Europa a ritmo de blues.

Europa se mueve a ritmo de blues. El Chelsea se ha graduado como máximo campeón continental. La Liga de Campeones, nostálgica Copa de Europa, tan anhelada por el multimillonario Roman Abramovich desde 2003 (fecha en que compró el club), por fin brillará en las vitrinas de los londinenses. Las estadísticas, y las supersticiones, jugaban a favor de los de Di Matteo. Primero, en Múnich siempre se estrena campeón. Así fue con el Nottingham (1979), OM (1993) y Borussia Dortmund (97). Y segundo, el anfitrión nunca vence el torneo. Ahí lo tienen, creencias insensatas, pero cumplidas.

No fue un partido bonito de ver para el espectador. Más bien, lo contrario. Esperaba un partido abierto, intenso y vibrante. Erré en la predicción. Di Matteo no arriesgó nada, incluso sorprendió dejando fuera a Malouda para meter en el once inicial a Bertrand, un rookie que ejerció de interior izquierdo siendo su posición de origen el lateral. Los blues se replegaron atrás, bien ordenados y sin ninguna concesión defensiva. El ataque se lo encomendaban a Didier Drogba, tan bestial anoche como casi siempre. Mientras, el Bayern jugó a lo suyo: atacar. El mítico Jupp Heynckes ya afirmó que este equipo no sabe jugar a otra cosa. Si no se amedrentó en el Bernabéu, no lo iba a hacer frente al Chelsea, y más jugando como local. El equipo bávaro buscó el gol con tanta insistencia como desatino. No fue la noche de Robben, tampoco la de Mario Gómez. Las tímidas incursiones de Ribéry, muy maniatado por la defensa londinese, tan sólo arañaban las vestiduras de la defensa blue. La talentosa dupla que conformaba el centro del campo de los locales, Schweinsteiger y Kroos, no consiguió hacer funcionar al equipo, agobiada por, entre otros, el tremendo trabajo de un sensacional Obi Mikel. Fue Thomas Müller el único que acechó con verdadero peligro la portería del inmutable Petr Cech, hasta que en el minuto 83 conseguía anotar el primer tanto de la noche.

Apenas quedaban diez minutos para el final del encuentro. Estaba hecho, y Jupp decidía cambiar a Müller por Van Buyten para amortiguar el bombardeo aéreo que se les iba a venir encima. ¿La realidad? El Chelsea es un equipo tremendamente eficiente, soberbio en el aspecto de la pegada. Diría que ha sido el mejor equipo de Europa en eso, en aprovechar las pocas ocasiones de que dispone para hacer un gol. ¿La otra realidad? Pues que el Bayern va camino de convertirse en el “pupas” europeo. Después de la debacle de Barcelona 99, ayer hubo algo de esto también. En el minuto 87, en el primer córner que lanzaban los blues, encajaban el tanto del empate, apenas cuatro minutos después de haberse avanzado en el marcador. Tanto esfuerzo, tanta insistencia, para nada. Fue un mazazo tremendo. No obstante, en la prórroga levantaron el ánimo. Y la tuvieron, pues un infantil error de Drogba (cometiendo un absurdo penalti), les daba la oportunidad soñada. Probablemente, si conseguían anotar la pena máxima, la Orejona no se les iba a escapar. Ahí estaban, Robben frente a Cech. Ganó el checo. El Bayern cimentaba así la leyenda del pupas europeo. El Chelsea se encomendó a la frescura y electricidad del Niño, pero no bastó.

Lo que anoche se vio en el Allianz Arena fue un auténtico choque de estilos que no podía saldarse de otra forma que no fuera en una tanda de penalties. Neuer frente a Cech. Dos guardametas que encogen la portería hasta el punto de angustiar al lanzador. Y las malditas supersticiones sobrevolando Múnich. El final estaba claro, sólo podía levantar la Orejona el conjunto afincado en Londres. El factor suerte lo tuvo anoche a su favor el Chelsea. El equipo alemán, por su parte, jugó con el factor desgracia. Fueron superiores los bávaros, pero se empotraron ante unos imperiales Drogba y Cech (aún errando en el gol de Müller). Con todo, uno tiene la sensación de que el Bayern sabrá levantarse de ésta. Perdieron hace dos años una final, y ahora caen lastimosamente en ésta. Sin embargo, me niego a creer que gente como Schweinsteiger, Müller o Kroos no tengan el carácter suficiente como para, tarde o temprano, conquistar Europa. Anoche, seguro, aprendieron una lección más para alcanzar el objetivo máximo.

Las feroces críticas que han azotado el coco de Di Matteo y sus jugadores durante estos meses, acusados de desplegar un fútbol rácano, tosco y nada vistoso, se acallaron anoche. Lo dijo Mourinho recientemente, al fútbol no se juega sólo de una manera (en referencia al elegante estilo culé), pues hay más caminos hacia la victoria. Además, hubo algo de justicia poética anoche en Múnich. Dirán lo que dirán, pero gente como Lampard, Terry, Cech o Drogba merecían alzarse con el preciado título que durante años y años se les había resistido. Creo que ayer asistimos felizmente a su último recital. Mítico Chelsea.   

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