Día D.

Hoy es el día más importante para dos grandes de la división de plata del fútbol español. Se juegan su futuro, literalmente y sobre todo desde el lado vitoriano, dos conjuntos históricos como son el Celta de Vigo y el Alavés.

Uno de los dos, muy posiblemente, salvo que se meta en el lío el Las Palmas, descenderá. Es una mala noticia para el fútbol nacional, pero es así.

El Celta, no se sabe muy bien como acabo aquí. Harto de ser un equipo ascensor, desde la temporade del 92 pareció encaminarse firmemente a su consolidación en Primera. Con Txetxu Rojo en los banquillos y gente en el terreno de juego como Gudelj, Berges, Ratkovic, Engonga, Otero, Andrijasevic, Patxi Salinas o Cañizares, el Celta “debutó” en los años 90 llegando a una final de Copa, la del 94, y demostrando que tenía mucho de qué hablar.

Con esas llegó Horacio Gómez y por poco no descienden administrativamente a Segunda B. Horacio tuvo unos inicio titubeantes con las temporadas de Carlos Aimar y Castro Santos. El club había vendido a todas sus figuras y sólo habían llegado jugadores de segundo escalón, a excepción de gente que luego destacaría nacionalmente como Prats o Juán Sánchez, o un goleador que no brilló como Milojevic.

La llegada de Irureta, y la posterior de Víctor Fernández, junto con los fichajes de unas cuantas estrellas, el Celta vivió su época dorada. Aquella con la que yo crecí. Aquella en la que el Celta practicaba el mejor fútbol de la Liga. Durante ese tiempo, con Horacio Gómez, vistieron la camiseta celesta ni más ni menos que gente como Mazinho, Karpin, Mostovoi, Dutruel, Djorovic, Revivo, Salgado, Ito, Penev, Boban, Tomás, Pinto o Makélélé.

Obviamente, también hubo ventas. Gente como Sánchez, Penev o Salgado fueron traspasados. Pero llegaron jugadores también importantes como Giovanella, Gustavo López, Velasco, Juanfran o Celades.

Esta época dorada, acabó de manera gloriosa para el Celta de Lotina jugando, ni más ni menos, que la Champions League. Lamentablemente, dicho entrenador acabaría desterrando a la División de Plata al Celta.

Desde ahí, volvieron los tiempos de equipo ascensor. Alternando temporadas en primera y segunda. Gente como Baiano, Silva, Oubiña o Cannobio brindaron alegrías en su vuelta. Pero poco duró. Un nuevo descenso se consumó, y hasta hoy.

Hoy, se juega el descenso de categoría. A Segunda B. Sería un palo muy gordo. De los que cuesta levantarse. Ahí está la imagen del Oviedo, por ejemplo. Enfrente tendrá a un equipo que como ellos, se juega mucho, el Alavés.

El Alavés perdura en mi memoria desde aquella gesta espectacular que protagonizó en el 2001 de la mano de Mané.

El Alavés que yo recuerdo es aquel repleto de gladiadores. Aquel que casi tumbó a todo un Liverpool en la final de la UEFA del 2001. De la mano del pequeño pero muy grande Mané, aquellos gladiadores, Herrera, Contra, Geli, Karmona, Desio, Magno, Jordi Cruyff, ‘Pulpo’ Astudillo, Javi Moreno, Iván Alonso, Tomic o Begoña hicieron historia. Más cuando perdían por 2-0 a los 10 minutos de partido.

Fueron sus años grandes. Aquellos en los que era un equipo húmilde pero aguerrido y peleón. Que disputaba de tú a tú a los grandes. El mejor Alavés.

Luego, para entristecer el cuento, llegó el malo: Piterman. Consumó el descenso y tumbó al Alavés. Se fué él, llegaron los concursales y los malos resultados, la debilidad del Alavés. Un Alavés que se juega el descenso, y no sólo eso, sino su futuro esta tarde.

Será un partido dramático. Hay mucho en juego. Con todos los respetos, no es un Eibar-Sevilla Atlético jugándose el descenso. Estos son dos grandes que hoy juegan con la historia. Suerte a ambos.

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