Blaugrana es el color

Quién nos lo iba a decir. A falta de cuatro partidos, estamos con 65 puntos, igualados con el primero, la Real Sociedad (que ayer cayó contra el Betis), y a cuatro puntos de salir del descenso. Eso sí, la lista de candidatos a ascenso es larga y extensa: Hércules, Betis y Cartagena tienen 61 puntos, Elche 60. No se permíten despistes. Hay que darlo todo sin que se nos nuble la mente. Sería una lástima desperdiciarlo todo ahora que está tan cerca.

El entrenador del Cartagena lo definió de una manera un tanto erróneo, pero con un poso de verdad, cuando dijo que les habíamos ganado “sin hacer nada”. Pues claro, hombre! ¿Todavía estamos así? Es vox populi que el Levante es un equipo rocoso, solidario y disciplinado, cuya poción mágica no es otra que la humildad, la entrega de todos y cada uno de los jugadores por la causa defensiva. Nos sentimos muy a gusto defendiendo, pero atacando, el Levante no es de los malos, y a los números me remito. Su capacidad para solventar partidos es espectacular. Hay, por mucho que digan los demás, pólvora ahí arriba.

Puede que nos falte un toque de poesía a nuestro juego, pero eso ya es rizar el rizo. Tal y como estamos hoy es para estar satisfechos. Nos quedan dos finales en casa que hay que ganar como sean. Ni Rayo ni Castellón podrán decir que han sacado algo positivo del Ciutat. Y ya por pedir, pido ganar en Irún e ir a Sevilla sin necesidad de jugarse nada. Es pedir demasiado. Sufriremos hasta el último segundo. En Primera o en Segunda, la temporada del Llevant es de chapeau.

No se hizo justicia con el Ingeniero

Desde que llegó, siempre me pareció uno de los mejores entrenadores de la Liga, dentro del top5 siempre. Su Villarreal era un equipo sublime, de esos que enamora. Un equipo al que te gustaba seguir (también porque estaba en sus filas un jugadorazo como Riquelme). En esos años buenos, sólo los separó de la gloria (una final de Champions League, casi res) un penalty errado por Román frente al Arsenal en los últimos minutos. Tampoco aquel día se le hizo justicia a Mauricio Pellegrini.

Su salida de Villarreal me sorprendió. Lo veía como el Wenger de los groguets, sentado muchos años en el banquillo, sabiendo que era el líder, el que manejaba el cotarro, sin presión alguna y con proyecto de largo plazo para trabajar tranquilo. Pero no, el chileno arriesgó y se marchó a un banquillo caliente como el del Real Madrid, con un Robespierre de presidente, y un director deportivo que siempre lo alabó en lo privado pero nunca lo defendió en lo público. Desde el primer día, lo ví sentenciado (salvo premio gordo, es decir, doblete o triplete). En la Liga, yo intuía que no había que hacer por mucho talonario que superfloren sacará a relucir. Este Barça es sencillamente espectacular. La Champions, es la Champions. Puede pasar de todo (de hecho, el nuevo aclamado en la casa blanca, Mourinho, cayó el año pasado en octavos del mismo torneo al que ha llegado ahora a la final). Y la Copa, ahí sí que les daba puntos para la victoria, pero saltó el Alcorconazo. Un rídiculo histórico, cierto. Un rídiculo que lo sentenció allá por el mes de Noviembre, salvo doblete histórico.

El caso es que las exigencias para continuar dirigiendo el banquillo eran inconseguibles, utópicas. Ni el mejor entrenador del mundo lo hubiese realizado. Aún ganando la Copa, el torneo más factible de todos, Pellegrini hubiese ido a la calle. De todos modos, en esa sensacional rueda de prensa final, el chileno se despidió con una espinita clavada, recordándole a todos (tanto prensa como aficionados como directivos) que el que venga, tiene que hacer muy buenos números para superar los suyos (96 puntos, 102 goles, 18 victorias en el Bernabéu). Sólo le faltó el imposible, vencer al Barça. Yo creo que no se le hace justicia. Creo que, una vez más, el Madrid vuelve a equivocarse por los impulsos de un enanito, Florentino, que los llevará de nuevo, ya lo verán, a esos años grisáceos que no hace tanto, para alegría mía, vivía el madridismo. Craso error encomendarse a ese aspirante a Berlusconi. Pellegrini, ellos no te hicieron justicia, pero la memoria del aficionado al fútbol sí te la hará. Uno de los más grandes.

Tostonazo

Pueso eso. Váya tostón la final de anoche que nos brindaron el Atlético de Madrid y el Fulham londinense. Una auténtica castaña de partido, sin ningún aliciente, más alla de ver si el Atleti perdía, en su seguimiento. Dejó mucho que desear. Cierto es que el Fulham no es un equipo hecho para hacer florituras ni mucho menos, pero yo recuerdo una final similar entre Alavés y Liverpool en la que los vitorianos por poco engulen al gigante inglés.

Sólo me alegro por dos hombres. Éstos son Quique (echado de aquí con malas formas, propio de Juan Soler), y Forlán, un auténtico genio del gol (pese a que en el segundo tuvo su porción de fortuna). Hubo, por desgracia, prórroga, de esas que en lugar de carcomerte por dentro, te van aletargando minuciosamente. Más allá de en el colchonero de a pie, la pasión y el entusiasmo por ver un partido de estas características no llegó a ningún aficionado. Sin embargo, dirán los entendidos que lo verdaderamente importante es el resultado final. No les falta razón. Ganó el Atleti, de una manera rancia y farragosa. Volvéis a ser un grande de Europa (nótese la ironía).

Puede ser su noche

Cuando desde Madrid andan en plena campaña desestabilizadora, atormentando a los jugadores del Barça con presuntos escandalos… “homosexuales”, tergiversando palabras de Guardiola, acusando a Xavi de jugar en su equipo lesionado para renunciar a la selección, encumbrando a supuestas estrellas (tipo Navas y Fabiano) afirmando de ellas que serán los jueces de la Liga. Cuando todo eso sucede, yo me fijo en un futbolista exquisito, en un tanque sueco de más de 1.90, que haciendo una temporada floja o mediocre, como la ha tildado más de uno, lleva aproximadamente unos 20 goles.

El sueco se siente humillado, indignado, irritado. Se ha sido injusto con él. Dicen que está fuera de órbita, que no está en la onda culé, un gigante de barro. Pero yo, en la línea bufonera que impera hoy en día, tengo un pálpito. Hoy es el día de Zlatan Ibrahimovic. El día de reconciliarse con su propio orgullo, de hacer algo importante. De decirle a Pep que él es mejor que Bojan (quien le está ganando terreno a pasos agigantados). Marcar el gol que signifique una Liga no es cualquier cosa. Y ese gol, creo que no lo hará ni Messi, ni Pedro, ni Xavi. Ahí estará el gigante. Tengo un pálpito. Y de paso, tapar la boca de todos aquellos papanatas que igual que lanzan a cualquier mediocre al estrellato, hunden a hombres consolidados con la misma velocidad. La de tonterías que se han dicho esta semana del sueco. Se le ve herido, pero con ganas de rugir. Que comience el espectáculo.

El niñato sigue sin rendirse

Que Cristiano Ronaldo es un niñato irritante, ególatra y chulesco, no lo duda nadie. Pero que es un pedazo y sensacional futbolista, tampoco lo cuestiona nadie en su sano juicio. Tiene una virtud que, hoy por hoy, le hace superior al resto: su potente físico. Otro debate es el de que será de Cristiano dentro de 7 o 8 años cuando el cuerpo ya no de lo mismo. Pero bueno, a lo que vamos. El Madrid iba a un campo complicado como es Son Moix. Empezó perdiendo, y de eso que me alegré. Sin embargo, al descanso acabaron en tablas.

Debo reconocer que la primera parte no la vi del todo (la Roma captaba mi atención). Pero ahí estuve en la segunda para comprobar el show de Cristiano. Y es que fue eso. Lo enigmático del asunto, para un aficionado medio, es comprender como el Real Madrid, con tan poco, y digo tan poco en comparativa a la delicia y exquisitez que atresora el Barça, puede plantarle cara a estas alturas de temporada con una barbarie de puntos. Es chocante e incomprensible. Habrá quién diga que la explicación es simple: talonario. Pero ahí las cosas fallas, porque dos de los mercenarios mejor pagados de esta temporada, como son Kaká y Benzema, han fracasado. Los que han cumplido son los Albiol, Arbeloa y Xabi Alonso. Buenos jugadores, pero no capaces de aguantar ese nivel futbolístico. Yo, la única explicación que le encuentro es Cristiano. Su talento individual, su poder para salvar partidos (a la par que Casillas). Alguien que es capaz, él solito en compañía de alguien más que se apunte (tipo Higuaín, Xabi, Granero, etc.), de destrozar a un rival. Y es que el Madrid no tiene un estilo de juego muy bien definido. Simplemente va a ráfagas. Se maneja impulsivamente, y ahí Cristiano, cuando arranca, hace daño al rival. El Danny Zuko de la liga no quiere perder comba. Se resiste. Y eso lo aplaudemos los aficionados que queremos emoción hasta el final. Aunque, eso sí, espero un final justo con el fútbol, un final que le de el triunfo al que se lo merece, a un Barça estratosférico, ejemplar.

En otro orden de cosas, la derrota del Mallocar supuso la entrada, en tercer lugar, del Valencia para la Champions de la temporada que viene. Dos temporadas sin estar entre los mejores de Europa ya nos hacía daño a los aficionados. El Valencia, actualmente, por plantilla y calidad debe estar. Y ahí que estaremos. En una temporada notable, en la que podríamos, que no lo haremos, llegar a los 74 puntos. Casi nada. Eso lleva consigo la ya anunciada renovación de Unai. El mejor entrenador que hay, hoy por hoy, para entrenar al Valencia. Sólo se le puede achacar una cosa: la ausencia de mano dura. Mayor disciplina, desde el día del entrene hasta el del partido. Hay que ganar en solidez defensiva. Si fueramos capaces de hacerlo, podríamos dar alguna alegría en forma de título a nuestro palmarés.

Ce ne andiamo a Madrid

No lo recordaba. Fue haciendo zapping, mientras me asqueaba de los partidos de Racing y Valladolid, cuando me topé en Canal+ Fútbol con la joya del día: la finale di Coppa italiana. Un Inter-Roma que es este año algo así como lo del Madrid y Barça en España (al menos, éstos han dejado la Copa de migajas).

Fue un partido bronco y copero, que se suele decir. Un partido igualado, pese a la irritante retransmisión de, paradójicamente, dos grande de ello como son Sixto M. Serrano y Maldini. Un partido debe ser tratado con mayor objetividad, por mucho que sean de fuera. Ellos apuntaron que la Roma sólo hizo que pegar, lo cuál es cierto. Pero hablando en niveles generales, la distancia entre unos y otros no fue excesiva. Hablando claro, el Inter no le dio ningún baño anoche a la Roma. De hecho, más allá de la individualidad, y el golazo que supuso, del Principe Milito, y disparos esporádicos de Ballotelli, no le recuerdo nada más a los neroazzurri en ataque. Por otro lado, la Roma tuvo las suyas, que fueron pocas, pero que tal vez si Julio César no hubiese sacado una mano salvadora, estaríamos hablando de otra cosa.

En los minutos finales la tensión y los nervios palpables durante todo el partido hicieron mella con mayor intensidad. El cansancio, la rabia por perder en tu ciudad y frente a tu gente, y la frustración de comprobar que el Inter parece que no le dejará ningún trofeo que alzar, provocaron agresiones y situaciones impropias de un club señor como es la Roma. Paradigmático fue lo de Totti, un ídolo, propinando sendos toquecitos (a Motta y Ballotelli) a la cabeza de éstos con su pie, o una brutal y alevosa (como dijo Sixto) entrada por detrás a Mario. En definitiva, que el Inter ganó. Maquiavelo ya tiene un título, y sus tiffosi parecían clamarle más con esa pancarta que decía “Che cosa vogliamo? Vogliamo tutti“. Puede haber triplete histórico, y de eso que me alegro por un club tan sufridor como el Inter. Aunque ayer yo iba con la Roma, no me disgustó ver como sonaba ese himno de Amala, pazza Inter amala! al tiempo que lo coreaban sus tiffosi, y sus grandes jugadores. Unos jugadores que también avisaron de sus intenciones entre gritos, jolgorio y bailes, al canturrear aquello de “ce ne andiamo a Madrid, ce ne andiamo a Madrid!!”. Es el grito de guerra. Es su año. Falta muy poco para culminar el sueño, un, hasta hace poco, utópico triplete.

 

Cuestión de fe

Si alguien nos hubiese dicho, a principios de temporada, que el Levante iba a estar a estas alturas de temporada, es decir, restando sólo siete partidos de Liga, segundo y con 58 puntos, a cuatro del Betis y a dos del Hércules (y de salirnos del ascenso), le hubiésemos, fácilmente, tomado por un pirado.

Todos teníamos el gusanillo en el cuerpo. Había pólvora, gente como Xisco, Juanlu o Rubén. Sin embargo, por presupuesto y calidad, no se nos presuponía ahí arriba. No se tuvo en cuenta, por parte de nadie (salvo de ellos mismos), una variable muy importante: la ilusión. La ilusión del colectivo. Era una cuestión de fe. Los gladiadores de Luís García lo creyeron, veían posible el ascenso, y así lo hicieron ver desde el primer minuto de la temporada. Ellos son los que han enganchado a que el levantinismo arropara con casi once mil personas el domingo pasado al equipo frente al Hércules, cuando a comienzos de temporada no eramos más que cuatro mil en el día bueno de la afición.

Hay ilusión, mucha. También esperanza. Y fe, ante todo fe. Yo creo en este equipo, en estos jugadores, en este entrenador. No se si el Levante acabará subiendo (es muy difícil), lo que sí está claro es que lo darán todo para que así sea. Quedan 7 encuentros, 7 finales. Yo creo que con unas cinco victorias se podría subir. La teoría es bonita, ahora falta la praxis. En casa nos quedan Albacete, Rayo y Castellón. El primero peligroso porque está jugando con fuego, los otros dos, salvo maletines de por medio (no Lopera?), vendrán más relajados. Fuera de casa es otro cantar. Recreativo, Cartagena, Real Unión y Betis. Dos aspirantes al ascenso, con enfrentamientos directos. Un equipo necesitado como el de Irún, y un partido, el más factible de todos, contra el Recre, que se juega bien poco, más allá del honor personal.

En definitiva, tenemos un mes y medio por delante de mucha ilusión. Una ilusión que lleva consigo el jolgorio, la felicidad a una afición que se lo merece, después de unos años de desencanto. Son días de patiment, de saber sufrir. Y quizás también, a última hora, de sueño desvanecido, de tristeza. Nunca se sabe. Lo que está claro, es que hay que darle las gracias a estos gladiadores por brindarnos la oportunidad de disfrutar, de sufrir, con una cosa tan bonita como el ascenso. Macho Llevant!