El Racing se va, abatido y malherido.

Dicen que el destino es caprichoso. Y también que en el mundo del fútbol, pocas veces se olvidan determinadas circunstancias. Sucedió un 9 de junio de 2007. Corría la jornada 37 del campeonato, y la Real Sociedad necesitaba la victoria como el comer. El partido, en Anoeta y frente al Racing, terminó con un 0-0 calamitoso que dejaba a los txuri urdin al borde del descenso, el cuál se consumaría, finalmente, una semana después en Mestalla. ¿A qué viene todo esto? Pues al penalti errado por Savio en los instantes finales del partido, y a cómo de exultante reaccionó un portero, Calatayud, que defendía los colores de un equipo, el cántabro, que ya nada se jugaba. Bien, pues tal acontecimiento viene a colación del partido de ayer. Jornada 36, Real Sociedad frente a Racing de Santander. Si los txuri urdin vencían, el equipo cántabro era carne de segunda. Y así fue. No habían olvidado aquella fea imagen de hace cinco temporadas, encargándose Griezmann de ejercer de verdugo. No hubo compasión, más bien satisfacción. Un ajuste de cuentas en toda regla que no deja de parecerme curioso.

En cualquier caso, venciera, empatara o perdiera, el Racing estaba sentenciado. Así, matemáticamente desde ayer, tendremos a un club centenario en la división de plata durante la próxima temporada. Para mí, un club histórico. Un clásico de la Liga al que me gustaría ver pronto, de nuevo, recorriendo la geografía española en la primera división. No hace mucho, en la 2009, teníamos al Racing codeándose en Europa. Pero, es evidente que las cosas se han hecho muy mal en Cantabria durante los últimos años. Sobrevivieron a Piterman (a diferencia del Alavés), pero el enredo institucional de Ali y demás personajes, tan estrambótico como chapucero, ha derivado en una mala gestión deportiva que, viendo el nivel de sus competidores, no podría deparar otro destino que no fuese el descenso. 

Al Racing no le queda otra que levantarse. No puede dejarse llevar. Tiene los mimbres necesarios para volver al lugar que le corresponde. Por afición, por historia y por cantera. Tan sólo le queda acertar en la gestión, tanto deportiva como económica. Ahí tienen el espejo del Levante, un equipo que, no hace tanto, estaba terminal y que ahora se permite el lujo de luchar por competiciones europeas en una Liga de tanto nivel. Suerte al Racing en tan dura travesía.

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La maltrecha rodilla de Canales.

Tan sólo cinco partidos. Es el tiempo que ha podido aguantar la rodilla derecha de Sergio Canales antes de volver a hacer crack. Mala fortuna para un tipo que comenzaba, en apenas dos encuentros (Betis y Atlético), a demostrar la clase de jugador que puede llegar a ser.

Jordi Candel, médico del Valencia, asegura que el cántabro podrá volver a pisar un terreno de juego rindiendo a pleno nivel. Su futuro, parece haber querido decir, está garantizado. Con dichas palabras seguro que más de uno ha suspirado de alivio, pues no hace falta ser un visionario para comprender que Canales, junto con Isco y Muniain, debe formar parte integrante de la futura línea de tres cuartos de la selección española. Por no hablar de la parroquia ché, la cual había encontrado en el ’16’ esa pizca de ilusión y magia que tanto añoran desde la salida de Silva y Mata con dirección a Inglaterra.

La talentosa zurda de Canales deberá esperar, al menos hasta octubre, para poder impartir lecciones de fútbol en esta espectacular Liga. El Valencia necesita de su clase, de su pegada, de su pase definitorio y de su visión de juego para, en compañía de gente como Parejo, Soldado, Feghouli o Banega, moldear un proyecto de equipo grande, de equipo campeón.  

Pep Guardiola y su eterno legado.

Han sido cuatro años de gozoso espectáculo. Cabe darle las gracias a Pep Guardiola por el trabajo hecho durante este tiempo en Barcelona. Nadie lo olvidará. Probablemente, ha conseguido ingeniar el mejor equipo de la historia. Y eso que todo nacía en medio de la agitación social e institucional en Can Barça, pues la gloria de los chicos de Rijkaard ya estaba venida a menos, y el conjunto blaugrana se había perdido en un maremagnum de éxito, apatía y falta de ambición. Lo arregló Guardiola con un par de pinceladas: toque y cantera. En esencia, ésa ha sido su filosofía a lo largo de sus cuatro temporadas al cargo del primer equipo. Como hombre de club que es, y criado, futbolísticamente hablando, en pleno esplendor del cruyffismo, la receta no podía ser otra.

Su primera temporada fue la que más me ha calado. Un lujo guardado en la retina del aficionado medio. Un cambio transgresor de mentalidad, al que acompañó un éxito demoledor. Parecía estar loco cuando decidió quitar galones a gente como Ronaldinho, Deco o Eto’o en pro de los jugadores que, al parecer, ya no valían (Xavi o Iniesta). Poco le costó sustituir figuras internacionales por jugadores de la casa, y yo siempre me quedaré con la grata sorpresa de ver cómo jugaban Busquets y Pedrito, recién subidos de tercera división, durante aquel septiembre de 2008. La temporada 08/09 fue colosal, abrumadora (Liga, Champions, Copa, Supercopas y Mundial de clubes). Una obra de arte, una maravilla. El gol de Iniesta en Stamford Bridge, el 2-6 en el Bernabéu o las felices lágrimas de Guardiola, en Abu Dabhi, justo después de derrotar a Estudiantes en la final del Mundialito, son las expresiones más significativas de una temporada de ensueño. 

Un 28 de mayo de 2009 escribí en este mismo blog que “el Barça había conseguido la hazaña. Esa que no había en el palmarés de ningún equipo nacional. Tres de tres. Copa, Liga y Champions. 4-1 al Athletic en la final de Copa, un 2-6 al Madrid en la “final” de la Liga, y ahora un 2-0 a una de las potencias europeas en la final, no olvidemos, de la Champions League. Temporada para la historia. Algunos lo califican como el mejor equipo de la historia. Pudiera ser”. Ahora pasado el tiempo, y viendo la obtención continua de todos los registros que se han puesto a su alcance (victorias, goles, títulos, galardones), sí puedo afirmar que es el mejor equipo que yo haya visto hasta la fecha.

Pep, y sus jugadores, han marcado un ciclo y una época. El Imperi, además, no se ha desmoronado. Ahí siguen los cimientos, con o sin Guardiola, para seguir construyendo una etapa de éxitos. El tiempo lo dirá, pero una cosa siempre quedará, y es la  imagen de “aquel equipo que sin levantar la voz, aplastó y conquistó a todos sus rivales. Un equipo para la historia del fútbol, del buen fútbol”. Al menos, todavía nos resta por disfrutar con un partido que, paradójicamente, ha supuesto tanto el inicio como el final de Guardiola en el banquillo culé: la final de Copa del Rey frente al Athletic de Bilbao de Bielsa. Una oda al fútbol puro.

Múnich en el horizonte.

Martes, 24 de abril. Fecha en la que se inicia la vuelta de las semifinales de la competición más laureada, bonita y carismática de cuantas conoce este deporte: la Copa de Europa, ahora renombrada Champions League. Dos plazas para la final de Múnich, y cuatro equipazos como aspirantes: Barcelona, Chelsea, Bayern y Madrid. Ahí es nada.

El equipo de la ciudad condal se juega mucho. Ayer, en la rueda de prensa, se vio a Pep relajado, tratando de transmitir buenas sensaciones a sus jugadores con tal de que la ansiedad no se apodere de ellos en su envite frente a los blues. Hay mucha gente aguardando, hacha en mano, a que el Imperi blaugrana se desmorone. Y un nombre en mayúsculas aparece: Guardiola. Van a por él. Y no es de extrañar. El Barcelona está cumpliendo un ciclo exitoso y voraz. Si nos ceñimos a los trofeos “grandes”, esta ha sido su cosecha: 08/09: Liga, Champions y Copa. 09/10: Liga. 10/11: Liga y Champions. La Liga, siempre se ha dicho, es la prueba del algodón. Es la competición que designa al equipo más regular y constante, al mejor. Y por ahí, este año, Guardiola ha fallado. Pero atentos, no caigamos en el error de pensar que el Barcelona está muerto. Es cierto que anda tocado, pero todavía tiene que jugar una final de Copa, y una semis de Champions esta tarde-noche. Puede hacer un doblete espectacular, histórico. Como siempre pasa en estos casos, el Barcelona es víctima de sus propios éxitos. Anda un tanto desdibujado, pero yo no me atrevería a darlos por muertos. Es más, creo que el ciclo campeón de este Barça puede hacer historia, por duración y calidad de acontecimientos. Aún le queda mucho combustible en el depósito. El tiempo lo dirá.

El Real Madrid, por su parte, asume estas semifinales en una posición, anímicamente hablando, superior. Acaban de vencer en el Camp Nou, y tienen la Liga, después de tres temporadas de sequía (y humillación), atada. Conseguir ese mágico doblete (Liga y Champions) es el sueño húmedo de Florentino, quien se ha dejado llevar, durante este tiempo, por el terremoto que acompaña al Presidente de facto de esta institución capitolina: José Mourinho. No ha puesto, hablo de Floren, límites ni orden. Es más, se permitió el lujo de borrar del mapa a su mano derecha: Jorge Valdano, un hombre de fútbol y de club. El método maquiavélico de José (el fin justifica los medios) se ha apoderado de la “Casa Blanca” desde el techo hasta los cimientos. Mañana, el portugués y su banda se juegan buena parte de su prestigio. Sí, la Liga está bien, pero nadie puede esconder que el objetivo número uno de los blancos es la orejona. Si no la ganan, no terminarán del todo satisfechos esta temporada.

Frente a ellos, dos equipos de alto nivel: Chelsea y Bayern. Los blues van a desplegar, una vez más, su potente arsenal defensivo, confiando así su destino al músculo y la disciplina. Además, se encomiendan a su poderoso y veloz contraataque para “matar” la eliminatoria. Equipo peligroso donde los haya, el antídoto para el juego, tan dulzón y parsimonioso como criminal, de los blaugrana. A Pep le espera otra versión más del popular catenaccio, esta vez en manos de Di Matteo. En el polo opuesto están los alemanes. Un equipo con un arsenal ofensivo temerario. Gente como Robben, Ribery, Mario Gómez, Muller o Schweinsteiger pueden aguarle la fiesta al Madrid. No obstante, en la ida, ambos (alemanes y españoles) decepcionaron. Espero, esta vez, un partido bonito, alocado y espectacular. En fin, semifinales de Champions. 

De caza mayor.

El Levante, desde hace más de un año, funciona como un reloj suizo. Es decir, a la perfección. La segunda vuelta de la temporada 10/11 con el maestro Luis García, un técnico diesel donde los haya, fue digna de elogio. La salida del hombre milagro provocó entre la hinchada blaugrana más de un temor, abriéndose así un mar de dudas acerca del futuro inmediato del equipo. ¿Estaba el Levante abocado al descenso? Repitiendo con el presupuesto más bajo de la categoría por segundo año consecutivo, la tarea de la salvación corría a cargo de un técnico que había demostrado, en la categoría de plata, tanta brillantez como irregularidad: Juan Ignacio Martínez (JIM).

Un hombre fundamental, como Manolo Salvador, no cambió de aires. Siguió puliendo la plantilla con los recursos escasos de que disponía. Se la jugó con Koné para la delantera, un tipo al que el fútbol parecía haber abandonado después de cuatro años de penurias e inclemencias. La misión, difícil, era sustituir a Felipao. Junto al marfileño llegaron futbolistas de contrastado oficio: Pedro López, Keylor Navas, Farinós o Barkero. También apuestas más arriesgadas como Cabral, El Zhar o Aranda (de largo, el mayor despropósito de la temporada de fichajes). Junto al de Faura, también seguía un tipo fundamental en el esquema blaugrana: Sergio Ballesteros. Auténtico líder del equipo, personificando la idiosincrasia de la afición granota. Un referente verdadero para el levantinismo.

Con estos mimbres, arrancaba la temporada. Espectacular inicio: dos empates, dando muestras de equipo rocoso, en Getafe y Santander. Una victoria histórica frente al Real Madrid, 1-0 como resultado final. Es decir, en aquel lejano 17 de septiembre, cuando el Madrid sucumbió rendido ante este pequeño gran equipo, ya se mostró el carácter, forjado a base de experiencia, veteranía y oficio, que iba a llevar al Levante a ocupar el liderato en esta bipolar Liga BBVA, y a mantenerse en puestos europeos durante buena parte de la temporada. El último recital lo brindó anoche en el Pizjuán. Empate con sabor a victoria, y un Munúa colosal que hizo justicia (no era penalty) al detener la pena máxima al ‘Tiburón’ Negredo.

¿Milagro? Ninguno. La receta es tan básica como lo son una magnífica defensa y un espléndido contragolpe. Atino de JIM, exceptuando algún que otro partido de locura, por haber sido pragmático, guardando en el cajón de sastre el libro de jogo bonito que traía consigo bajo el brazo cuando llegó de Cartagena. El once básico del Levante lo conocen al dedillo sus aficionados (y rivales). Portería, Munúa. Defensa de cuatro integrada por Venta (López) y Juanfran (Del Horno) en los laterales, Ballesteros y Nano/Cabral como centrales. Doble pívote conformado por la fabulosa dupla Iborra-Xavi Torres, alternándose el primero (más de lo que hubiera debido) con Farinós. Luego sigue una línea de 3/4 excepcional: Juanlu-Barkero-Valdo. Durante el mes de enero cayeron los tres a causa de las lesiones. Váya si lo notó el equipo. Y, para terminar, el inigualable Arouna Koné en la delantera.

Este es el Levante que tantas alegrías está brindando a su afición durante esta campaña. Equipo aguerrido y peleón. Está liderado desde atrás por el gigante Ballesteros. La labor de intendencia de Iborra (junto a Xavi) es digna de admiración. Y la zurda de Barkero ingenia contraataques precisos y eficaces, ejecutados ellos gracias a la verticalidad y disciplina ofensiva de Valdo y Juanlu. Sin olvidar a Koné, un tipo que además de goles y carisma, brinda a su equipo una entrega descomunal que sirve para oxigenar los pulmones y piernas de sus compañeros. Un solitario sin miedo de enfrentarse ante cualquier defensa que se precie. Estas son las piezas con las que cuenta JIM, y de momento la partida le está saliendo redonda. Todavía restan cuatro partidos, dos en casa (Granada, Athletic) y dos fuera (Zaragoza, Mallorca). Yo apuesto, sin miedo, a que este equipo será capaz de atrapar una pieza europea. Y aunque muchos todavía no se han percatado, el Levante está hambriento. Está de caza mayor (Champions).