Lo excelso del fútbol.

El Real Madrid es un equipo hecho para ser campeón. Así lo atestigüan los 300 kilos que se dejó este verano el papi Florentino. Sin embargo, hoy por hoy, y mientras el fútbol aguante (en Can Barça), creo que el Real Madrid, haciendo un símil baloncestístico o ciclista, no va ser otra cosa que un gigante lleno de amargura, al estilo Malone y Stockton (vs Jordan), o Bugno y Chiapucci (Indurain), o el propio Ullrich (Armstrong). Un gigante que no encuentra su recompensa: la de ser campeón.

Ahora, la prensa (madrileña) se encargará, dentro de su labor kamikaze, de deslegitimar a un gran entrenador como es el “Ingeniero” Pellegrini. Un hombre que lo había, antes de ayer, ganado todo en el Bernabéu. Tenía números de récord. Pero faltaba por llegar a tierras madrileñas el Barça de Pep, y bien que lo hizo.

El planteamiento inicial fue extraño, con Dani Alves de extremo. El Barça no parecía coordinar bien, tampoco ayudaba la asfixiante presión del Madrid. Unos y otros habían caído en una batalla táctica, donde el balón no acababa de rodar todo lo fluido que uno quisiera. Cristiano e Higuaín no aparecían. Xavi y Messi…. tampoco, pero cuando aparecieron… letales. “Tócala otra vez, Sam” le decía, antaño, desde su cabina el gran Andrés Montes. No es para menos, cuando Xavi la toca, algo pasa, inventa, crea, hace magia. Sus ojos parecen verlo todo, se conoce todos los espacios, todas las posibles líneas, y siempre (o casi) encuentra la fractura. Y eso que ayer la defensa del Real fue una roca. Pero salió lo sublime, la marca de la casa de este equipo que para muchos es de lo mejor de la historia. Pase genial, definición mortal. Xavi y Messi.

La segunda parte cambió. Guardiola volvió a alinear a Alves en el lateral derecho, y subió a Maxwell al extremo, un hombre menos visceral en ataque que su compatriota. La jugada le salió muy bien, y el Madrid lo notó. El Barça parecía ya tener más ritmo. En cambio, al Madrid le ardía la pelota en sus pies. El tiki-taka acabó con otra genialidad de maestro de Xavi, en compañía del, ayer, “ejecutor” Pedro. Fue irónico, esperaron a la gran cita para lanzarles, a todos aquellos que denunciaban la Messidependencia, un buen bofetón. Una vez más, el colectivo (y no la individualidad) se impuso. Y dentro del colectivo, Xavi es el jefe.

Después vino un querer y no poder del Madrid, que se topó con un, como siempre, sensacional Valdés. Casillas también arruinó alguna que otra ofensiva culé. El 0-2 ya parecía definitivo. Un resultado que sentencia (para mí) la Liga. Dos partidos quedando siete, es un tanto utópico siendo el Barça tu rival. En definitiva, me quedo con las palabras de Messi al final del partido, “Messi no es mejor que Cristiano, el Barça es mejor que el Madrid”. El Barça es un conjunto de CRACKS mundiales, pero que encima juegan colectivamente como nadie. Son, por tanto, imparables. El Madrid, en cambio, tiene un juego colectivo correcto, con un bloque compenetrado, pero que depende, y mucho, de las individualidades de Cristiano e Higuaín.

Hay que decir, eso sí, que los del Madrid no son tan “malos” como lo parecieron ayer. Y los del Barça tampoco, aunque suene a güasa. Pep reservó, ahorró y jugó pensando en Champions, porque ellos van a por todo. El Madrid ha intentando emular durante todo el año a un equipo sublime, detallista, elegante. Y eso era misión imposible, era cuestión de tiempo que las cartas se pusieran sobre la mesa y los faroles desaparecieran. En definitiva, y con todos los respetos, Xabi no es Xavi, ni Cristiano es Messi.

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