Bobo.

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Christian Vieri ha sido un jugador atípico. Se le podría considerar el mejor 9 puro que ha dado el fútbol en los últimos años. En el caso italiano, no hay duda, ha sido el mejor. Su ausencia, aún se nota en la azzurra, no han cubierto su hueco los Iaquinta, Gilardino o Luca Toni. Lo extraño del caso, es que Vieri, ese rematador nato, ha jugado en la friolera cifra de 13 equipos.

Prato, Torino, Pisa, Ravenna, Venezia, Atalanta, Juventus, Atlético de Madrid, Lazio, Inter, Milan, Mónaco, Atalanta bis, Fiorentina y Atalanta bis. Viajar ha viajado lo suyo. Lo raro es que no se aposentará, no echara raíces en ninguna parte, teniendo en cuenta su calidad, claro está. Las malas voces hablan de su fuerte carácter como detonante de esa aversión suya a mantenerse firme en un lugar.

El prestigio internacional le cogió con 24 años. Es decir, no era una promesa. No es un caso tan extremo como el de Luca Toni, pero tampoco es comparable al de Benzema. En el 97 lo firmó la Vecchia Signora, y allí se lució. Enchufó 20 goles, suficiente razón para que Jesús Gil lo fichará. Su paso por España fue efímero, pero fructífero. Una sola campaña, pichichi. Marcó 24 goles y, para no variar, se marchó levantando una polvareda espectacular cuando a punto de terminarse el plazo de mercado estival, hizo las maletas y se fue a la Lazio, dejando sin tiempo de reacción al Atleti.

En la Lazio, una potencia en aquel entonces, volvió a hacer goles y volvió a hacer las maletas al año de llegar. Ahora con destino al Inter de Moratti. Allí se asentó. Fue capocannonieri del campeonato. Hizo infinidad de goles. Pero, como siempre, salió por la puerta de atrás. Y además, en dirección al equipo vecino, el Milan.

Al Bobo, le recordamos como un killer puro. Un tío de área. Gran rematador de cabeza y con una zurda efectiva a más no poder. Podía pegarle extremadamente bien o extremadamente mal, ya fuera rozando la pelota, llevándose medio metro de césped al golpear el balón o podía tropezarse y mientras caía rematar de mala manera, fuera como fuera, el balón acababa dentro de la red. Vieri era un grande. Uno de los mejores delanteros que he visto. Tengo en mi retina, no sé por qué, un gol frente a Ecuador en el mundial 2002 en el que en carrera se marchó del central, tropezando éste, y en dos ocasiones lanzó a portería consiguiendo en la segunda intentona el gol. Es una jugada definitoria de él. Un incansable explorador del gol. Lástima que aquel gigantón con alma de rebelde olvidará su olfato goleador al salir del Inter. Se convirtió en lo que es hoy, un tipo alto, de anchos hombros, tosco, al que parece que las rodillas le pueden flaquear de un momento a otro. Le ha llegado la hora de decir adiós. Pero en el recuerdo ha dejado cantidad de goles, de todos los colores.

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