Cabezón.

El fútbol jamás le hizo justicia. Ni cuando cogió a un equipo aterrizado en Primera división y lo llevó a una final de Copa y otra de Recopa. Tampoco cuando cogió a un novato en Europa y lo metió en dos finales de Copa de Europa consecutivas. Tampoco fue así cuando acarició el scudetto. Y no hablemos de la prensa y de los expertos en esto, criticando su fútbol, su ultraje. 

Hablamos de Héctor Cúper, el ‘Cabezón’. Argentino con ideas italianas. Debió pensar cuando comenzó a entrenar que la casa no se empezaba por el tejado. Su idea clara siempre fue la misma, primero tener orden atrás y defender, encajar el mínimo de goles, luego ya vendrán los nuestros. Quizás esto le venía de su pasado como central en su etapa futbolística.

Su palmarés en títulos levantados es irrisorio. Ahora, en subcampeonatos la cosa cambia. Ahí vence a todos. Ya comenzó así en Argentina, quedando subcampeón con Huracán en su liga. Con Lanús obtiene algún título menor. Y, luego, llega a España. Al Mallorca lo sumerge en su mejor época. Allí lo idolatran. Dijéramos que la isla es el reducto paradisíaco de Héctor, y no es para menos. Con él y aquellos fantásticos Dani, Stankovic, Roa, Engonga, Campo, Siviero, Mena o Ibagaza alcanzaron una final de Copa que prorrogaron hasta los penalties frente al Barça. Perdió. Igual que perdió un año después frente a la todopoderosa Lazio de aquel entonces, en la final de Recopa.

El ‘Cabezón’ se decidió por venir a Valencia. Sustituía a Ranieri en el banquillo. Su paso por la ciudad del Turia, no pudo ser mejor. Bueno sí, si hubiese traído algún título aparte del de la Supercopa de España. Pero, de todas formas, su etapa fue de sobresaliente. Regular y con oficio en liga, espectacular en Europa. Glasgow, PSV, Bayern, Fiorentina, Girondins, Lazio, Barça, Panathinaikos, Sturm Graz, Olympiakos, Lyon, Arsenal y Leeds. Todos mordieron el polvo. Dos finales consecutivas. Un hito en la historia de este club. Un Madrid galáctico, y una tanda de penalties frente al Bayern, lo apartaron de la gloria.

Con tal currículum de segundón, el Inter creyó que era su entrenador idóneo. Estaban hechos el uno al otro. Los eternos segundones. Y la cosa resultó como se esperaba. Un tercer puesto, y un subcampeonato. Cúper alcanzó, acarició el scudetto. El hambre histórica de vencer títulos del Internazionale, acabó por guillotinarle.

Cúper es un gran entrenador. Así lo atestigua su currículum. Siempre ha funcionado. Levantó al Mallorca. Engrandeció al Valencia. Fué quién más cerca tuvo el scudetto con el Inter. Sin embargo, nunca hubo un título. Siempre salió por la puerte de atrás, excepto en la isla. En algunos casos, Betis o Parma, con merecimiento. En otros, Valencia e Inter, no tanto. Él siempre ha sido un segundón. De todas maneras, uno de mis entrenadores fetiche. Un grande.

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