo enchufó. Estados Unidos estaba en el papel que se esperaba de ella, una selección con mucho oficio global y que no hubiese sorprendido de su victoria, no hay que olvidar que en 2002 fueron cuartofinalistas del Mundial frente a Alemania. Sin embargo, Italia es Italia. Si no hay sufrimiento, no es lo mismo. No pueden ganar holgados, o mejor dicho, con tranquilidad. Salió Rossi, el genio de la Vila, y lo solucionó todo con un trallazo imparable directo a la escuadra. Era el primer o segundo balón que tocaba. Abrió los ojos a todos los tiffosi que aún no lo conocían. El calcio italiano ya reclama a su nueva figura. Lo quieren en Italia. Nosotros queremos seguir disfrutándolo aquí. Pero si vienen Juve o Milan preguntando por él, no creo que Roig lo pueda aguantar.

Ahora viene la segunda jornada. Sudáfrica está obligada a ganar si quiere pasar a semifinales, incluso ganar de mucho. Iraq tratará de capear el temporal. Y, España, a pasearse una jornada más. El sorteo así lo estableció. La clave es saber cuantos caerán. Y disfrutar. Disfrutar de los Xavi, Silva, Fàbregas, Alonso, Villa, Torres, Cazorla, Riera, Mata, Ramos, Puyol, Casillas… hay tantos! Parece increíble que gente del nivel de Cesc o Silva puedan ser suplentes en esta selección.

En el otro lado, yo estimaba una sorpresa. Y casi se dió. Ahora, sin embargo, parece que el grupo podría quedar finiquitado a las primeras de cambio, a falta de una jornada. Mi aspirante a caer, Brasil, salvó el escollo de Egipto, y me da que salvará el de EE.UU con relativa tranquilidad. Veremos. Aquí seguiremos disfrutando de los egipcios, quienes pronosticó que jugarán a las mil maravillas contra Italia pero acabarán cayendo contra la azzurra, que hará poca cosa pero se llevará la victoria.

La hora de Africa.

El domingo comienza la Copa Confederaciones 2009. Un torneo sin mucha solera en el mundo del futbol. De hecho, aun no se sabe muy bien el por que de su existencia. Si hay un campeonato para cada continente y otro para todo el mundo, ¿que funcion tiene la Confecup?.

Bueno, sea como sea, el caso es que se disputa. Yo la entiendo como un preambulo, un preparativo de lo que nos deparara el Mundial 2010 de Sudafrica. Un preambulo al que el sorteo ha dejado dos grupos muy desequilibrados en cuanto a nivel.

El grupo de España no incita a la sorpresa. España estara en semifinales, Nueva Zelanda caera eliminada, y Sudafrica e Iraq se jugaran la segunda plaza. Ninguna de las tres tiene un buen nivel, Sudafrica, a priori, favorita para pasar, esta en horas bajas, no es la seleccion del 98 o el 02. A Iraq y Nueva Zelanda no las he visto, pero Iraq algo tendra si ha vencido en el continente asiatico.

El otro grupo posee nivel de Mundial, o mayor. Porque en el han caido dos cocos, Italia y Brasil. En teoria, deberan pasar. Pero ambas ofrecen dudas y sus dos compañeras, Egipto y USA son peligrosas, aunque parece que los faraones ahora llegan en horas bajas.

Sin sopresa esperada, el titulo ira a manos de España, Italia o Brasil. El aliciente deportivo es ver como reacciona España en los partidos frente a estas selecciones, especialmente frente a Brasil con la que no nos hemos visto las caras recientemente.

Dejando de lado el evento deportivo, la Confecup y el Mundial 2010 significan colocar en la primera plana de la escena mundial a Africa. Sudafrica, pais emergente como potencia a nivel mundial, tiene la tarea de abanderar el levantamiento de un continente hoy en dia a la deriva.

Para ello, primero deberan solucionar los problemas internos del pais, a la vez que solucionan los del resto del continente, tarea ardua donde las haya. Una vez superados los problemas del apartheid y el racismo, solucionar problemas como el del SIDA o la pobreza son hoy tarea esencial para este pais. La lucha contra las multinacionales farmaceuticas por las patentes fue una primera batalla, aunque perdida, fue un paso adelante.

A Sudafrica le toca luchar y levantar a un continente contra esas dos losas: SIDA y HAMBRE. Si el deporte ya sirvio para derribar el racismo en el pais sudafricano con anterioridad de la mano del factor humano de Nelson Mandela, hoy deben aprovechar su Mundial y su Confecup para levantarse. Es el turno de Africa.

 

*Faltan acentos. No funciona el teclado.

La delantera eléctrica.

delantera electrica

Con la llegada de Luis Casanova a la presidencia a comienzos de la década de los 40, comenzaba la primera edad de oro del valencianismo. Aquella que ha servido como pretexto de nuestros abuelos y padres para contar batallitas acerca de aquellos cinco jugadores míticos que conformaron la delantera eléctrica: Epi, Gorostiza, Amadeo, Asensi y Mundo.

La buena gestión de Luis Casanova no tardó en hacer efecto, demostrando el por qué está considerado el mejor presidente de la historia del club. Él se fue al norte y trajo a tres pilares indispensables del nuevo Valencia de los 40, al portero Eizaguirre y a Epi de la Real Sociedad, y a la bala roja, Gorostiza, del Athletic de Bilbao.

Los resultados de la nueva gestión no tardaron en hacer efecto. Era la temporada del 41 cuando el Valencia se alzó con su primer título nacional, la Copa. Se la venció al Español de Barcelona por un 3-1 tras una gran final en Chamartín. La delantera eléctrica ya daba sus frutos y eso que en la portería aún no había podido debutar Eizaguirre por declararlo la Real Sociedad en situación de rebeldía. Lo haría en el 42.

Pero la leyenda no sólo se forja con una Copa. En el 42, el Valencia CF sólo perdió cuatro partidos de liga, arrasando a sus rivales y electrocutando la portería contraria. La primera Liga de la historia valencianista caía en sus manos un mes de marzo del 42 tras una victoria nuevamente contra el Español.

El 43 fue un año decepcionante que dejó como única noticia salvable el fichaje de Pasieguito por el Valencia. Fue un frustrante año, pero en el 44 volvieron cargados de energía y se proclamaron campeones de Liga por segunda vez, quedando también subcampeones en Copa. Mundo y Eizaguirre se alzaron con los trofeos pichichi y zamora respectivamente.

Las temporadas 45 y 46 marcaron nuevas derrotas en las finales de Copa frente al Athletic. Además la 46 dejaba como dato para la historia la retirada de uno de los ejes de la delantera eléctrica, el veterano Gorostiza. Sin embargo, en la temporada siguiente llegaría un nuevo ídolo, el joven Puchades. Con la llegada de sangre nueva, la delantera eléctrica encabezada por Mundo daba sus últimos coletazos y lo hacía venciendo la Liga del 47. Era el tercer título liguero que iba a parar a las vitrinas de Mestalla.

El último título de esta década gloriosa cayó en el 49, con la obtención de la tercera Copa para el Valencia, esta vez frente al Athletic de Bilbao.

En el 49 se acaba la primera edad de oro del valencianismo. Aquella conformada por la delantera eléctrica y que había convertido al conjunto de la capital del Túria en un equipo ganador.

Dejaron en su haber 5 títulos nacionales, dos de ellos de Copa, la del 41 y la del 49, y tres de Liga, la del 42, 44 y 47. Además de dos sucampeonatos ligueros en el 48 y 49, y tres de Copa en el 44, 45 y 46.

La huella que dejaron Mundo, Amadeo, Epi, Gorostiza y Asensi en la historia del valencianismo y en la historia de la Liga con la denominación de la delantera eléctrica es imborrable. Por algo están considerados una de las mejores delanteras de la historia de la Liga, y por algo comenzaron a hacer andar a un grande de nuestro fútbol, al Valencia. A ellos se lo debemos.

Del campo de Algirós al de Mestalla.

foto-algiros

Corría el 7 de diciembre del 1919 cuando el Valencia CF inauguraba estadio propio: el camp d’Algirós.

No hacía ni un año que se acababa de fundar el club. Era un 5 de marzo del mismo año, 1919, cuando un grupo de amigos, reunidos en el bar Torino de la capital del Túria, decidían fundar un nuevo club, el Valencia Football Club.

Los años en Algirós fueron escasos y poco propicios. Fue la casa valencianista del 19 al 23. Durante esas temporadas el Valencia disputó torneos regionales, consiguiendo su primer título y el momento culmen de aquella fase en la temporada del 23, venciendo el campeonato regional.

Ese mismo año, el 16 de enero de 1923 se producía otro acontecimiento histórico: el VFC compraba unos terrenos cercanos a la acequía de Mestalla, solucionando así los problemas surgidos con el aumento del número de hinchas que acudían a ver jugar al conjunto valencianista.

Un partido entre los dos grandes de la ciudad, Levante y Valencia, sirvió para inaugurar el nuevo estadio de Mestalla. Con capacidad para 17.000 espectadores, Mestalla pasaba a ser la nueva parroquia ché desde el 20 de mayo de 1923.

A partir de dicha fecha, el Valencia se profesionalizó y llegaron los frutos. Tras unas temporadas de transición, en 1929 comenzaba la andadura del Valencia en el campeonato profesional, quedando encuadrado en la división de plata. Allí estuvo hasta la temporada del 1931, en la que lograba el ansiado ascenso a primera división. El Valencia había marcado un punto sin retorno, al menos de momento.

En 1934 la parroquía valencianista viviría su primer desplazamiento masivo. Aquel año en Montjuic se disputaba la final de Copa. El Valencia había llegado a ella derrotando a históricos equipos, ilusionando a su afición. En la final, enfrentado al Real Madrid de Zamora, y pese a adelantarse en el marcador, acabó por claudicar con un 2-1 final.

Fue un acontecimiento histórico, el Valencia comenzaba a andar entre los grandes. Pero en el 36 llegó la guerra, y todo se apagó. Fueron años belicosos en los que el Valencia se mantuvo activo gracias a la Liga del Mediterráneo. Durante estas fechas vivió un nuevo acontecimiento histórico: la final de la Copa del Mediterráneo. Nuevamente el Valencia no pudo alzarse con el título. Su rival, el Levante, conseguía su primer y único título de su historia, arrebatando así al Valencia la gloria de las copas.

Con el fin de la guerra, comenzó la reconstrucción de un país, y con ella, la reconstrucción del fútbol. Mestalla no había sido una excepción y había quedado arrasado durante la guerra. En dicha reconstrucción, se aumentó el aforo del estadio, pasó a albergar 22.000 espectadores.

Entre tanto, el Valencia Footbal Club, pasaba a denominarse, por orden del fascista y nacionalista Franco, Valencia Club de Fútbol. Comenzaba una nueva época para los valencianista, una época alumbrada en la década de los 40 por la delantera eléctrica.

Día D.

Hoy es el día más importante para dos grandes de la división de plata del fútbol español. Se juegan su futuro, literalmente y sobre todo desde el lado vitoriano, dos conjuntos históricos como son el Celta de Vigo y el Alavés.

Uno de los dos, muy posiblemente, salvo que se meta en el lío el Las Palmas, descenderá. Es una mala noticia para el fútbol nacional, pero es así.

El Celta, no se sabe muy bien como acabo aquí. Harto de ser un equipo ascensor, desde la temporade del 92 pareció encaminarse firmemente a su consolidación en Primera. Con Txetxu Rojo en los banquillos y gente en el terreno de juego como Gudelj, Berges, Ratkovic, Engonga, Otero, Andrijasevic, Patxi Salinas o Cañizares, el Celta “debutó” en los años 90 llegando a una final de Copa, la del 94, y demostrando que tenía mucho de qué hablar.

Con esas llegó Horacio Gómez y por poco no descienden administrativamente a Segunda B. Horacio tuvo unos inicio titubeantes con las temporadas de Carlos Aimar y Castro Santos. El club había vendido a todas sus figuras y sólo habían llegado jugadores de segundo escalón, a excepción de gente que luego destacaría nacionalmente como Prats o Juán Sánchez, o un goleador que no brilló como Milojevic.

La llegada de Irureta, y la posterior de Víctor Fernández, junto con los fichajes de unas cuantas estrellas, el Celta vivió su época dorada. Aquella con la que yo crecí. Aquella en la que el Celta practicaba el mejor fútbol de la Liga. Durante ese tiempo, con Horacio Gómez, vistieron la camiseta celesta ni más ni menos que gente como Mazinho, Karpin, Mostovoi, Dutruel, Djorovic, Revivo, Salgado, Ito, Penev, Boban, Tomás, Pinto o Makélélé.

Obviamente, también hubo ventas. Gente como Sánchez, Penev o Salgado fueron traspasados. Pero llegaron jugadores también importantes como Giovanella, Gustavo López, Velasco, Juanfran o Celades.

Esta época dorada, acabó de manera gloriosa para el Celta de Lotina jugando, ni más ni menos, que la Champions League. Lamentablemente, dicho entrenador acabaría desterrando a la División de Plata al Celta.

Desde ahí, volvieron los tiempos de equipo ascensor. Alternando temporadas en primera y segunda. Gente como Baiano, Silva, Oubiña o Cannobio brindaron alegrías en su vuelta. Pero poco duró. Un nuevo descenso se consumó, y hasta hoy.

Hoy, se juega el descenso de categoría. A Segunda B. Sería un palo muy gordo. De los que cuesta levantarse. Ahí está la imagen del Oviedo, por ejemplo. Enfrente tendrá a un equipo que como ellos, se juega mucho, el Alavés.

El Alavés perdura en mi memoria desde aquella gesta espectacular que protagonizó en el 2001 de la mano de Mané.

El Alavés que yo recuerdo es aquel repleto de gladiadores. Aquel que casi tumbó a todo un Liverpool en la final de la UEFA del 2001. De la mano del pequeño pero muy grande Mané, aquellos gladiadores, Herrera, Contra, Geli, Karmona, Desio, Magno, Jordi Cruyff, ‘Pulpo’ Astudillo, Javi Moreno, Iván Alonso, Tomic o Begoña hicieron historia. Más cuando perdían por 2-0 a los 10 minutos de partido.

Fueron sus años grandes. Aquellos en los que era un equipo húmilde pero aguerrido y peleón. Que disputaba de tú a tú a los grandes. El mejor Alavés.

Luego, para entristecer el cuento, llegó el malo: Piterman. Consumó el descenso y tumbó al Alavés. Se fué él, llegaron los concursales y los malos resultados, la debilidad del Alavés. Un Alavés que se juega el descenso, y no sólo eso, sino su futuro esta tarde.

Será un partido dramático. Hay mucho en juego. Con todos los respetos, no es un Eibar-Sevilla Atlético jugándose el descenso. Estos son dos grandes que hoy juegan con la historia. Suerte a ambos.

Historia de una desgracia.

Cuentan los entendidos, los viejos sabios del fútbol, que hubo un equipo en la década de los 40 a los que nadie parecía plantarles batalla. Un equipo que destrozaba a sus rivales a golpe de buen fútbol y calidad.

Todo se había gestado a inicios de los 40, en plena guerra, cuando Ferruccio Novo, presidente del Toro, “robó” del Venezia sus dos grandes estrellas: Mazzola y Loik.

En 1943 la cosa comenzó a dar sus frutos, y el Torino se llevó el scudetto. La doble invasión sufrida por Italia en el 44 dejo sin torneo al país transalpino. Pero con la vuelta de la competición en el 46, volvió el equipo al que se conocería como el Gran Torino.

Cuentan los sabios que el Gran Torino sólo jugaba con dos centrales. Una filosofía clara con vistas a la puerta contraria. Ataque y ataque. Fue la premisa que llevó a marcar uno de los ciclo de oro del calcio italiano. Cuatro títulos consecutivos (46,47,48,49), cinco si contamos el del 43, forjaron la leyenda.

Nadie podía con ellos, ningún rival les batió. Pero un 4 de mayo de 1949 llegó la tragedia. Un enemigo al que no pudieron hacer frente: el destino. El destino hizo que el avión con trimotor Fiat que trasladaba al mítico equipo se estrellara en la basílica de Superga a 20 km. de Torino. Curiosamente, por poco no subió a ese avión un joven exiliado del Este al que el Toro había rechazado llamado Kubala. Aquello fue una tragedia. La muerte del buen fútbol.

Cuenta Enric González, en un artículo publicado en El País, que era tal la influencia de aquel equipo, que posiblemente si no hubiese sido por aquel fatídico accidente, el cattenacio nunca hubiese existido, pues hay que recordar que el Gran Torino formaba el bloque de la Italia que debía disputar el Mundial del 50, y del cuál era la gran favorita. Mundial que tuvo que afrontar con un equipo de circunstancias y agarrándose a la defensa y a la estrategia para tratar de hacer un buen papel (cattenacio). Filosofía que, desde entonces, impregnó al fútbol italiano.

Cuenta González, que probablemente nunca hubiese existido Maracanazo en el 50, porque la Italia del Gran Torino hubiese arrasado. Cuenta también que de no haber sido por el destino, la gran Juventus, propiedad de los Agnelli, jamás hubiese existido con tan gran fuerza, pues precisamente aprovechó el vacío dejado por el Gran Toro para alzarse con la supremacía en la ciudad y en el país.

Por si fuera poco, la tragedia del equipo grana no acabó ahí. Tras la pérdida del Gran Torino, en 1967 la emergene estrella nacional, Gigi Meroni, la farfalla granata, y estrella del Torino, estaba llamado a reencarnar la vuelta al poder del Torino. Cuentan que era un tipo extrovertido al que se amaba y odiaba en la misma proporción. Sin embargo, nada de eso tendría que ver con su muerte. A la salida de un partido, y con 24 años, Gigi Meroni fue atropellado accidentalmente y mortalmente por un joven de 18 años admirador suyo. Fue otro terrible suceso. Una desgracia más para la historia de un club que de eso sabía ya mucho. Sobra decir que no hubo resurrección del Torino.

Aquel joven depresivo y que jamás supo superar aquel atropello de su gran ídolo, se llamaba Attilio Romero. Curiosidades del destino, 22 años después de aquello, en 1999, Attilio se convirtió en presidente del Toro. Quizás en su obsesión por devolver la grandeza robada, Attilio quisó hacer un Torino grande, sin embargo, gastó más de lo que poseía y el equipo sólo supo encadenar ascensos con descensos. Además de una ruina económica.

En el 2005 y como última desgracia, el Toro tuvo la mala suerte de caer en las manos de un ex-asesor personal de Silvio Berlusconi, Urbano Cairo. Un mafioso de poca monta con aires de grandeza. Obviamente no supo gestionar el negocio. Bailó a los entrenadores provocando una de las circunstancias más cómicas jamás vista y es que encadenó hasta tres técnicos en dos etapas distintas de manera consecutiva.

Todo esto, esta historia de desgracias, viene a cuento de la punta del iceberg contra la que estrelló el Torino el pasado domingo. Un nuevo descenso hacia la serie B. La última desgracia en la historia de un equipo sufridor. Un equipo que hace justo 60 años era todo esplendor y gloria. Pero llegó Superga. Se fue Meroni. Vino Attilio. Y cayó Cairo. El Toro es la desgracia hecha equipo de fútbol.