Múnich en el horizonte.

Martes, 24 de abril. Fecha en la que se inicia la vuelta de las semifinales de la competición más laureada, bonita y carismática de cuantas conoce este deporte: la Copa de Europa, ahora renombrada Champions League. Dos plazas para la final de Múnich, y cuatro equipazos como aspirantes: Barcelona, Chelsea, Bayern y Madrid. Ahí es nada.

El equipo de la ciudad condal se juega mucho. Ayer, en la rueda de prensa, se vio a Pep relajado, tratando de transmitir buenas sensaciones a sus jugadores con tal de que la ansiedad no se apodere de ellos en su envite frente a los blues. Hay mucha gente aguardando, hacha en mano, a que el Imperi blaugrana se desmorone. Y un nombre en mayúsculas aparece: Guardiola. Van a por él. Y no es de extrañar. El Barcelona está cumpliendo un ciclo exitoso y voraz. Si nos ceñimos a los trofeos “grandes”, esta ha sido su cosecha: 08/09: Liga, Champions y Copa. 09/10: Liga. 10/11: Liga y Champions. La Liga, siempre se ha dicho, es la prueba del algodón. Es la competición que designa al equipo más regular y constante, al mejor. Y por ahí, este año, Guardiola ha fallado. Pero atentos, no caigamos en el error de pensar que el Barcelona está muerto. Es cierto que anda tocado, pero todavía tiene que jugar una final de Copa, y una semis de Champions esta tarde-noche. Puede hacer un doblete espectacular, histórico. Como siempre pasa en estos casos, el Barcelona es víctima de sus propios éxitos. Anda un tanto desdibujado, pero yo no me atrevería a darlos por muertos. Es más, creo que el ciclo campeón de este Barça puede hacer historia, por duración y calidad de acontecimientos. Aún le queda mucho combustible en el depósito. El tiempo lo dirá.

El Real Madrid, por su parte, asume estas semifinales en una posición, anímicamente hablando, superior. Acaban de vencer en el Camp Nou, y tienen la Liga, después de tres temporadas de sequía (y humillación), atada. Conseguir ese mágico doblete (Liga y Champions) es el sueño húmedo de Florentino, quien se ha dejado llevar, durante este tiempo, por el terremoto que acompaña al Presidente de facto de esta institución capitolina: José Mourinho. No ha puesto, hablo de Floren, límites ni orden. Es más, se permitió el lujo de borrar del mapa a su mano derecha: Jorge Valdano, un hombre de fútbol y de club. El método maquiavélico de José (el fin justifica los medios) se ha apoderado de la “Casa Blanca” desde el techo hasta los cimientos. Mañana, el portugués y su banda se juegan buena parte de su prestigio. Sí, la Liga está bien, pero nadie puede esconder que el objetivo número uno de los blancos es la orejona. Si no la ganan, no terminarán del todo satisfechos esta temporada.

Frente a ellos, dos equipos de alto nivel: Chelsea y Bayern. Los blues van a desplegar, una vez más, su potente arsenal defensivo, confiando así su destino al músculo y la disciplina. Además, se encomiendan a su poderoso y veloz contraataque para “matar” la eliminatoria. Equipo peligroso donde los haya, el antídoto para el juego, tan dulzón y parsimonioso como criminal, de los blaugrana. A Pep le espera otra versión más del popular catenaccio, esta vez en manos de Di Matteo. En el polo opuesto están los alemanes. Un equipo con un arsenal ofensivo temerario. Gente como Robben, Ribery, Mario Gómez, Muller o Schweinsteiger pueden aguarle la fiesta al Madrid. No obstante, en la ida, ambos (alemanes y españoles) decepcionaron. Espero, esta vez, un partido bonito, alocado y espectacular. En fin, semifinales de Champions. 

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