Éver.

ever

Llegó con polémica en un año ya de por sí polémico. Aterrizó en pleno terremoto. Quique había sido destituido. El sargento Koema quisó poner orden y le estalló una rebelión que ya no pudo controlar. La Copa llegó, pero el club casi descendió. No era momento para darle la alternativa a una joven promesa que había ganado prácticamente él sólo el mundial con Argentina.

La cesión al Atleti tampoco fue de lo más afortunado. ¿Al Atleti? Para eso, nos lo quedamos nosotros. Año desperdiciado. Y, por fin, volvió y se reencontró con su fútbol. Éver ha sido el mejor, junto a Villa, del arranque liguero. Es el cerebro del equipo. Marca el ritmo. Ayuda tener como compinches a Mata, Pablo, Silva o Villa. Pero el Valencia lo necesita. Baraja ya no es aquel que nos dió una Liga. Es un jugador castigado por el paso de los años. Un jugador destinado a dar minutos de refresco al titular. Y ese titular es Éver. Lástima que desde el banquillo no se sepa muy bien a qué jugar. Este Valencia es equipo Champions.

El gat i la palmera.

Era sábado. El reloj marcaba las seis de la tarde. Tarde soleada con nubes. Estadio desangelado. Con esas, saltaban los once gladiadores al Ciutat de València. Allí estaban los Reina, Cendrós, Ballesteros, Pallardó, Iborra, Xisco, Rubén o Javi Guerra. Enfrente, el Murcia. Un equipo hecho a base de talón. Gente de caché para la división de plata. Natalio, Pere Martí, Albiol, Pereyra, Mejías, Bea, Óscar Sánchez y demás, alternado todo con jóvenes de la cantera de una gran proyección, caso Aquino o Kike.

El partido comenzó, y se vió al mejor Levante de los últimos años. Espectacular. Xisco hizo saltar a los cuatro que habían acudido al estadio con un cañonazo desde casi mitad de campo. Era el 1-0. Y el Levante aguantó el tirón. Tocaba y presionaba. Javi Guerra con un poco de fortuna hizo el 2-0. La cosa rodaba bien. Tan bien, que se pudo matar el partido con un mano a mano de Guerra con Elía del que salió victorioso Juantxo. Descanso.

¿Y luego? Déjà vu. Volvió el espíritu del día del Xerez. O el de los recientes Villarreal y Cádiz. La consigna de Luís García fue defender y defender. Posicionarse atrás y dejar menos espacios al rival. Mala elección. El Murcia con la calidad que se le presupone más la frescura del ‘Torito’ Aquino desmontó el tinglado en un abrir y cerrar de ojos. También colaboró la infantil expulsión de Pallardó. El caso es que te queda la sensación de que hay equipo para creérselo y luchar. Pero no así. Jugando de esta manera, jamás habrá problemas con la permanencia pero, difícilmente, el gat tornarà a pujar a la palmera.