Un equipo sideral.

Fue un partido único, memorable. La despedida de Guardiola no podía ser más completa, pues además de contar con un rival de altura, el entrañable Athletic, y de disponer de un marco incomparable (la final de Copa), la última propuesta futbolística fue sobresaliente. Un placer para los sentidos. Un equipo sideral que, en apenas veinticinco minutos, aplastó al rival, pues lo empequeñeció hasta límites insospechados. 

Cierto es que el Athletic no estuvo bien.  Dio la sensación de que el equipo jugaba cargado de ansiedad, precipitado y nervioso. Las bajas de Iturraspe y Ander fueron sensibles, pues lastraron un apartado fundamental en el juego de Bielsa: la posesión. Si andas errático y desconfiado, y enfrente tienes a un Barça extramotivado, la lógica indica que chocarás contra un muro infranqueable. La batalla en el medio del campo no tuvo color. De Marcos, colocado de mediocentro anoche, no apareció. Tampoco Javi Martínez conseguía sofocar tantos fuegos abiertos. Iniesta, Xavi y Busquets eran quienes mandaban. La defensa bilbaína estaba sobresaturada, pues no daba abasto para esquivar los latigazos de Messi y Pedro. Mientras, Llorente quedaba desamparado, acorralado por la temible sombra de Macherano. Tan sólo Muniain daba la sensación de poder cambiar el rumbo del partido a base de carácter y garra, pero tampoco se dio por ahí la salida. No era la noche del Bilbao, y Bielsa lo sabía, a pesar de encomendarse de un modo infructuoso, a la magia de Ander durante la segunda mitad. El partido ya se había decidido mucho antes. Un inicio demoledor, relampagueante, grandioso. Una oda al atrevimiento, a la verticalidad y al fútbol total, mostrado anoche de un modo casi espontáneo, natural. Todo eso que le ha faltado a los cules durante esta temporada, apareció en su máxima expresión en el Calderón. 

Enraizando su discurso táctico en el cruyffismo, y bebiendo de las ricas fuentes que atesora la Masía, Guardiola ha conseguido dejar un legado que pasará a los anales de la historia del fútbol. Lejos queda aquella aleccionadora derrota en Los Pajaritos un 31 de agosto de 2008. Fue ahí donde comenzó a cimentarse esta monumental catedral blaugrana. Pep ha puesto el broche idóneo, y lo deja, su palmarés, en el mismo sitio que lo comenzó: en una final de Copa frente al Athletic. Un conjunto, el vasco, que tiene un margen de progresión enorme. Anoche fue hombres contra niños. Los De Marcos, Ibai, Muniain, Iturraspe, Ander, Susaeta e incluso Javi Martínez o Fernando Llorente todavía no han dicho su última palabra. El fútbol, ahora que se marcha Guardiola, agradecería la continuidad de Marcelo Bielsa.


Vuelve el Gran Torino.

El pasado domingo más de uno se alegro cuando leyó la prensa deportiva. El mítico Torino, después de tres temporadas de naufragio en la Serie B, volvía a la máxima categoría del calcio italiano. Era una prueba más de fe por parte del conjunto grana. Un nuevo obstáculo salvado.

La desgracia ha perseguido al Toro desde el año 1949. Fatídicos recuerdos sobrevuelan la cabeza de los aficionados más viejos del lugar. Fue el año en que el Gran Torino, equipo que había logrado cinco títulos de Liga consecutivos (43, 46, 47, 48, 49), pereció al estrellarse el avión trimotor que les trasladaba contra la Basílica de Superga. Hubo, en el plano humano, unos treinta muertos. Y en el plano deportivo una auténtica tragedia para los grana, y la azzurra. El mundial del 50 forjó la leyenda del cattenacio italiano (había pocos recursos), y comenzó el imperio de la Vecchia Signora, construido por los Agnelli, quiénes aprovecharon el vacío dejado por el Toro.

Ahí comenzó una andadura de infortunios, despropósitos y calamidades. Desde entonces, a sus aficionados no les queda otra que encomendarse al estoicismo. Caer y levantarse. Este ascenso sabe a gloria, y el malherido calcio lo agradece. Vuelve el derbi turinés. Vuelve un histórico, poseedor de siete Scudetto. La gente se alegra y lo celebra, pues no hay más que ver el ambiente que se vivió en el Stadio Grande (Olímpico de Turín) el pasado domingo para cerciorarse de que al Toro todavía le queda recorrido.

Recopilación Liga 11/12.

1.- Real Madrid. 100 puntos. José Mourinho.

Incontestable su triunfo. No admite crítica. El Real Madrid ha sido justo campeón de este torneo. El técnico portugués ha conseguido vertebrar un equipo tan sólido en defensa como mortal en ataque. La pegada ofensiva del Madrid no admite comparación hoy en día. A ello ayuda tener entre sus filas a gente como Cristiano Ronaldo (el gol hecho persona), Di María (la electricidad), Benzema o Higuaín (los killers) y Ozil (el termómetro en ataque). Difícil hacerle un gol al Real Madrid, y más difícil todavía evitar que te los haga. Le faltaba vencer el envite moral con el Barça, y este año lo ha conseguido.

MVP: Cristiano Ronaldo.

Revelación: Sergio Ramos como central.

2.- Barcelona. 91 puntos. Pep Guardiola.

Temporadón, una vez más, del conjunto culé. Su problema ha sido tener como rival al Real Madrid. Si en las tres temporadas anteriores el discurso era justo el contrario, ahora se ha invertido. La elegancia de su juego no ha sido lo suficientemente poderosa esta temporada como para batir a un rival muy hambriento de títulos y sediento de venganza. Distintos pinchazos inusuales en el equipo de Pep les han mermado desde el inicio. Además, esta temporada ha faltado algo de chispa, de entusiasmo. El jolgorio que caracterizaba al fútbol total del Barça pareció terminarse frente al Santos, en aquélla mítica final. Messi ha sido demasiado protagonista, más de lo que hubiese debido, pues al final el colectivo ha terminado acusando tal dependencia. Con todo, ahí están los números: temporada de sobresaliente.

MVP: Messi.

Revelación: Isaac Cuenca.

3.- Valencia. 61 puntos. Unai Emery.

Notable campaña del conjunto ché. La sideral distancia con la dupla que ha ocupado las primeras posiciones (30 puntos con el Barça y 39 con Madrid) resta mérito al trabajo de Unai. El Valencia, especialmente en la segunda vuelta, ha estado demasiado endeble, irregular. Le ha faltado pujanza, entusiasmo y, sobre todo, constancia. Ha sido capaz de combinar partidos memorables como el de San Mamés con otros lamentales como el de la Rosaleda. Las lesiones de hombres clave como Canales o Banega también es cierto que han limitado el rendimiento del equipo. Con todo, sin levantar grandes ilusiones entre la parroquia ché, el técnico de Hondarribia y sus jugadores han conseguido un año más alcanzar el objetivo marcado: la tercera plaza.

MVP: Soldado.

Revelación: Feghouli.

4.- Málaga. 58 puntos. Manuel Pellegrini.

Equipo gustoso de ver. El técnico chileno siempre me ha parecido de lo mejor de la Liga (que se lo digan a Roig). Le ha costado, sobre todo en la primera vuelta, juntar bien las piezas y darle cohesión a este equipo. Muy flojo en defensa durante el primer tercio liguero, el conjunto boquerón ha ido de menos a más, progresando gracias a la pizarra del chileno y a la calidad de gente como Cazorla o Isco. Una temporada buena que admite mucho margen de mejora. Cuidado con la progresión de este equipo de cara a la campaña próxima, más aún teniendo en cuenta que son el tercer presupuesto de la Liga.

MVP: Cazorla y Toulalan.

Revelación: Isco.

5.- Atlético de Madrid. 56 puntos. Manzano / Simeone.

Irregular temporada del equipo colchonero. Con todo, le ha dado para ser quinto en el ejercicio liguero. Si no fuera por el título europeo, la campaña del Atleti sería desastrosa. Un equipo que cuenta con gente de la calidad de Falcao, Diego o Arda, debe estar obligatoriamente entre los cuatro primeros. Con Manzano la cosa se estaba poniendo fea, el equipo no sabía exactamente a qué jugaba. Llegó el Cholo y todo cambió. Le dio disciplina, garra y orden al equipo. Sumado a las individualidades ofensivas con las que cuenta, no era difícil ser quinto. Correcta temporada.

MVP: Falcao y Diego.

Revelación: Adrián.

6.- Levante. 55 puntos. Juan Ignacio Martínez.

Sobresaliente temporada del equipo humilde de la ciudad de Valencia. El trabajo de Luis García la campaña anterior había sido notable. JIM, astuto e inteligente, supo amoldar sus creencias y estilo a lo que aquí había. Conformaba así una versión mejorada del equipo rocoso y bien ordenado que fue el Levante de la segunda vuelta de la temporada anterior. Gente como Ballesteros, Valdo, Juanfran, Munúa o Juanlu han dignificado esta profesión. Curtidos en mil batallas, en el Levante han encontrado el clímax idóneo para dar un último gran recital. A ello también ha ayudado el bestial ejercicio que se ha marcado Koné, y la solidez que aporta una dupla de pivotes de gran porvenir: Iborra y Xavi Torres.

 MVP: Koné.

Revelación: Iborra (en franca progresión).

7.- Osasuna. 54 puntos. José Luis Mendilibar.

El míster del conjunto rojillo es una de mis debilidades. No acabo de entender por qué ningún “grande” (dígase Sevilla, Atlético o Valencia) le ha echado el guante encima. Quizás por su estrepitoso tránsito por tierras bilbaínas. El caso es que lo de Osasuna parece un amor correspondido. Dentro de los limitados recursos con que cuenta el equipo de Iruña, la temporada ha sido de sobresaliente. Mendilibar ha aprovechado las virtudes de este equipo, explotando la seña de identidad que siempre lo ha caracterizado: fútbol intenso, combativo y aguerrido. Ha sido difícil durante esta temporada, desde el punto de vista de los rivales, sacar algo positivo de el Sadar.

MVP: Raúl García.

Revelación: Andrés Fernández.

8.- Mallorca. 52 puntos. Laudrup / Caparrós.

Extraña temporada la del conjunto balear. Todo comenzó de manera convulsa. Su gran estrella, De Guzmán, se marchó en la jornada 3, dejando al equipo huérfano de su calidad y talento (por cierto, tornado mediocridad en Villarreal). A Laudrup, que ya venía mosqueado durante todo el verano con Serra Ferrer, no le gustó nada, por lo que el divorcio era más que evidente. Terminaron contratando el oficio que representa Caparrós (huido de su mala experiencia suiza en Neuchatel), y éste no falló. Con lo poco de que disponía, armó un equipo rocoso, hasta tal punto que del objetivo prioritario (salvarse de la quema) se pasó, a última hora, a luchar por obtener premio europeo. No ha podido ser, pero la temporada ha terminado siendo notable.

MVP: La pareja de centrales (Ramis y Chico/Nunes).

Revelación: Víctor Casadesús (ha dado un salto cualitativo esta temporada).

9.- Sevilla. 50 puntos. Marcelino / Míchel.

Fracaso absoluto y rotundo. No ha funcionado durante toda la temporada. Marcelino no dio jamás con la tecla. Equipo irregular y sin señas de identidad. La merma física de algunos jugadores (Kanouté, Escudé) se combinó con la baja forma de otros (Negredo, Rakitic). El resultado era de esperar. Llegó Míchel, junto a Reyes, tratando de ofrecer algo nuevo. Pero más allá de recuperar la mejor versión de Jesús Navas y el olfato goleador de Negredo, el Sevilla, colectivamente hablando, no mejoró. Así, las individualidades de los citados no han sido suficientes para salvar la temporada con una plaza europea.

MVP: Jesús Navas y Medel.

Revelación: Javi Varas.

10.- Athletic. 49 puntos. Marcelo Bielsa.

Para mí, el Bilbao ha sido la revelación de la temporada, que no de la Liga. Por ésta, el equipo ha andado con paso irregular y marchito. Demasiado tute para tan limitada rotación. El exceso de minutos ha pesado en las piernas de los jugadores. Así, han alternado momentos gloriosos (la ida en San Mamés frente al Barcelona) con otros no tan gratificantes. Les ha faltado ese punto de constancia que, probablemente, alcancen la temporada próxima. Esta plantilla huele a Champions. Con todo, un gusto verlos jugar. Notable.

MVP: Fernando Llorente.

Revelación: De Marcos.

11.- Getafe. 47 puntos. Luis García.

El técnico madrileño a mí me tiene prendado. El trabajo que hizo en el Levante fue sensacional. Esperaba algo más de su paso por Getafe, intuía que podía ser el equipo revelación. No ha sido así, aunque la temporada tampoco puede tildarse de negativa. Es un entrenador diésel. Sus proyectos (y temporadas) siempre van de menos a más. En cualquier caso, las lesiones no le han ayudado (sobre todo, Pedro León y Gavilán). Plantilla descompensada y con lagunas que finalmente ha encontrado su camino. Les ha faltado cierta regularidad para alcanzar algo más. En fin, no han sufrido para alcanzar la permanencia (aunque tampoco estaba en las quinielas del descenso). Rozando el notable.

MVP: Miku.

Revelación: Abdel Barrada (su primera vuelta).

12.- Real Sociedad. 47 puntos. Montanier.

Esperaba algo más de este equipo. No han sufrido para alcanzar la permanencia, pero a principios de temporada los incluía en la lista de posibles equipos revelación (junto a Espanyol, Sporting y Getafe). Finalmente tal honor ha ido a parar a manos de Levante, Osasuna y Mallorca. Buena plantilla a la que esta temporada, además, se han incorporado nuevos talentos (Illarramendi, Pardo, Iñigo Martínez). A los Zurutuza, Xabi Prieto, Vela y Griezzman, les ha faltado continuidad, y regularidad. Al técnico galo también le costó dar con la tecla. En fin, rozando el notable.

MVP: Vela.

Revelación: Illarramendi e Iñigo Martínez.

13.- Betis. 47 puntos. Pepe Mel.

El conjunto verdiblanco es uno de esos equipos a los que nunca está de más ver jugar. Proponen algo vistoso, bonito. El estilo propuesto por su técnico es atrevido, descarado. Gente como Beñat, Salva Sevilla o Rubén Castro han tratado de plasmar las ideas del míster en el terreno de juego. Les faltan más recursos para alcanzar cotas mayores, pero aun así la temporada novel (después del ascenso), a pesar de la irregularidad constante que han mostrado, ha sido de notable. Este Betis con paciencia y trabajo bien hecho puede dar mucho que hablar en el futuro. Veremos.

MVP: Beñat y Rubén Castro.

Revelación: Cañas.

14.- Espanyol. 46 puntos. Mauricio Pochettino.

Otro caso similar al Betis. Me gusta ver jugar al conjunto perico. El trabajo que está haciendo Pochettino, dentro de los limitados recursos disponibles, es poco menos que excepcional. La afición anda inquieta, con ambiente crispado. No terminó de entenderlo. Cierto es que el final de temporada, con Europa a su alcance, ha sido lamentable. Pero bien, cabe tener en cuenta la precocidad de esta plantilla. La duda es si hay un proyecto bien definido o no. El tiempo lo dirá. Con trabajo bien hecho, lo dicho, darán que hablar.

MVP: Verdú.

Revelación: Dídac Vilà.

15.- Rayo Vallecano. 43 puntos. Sandoval.

A falta de cinco minutos para que concluyera la última jornada, el Rayo era equipo de Segunda. Sin embargo, apareció Tamudo por allí para solventar la papeleta. No merecía descender. Junto al Levante, es el equipo con mayor carestía económica de la Liga. Por tanto, al César lo que es del César. Por la falta de recursos, la temporada se les ha hecho interminable. No obstante, alcanzar la permanencia, y además jugando bonito a fútbol, es sinónimo de temporadón en Vallecas.

MVP: Michu.

Revelación: Lass Bangoura.

16.- Zaragoza. 43 puntos. ‘Vasco’ Aguirre / Manolo Jiménez.

Equipo defenestrado allá por enero. Era carne de cañón. Una mala planificación deportiva, con una plantilla tremendamente descompensada, y un clima social convulso, parecían presagiar al Zaragoza un futuro incierto. Sin embargo, Manolo Jiménez, un técnico excepcional que inexplicablemente fue apeado del proyecto sevillista, cogió las riendas del equipo y le dio un vuelco a la situación. También ayudó a la tarea el colosal Roberto Jiménez. Siempre quedará el mal sabor de boca de los últimos dos encuentros, frente a Racing y Getafe. Pero bien, el Zaragoza es de Primera.

MVP: Roberto Jiménez.

Revelación: Ninguna.

17.- Granada. 42 puntos. Fabri / Abel Resino.

Equipo con oficio que se ha visto con la soga al cuello hasta el último suspiro. Partía con una ventaja deportiva brindada por un presupuesto más goloso que el resto de sus contrincantes por la permanencia. Se fichó gente de calidad. Ahí están los Martins, Uche, Moisés Hurtado o Yebda para atestiguarlo. Sin embargo, algo no funcionó. Probablemente, la mala decisión de mantener en el cargo a Fabri para este proyecto en Primera. Con todo, ni fichajes estrellas ni cuentos chinos. Los que han salvado al Graná del descenso han sido los mismos que lo ascendieron. Correcta temporada.

MVP: Siqueira.

Revelación: Fran Rico (hasta donde le respetaron las lesiones).

18.- Villarreal. 41 puntos. Garrido / Molina / Lotina.

Muy malas decisiones se han tomado durante esta temporada en Villarreal. Apretándose el cinturón vendieron a su jugador franquicia, Cazorla. Sin embargo, los fichajes que llegaron para suplirle no fueron los acertados. Daba la sensación de que había una mala planificación detrás de esa plantilla. Demasiado descompensada (una delantera tremenda unidad a una endeble defensa). Las lesiones tampoco les respetaron. Poco a poco, el equipo fue cayendo en una espiral negativa, repleta de nervios, ansiedad y precipitación (también en los despachos, vaya show con los entrenadores) de la que ya no supo salir. Una lástima.

MVP: Borja Valero.

Revelación: Marco Ruben (confirma que es un notable delantero).

19.- Sporting. 37 puntos. Preciado / Clemente.

Inesperado descenso el del Gijón, la verdad. Llevaba una dinámica positiva hasta esta temporada, en franca progresión desde que ascendió. Gente joven y con hambre, ahí están los De las Cuevas, Lora, Cases, Botía o Canella, que me hacían prever una temporada esplendida para los de Mareo (incluso les veía luchando por plaza europea). Lamentablemente no fue así. Los fichajes no dieron el salto de calidad que se esperaba, y los que ya estaban en lugar de progresas, menguaron su rendimiento. La destitución de Preciado tampoco fue oportuna, y el nombre de su recambio totalmente desatinado. Como el Villarreal, entraron en una espiral negativa de la que ya no supieron salir.

MVP: Lora y De las Cuevas.

Revelación: Ninguna.

20.- Racing. 27 puntos. Héctor Cúper / Juanjo / Álvaro Cervera.

Una lástima la temporada del conjunto cántabro. Cúper conformo un equipo rocoso, disciplinado. Sin embargo, los resultados no llegaban. Su sustituto, Juanjo, siguió esa línea introduciendo ciertas variantes positivas (Bernardo, Stuani). El equipo parecía, dentro de sus limitaciones, funcionar. Sin embargo, inexplicablemente fue destituido. Daba la sensación de que el entorno, plenamente convulso, no estaba ayudando al Racing. Así fue. La llegada de Álvaro no mejoró, sino que empeoró el bloque que habían confeccionado Cúper y Juanjo. Lamentable tramo final.

MVP: Pape Diop.

Revelación: Jairo y Bernardo.

Europa a ritmo de blues.

Europa se mueve a ritmo de blues. El Chelsea se ha graduado como máximo campeón continental. La Liga de Campeones, nostálgica Copa de Europa, tan anhelada por el multimillonario Roman Abramovich desde 2003 (fecha en que compró el club), por fin brillará en las vitrinas de los londinenses. Las estadísticas, y las supersticiones, jugaban a favor de los de Di Matteo. Primero, en Múnich siempre se estrena campeón. Así fue con el Nottingham (1979), OM (1993) y Borussia Dortmund (97). Y segundo, el anfitrión nunca vence el torneo. Ahí lo tienen, creencias insensatas, pero cumplidas.

No fue un partido bonito de ver para el espectador. Más bien, lo contrario. Esperaba un partido abierto, intenso y vibrante. Erré en la predicción. Di Matteo no arriesgó nada, incluso sorprendió dejando fuera a Malouda para meter en el once inicial a Bertrand, un rookie que ejerció de interior izquierdo siendo su posición de origen el lateral. Los blues se replegaron atrás, bien ordenados y sin ninguna concesión defensiva. El ataque se lo encomendaban a Didier Drogba, tan bestial anoche como casi siempre. Mientras, el Bayern jugó a lo suyo: atacar. El mítico Jupp Heynckes ya afirmó que este equipo no sabe jugar a otra cosa. Si no se amedrentó en el Bernabéu, no lo iba a hacer frente al Chelsea, y más jugando como local. El equipo bávaro buscó el gol con tanta insistencia como desatino. No fue la noche de Robben, tampoco la de Mario Gómez. Las tímidas incursiones de Ribéry, muy maniatado por la defensa londinese, tan sólo arañaban las vestiduras de la defensa blue. La talentosa dupla que conformaba el centro del campo de los locales, Schweinsteiger y Kroos, no consiguió hacer funcionar al equipo, agobiada por, entre otros, el tremendo trabajo de un sensacional Obi Mikel. Fue Thomas Müller el único que acechó con verdadero peligro la portería del inmutable Petr Cech, hasta que en el minuto 83 conseguía anotar el primer tanto de la noche.

Apenas quedaban diez minutos para el final del encuentro. Estaba hecho, y Jupp decidía cambiar a Müller por Van Buyten para amortiguar el bombardeo aéreo que se les iba a venir encima. ¿La realidad? El Chelsea es un equipo tremendamente eficiente, soberbio en el aspecto de la pegada. Diría que ha sido el mejor equipo de Europa en eso, en aprovechar las pocas ocasiones de que dispone para hacer un gol. ¿La otra realidad? Pues que el Bayern va camino de convertirse en el “pupas” europeo. Después de la debacle de Barcelona 99, ayer hubo algo de esto también. En el minuto 87, en el primer córner que lanzaban los blues, encajaban el tanto del empate, apenas cuatro minutos después de haberse avanzado en el marcador. Tanto esfuerzo, tanta insistencia, para nada. Fue un mazazo tremendo. No obstante, en la prórroga levantaron el ánimo. Y la tuvieron, pues un infantil error de Drogba (cometiendo un absurdo penalti), les daba la oportunidad soñada. Probablemente, si conseguían anotar la pena máxima, la Orejona no se les iba a escapar. Ahí estaban, Robben frente a Cech. Ganó el checo. El Bayern cimentaba así la leyenda del pupas europeo. El Chelsea se encomendó a la frescura y electricidad del Niño, pero no bastó.

Lo que anoche se vio en el Allianz Arena fue un auténtico choque de estilos que no podía saldarse de otra forma que no fuera en una tanda de penalties. Neuer frente a Cech. Dos guardametas que encogen la portería hasta el punto de angustiar al lanzador. Y las malditas supersticiones sobrevolando Múnich. El final estaba claro, sólo podía levantar la Orejona el conjunto afincado en Londres. El factor suerte lo tuvo anoche a su favor el Chelsea. El equipo alemán, por su parte, jugó con el factor desgracia. Fueron superiores los bávaros, pero se empotraron ante unos imperiales Drogba y Cech (aún errando en el gol de Müller). Con todo, uno tiene la sensación de que el Bayern sabrá levantarse de ésta. Perdieron hace dos años una final, y ahora caen lastimosamente en ésta. Sin embargo, me niego a creer que gente como Schweinsteiger, Müller o Kroos no tengan el carácter suficiente como para, tarde o temprano, conquistar Europa. Anoche, seguro, aprendieron una lección más para alcanzar el objetivo máximo.

Las feroces críticas que han azotado el coco de Di Matteo y sus jugadores durante estos meses, acusados de desplegar un fútbol rácano, tosco y nada vistoso, se acallaron anoche. Lo dijo Mourinho recientemente, al fútbol no se juega sólo de una manera (en referencia al elegante estilo culé), pues hay más caminos hacia la victoria. Además, hubo algo de justicia poética anoche en Múnich. Dirán lo que dirán, pero gente como Lampard, Terry, Cech o Drogba merecían alzarse con el preciado título que durante años y años se les había resistido. Creo que ayer asistimos felizmente a su último recital. Mítico Chelsea.   

La Vieja Europa nos aguarda.

Han sido 102 años de espera. Se escribe tan pronto como se dice, pero a uno todavía le cuesta hacerse a la idea. Detrás de tan larga trayectoria aflora un sentimiento granota más orgulloso que nunca de los suyos. Este equipo ha conseguido honrar la memoria de un club centenario, de los aficionados, jugadores y directivos que están, y de los que no están. La historia levantinista está repleta de tristezas y penas, de lamentos y sufrimiento. El Levante ha deambulado más tiempo del que merecía por los desiertos del fútbol español. Ya hace cuatro temporadas que rozó la desaparición, el cataclismo. Sin embargo, los blaugrana han hecho, una vez más, gala del estoicismo que les caracteriza, de su amor propio. Forma parte de la idiosincrasia levantinista, caer y levantarse. Ante una inminente desaparición, el Levante responde, en apenas cuatro años, con una clasificación para competiciones europeas.

La temporada 11/12 pocos la olvidarán. Diez meses de auténtico ensueño en los que se han roto todos los registros. Sería injusto destacar a cualquier jugador por encima de otro. El colectivo ha sido la clave, fundamental en tan ardua tarea. Un récord de siete victorias en Primera que abarca desde la jornada cuarta a la décima. Un liderato alcanzado en la jornada novena frente al Villarreal, en el Madrigal. Duro poco, apenas dos partidos, pero supo a gloria. La friolera de permanecer durante treinta y tres partidos en posiciones europeas. Conseguir récord de puntos (55) y de victorias (16) en una misma temporada. Y alcanzar unos cuartos de final de Copa del Rey por primera vez en su historia. Junto a todo ello, un sinfín de momentos inolvidables, únicos. Me vienen a la memoria, a bote pronto, la victoria frente al Madrid con gol de Koné, el recital de Juanlu contra el submarino, los tremendos cañonazos a ultimísima hora de Rubén frente a la Real, Espanyol o Villarreal, el penalti parado de Munúa en el Pizjuán y tantos otros.

“Un futuro por conquistar”, es el lema al que se ha acogido el Llevant desde que cumplió los cien años. Pues bien, la Vieja Europa nos aguarda, tan paciente y serena como ansiosa, seguro, por ver como el color blaugrana tiñe la geografía del continente durante esta campaña, la 2012/2013, que nos adviene.

Hecatombe grogueta.

El descenso del Villarreal me ha sabido especialmente mal. Siempre apena un tanto ver cómo caen a los infiernos equipos históricos como Sporting y Racing, pero el caso groguet es más grave, por inesperado y estrepitoso. Cuanto más alto subes, más dura es la caída.

Equipo emblemático durante los últimos diez años, el submarí ha pagado muy caro una concatenación de errores y desgracias a partes iguales. Lejos parecían quedar tiempos recientes. Tiempos en los que la paciencia era considerada una virtud en las oficinas del club. Había un modelo de juego, un estilo combinativo, de toque y vistoso. Daba gusto ver jugar a los groguets. Además, se esforzaban por tener las cuentas sanas, al día en los pagos. Y no dejaban de lado a la cantera, sin duda una de las claves de bóveda en el proyecto de Roig. En este punto, el descenso es doblemente doloroso, dado que la caída del primer equipo a la división de plata, condena al “B” al verdadero pozo de la Segunda B.

La marcha de Cazorla fue un error. El dinero cobrado por el talentoso centrocampista, se invirtió en mediocridad con nombres y apellidos: Cristian Zapata, Javier Camuñas y Jonathan De Guzmán. Ninguno de los tres, especialmente éste último, ha funcionado. Ya desde julio se arrastraba una mala gestión deportiva, con una plantilla descompensada (una de las peores defensas de la Liga). A tal hecho se le unían las fatales lesiones de hombres clave como Rossi o Nilmar. El paso dado adelante por un crack como Borja Valero no ha sido suficiente para contrarrestar tantas adversidades. Además, Fernando Roig y Llaneza han dado un máster durante esta temporada sobre precipitación y malas decisiones. No se han movido bien entre los nervios, la tensión y ansiedad que caracterizaban a la situación en la que se había instalado el Villarreal. De ello da fe la destitución de dos técnicos (Garrido y Molina), y la mala elección del hombre milagro, Lotina. Ahora,  a toro pasado, también se puede apuntar que faltó algo más de entusiasmo y riesgo en el mercado invernal.

Si hace poco la provincia de Castellón se emocionaba al ver al Submarí entre la jet set europea, ahora les toca arremangarse y ponerse a trabajar desde la humildad. La Segunda exige de esfuerzo continuado, dedicación y constancia. Seguro que en el club han aprendido bien la lección. Y viendo cómo han trabajado los gestores groguets hasta este fatal año, pocos dudan de que el Villarreal estará de nuevo en Primera, más pronto que tarde.

La gran noche del Tigre.

Una previa suele venir caracterizada por la especulación. Con mayor o menor grado de acierto, uno se aventura a predecir los acontecimientos futuros. En mi cabeza entraba un partido igualado, en juego y marcador. Un choque de estilos que entrada la segunda parte se definiría en un sentido u otro. La realidad, en cambio, no fue esa. A los seis minutos, el Atleti ya vencía el partido.

El Athletic parecía desbordado. Repleto de ansiedad y nerviosismo. El ‘Cholo’, quizás sabedor de la inexperiencia en estas citas de gran parte del plantel bilbaíno, salió con una presión adelantada que ahogó y superó al Bilbao. Los colchoneros se lo creían, el escenario no les vino grande. El Athletic, en cambio, salió diminuto al terreno de juego, atenazado por el marco de ensueño que lo envolvía y, finalmente, devorado por el gigante atlético. Valga como ejemplo de todo ello la lucha individual entre dos fenomenales futbolistas: Amorebieta y Falcao. El primero, uno de los mejores centrales del año, no tuvo su noche. Aturdido, desbordado y nervioso. Presa fácil para el segundo, el ‘Tigre’. Un golazo del colombiano comenzó a inclinar la balanza en favor de Neptuno.

A partir de ahí, pasados los primeros veinte minutos, el partido entró en la senda esperada. La posesión corría a cargo del Athletic. Los de Simeone, tácticamente perfectos, esperaban atrás, agazapados y bien ordenados. No brilló el juego de los de Bielsa. También en esto fueron superados por el Atlético. La solidaridad defensiva, la entrega y el entusiasmo de los colchoneros pudo en todo momento con la ansiedad bilbaína. Ander e Iturraspe no estaban, Aurtenetxe e Iraola no subían con la alegría y eficacia de otras veces, Llorente estaba muy bien acompañado por defensas rivales y poco asistido por sus compañeros. Se salvaban de la quema De Marcos, Susaeta y Muniain, aunque sus acciones contaban con más errores que aciertos. Por tanto, Simeone y los suyos estaban cómodos. El orden y la disciplina les bastaban para maniatar la locura, la verticalidad y la chispa del ataque del Bilbao, dejando en las botas y olfato de Falcao la tarea de rematar la final. Así, éste, se comió tanto a Martínez como a Amorebieta. Un nuevo error del segundo condenó al Athetlic. El Tigre sentó cátedra acerca de cómo debe definir un delantero dentro del área. Golazo.

La segunda parte fue un querer y no poder para los de Bielsa. La entrada de Ibai e Iñigo le dio otro aire al equipo, pero no fue suficiente. Es cierto que gran parte de las ocasiones bilbaínas acontecieron en este período, como también que la final podría haber cambiado si Courtois no logra sacar un balón que tenía toda la pinta de terminar en gol. Lástima. Los minutos pasaban y nada cambiaba. La heroica no aparecía, y Diego, cuya disciplina defensiva le condenaba a un segundo plano en ataque, dejó muestras de la genialidad que atesora al finiquitar el partido con el tercer tanto. Otro golazo más. Alegría y tristeza. Satisfacción y frustración. Sonrisas y lágrimas. El Atlético venció la final, además de por calidad, por oficio. Bielsa y sus jóvenes discípulos seguro que aprenden de esta derrota y sacan conclusiones constructivas de cara al futuro. Un futuro, cuidado, no tan lejano. Tienen una oportunidad inmediata de redimirse. Este Athletic merece un título.