Un equipo sideral.

Fue un partido único, memorable. La despedida de Guardiola no podía ser más completa, pues además de contar con un rival de altura, el entrañable Athletic, y de disponer de un marco incomparable (la final de Copa), la última propuesta futbolística fue sobresaliente. Un placer para los sentidos. Un equipo sideral que, en apenas veinticinco minutos, aplastó al rival, pues lo empequeñeció hasta límites insospechados. 

Cierto es que el Athletic no estuvo bien.  Dio la sensación de que el equipo jugaba cargado de ansiedad, precipitado y nervioso. Las bajas de Iturraspe y Ander fueron sensibles, pues lastraron un apartado fundamental en el juego de Bielsa: la posesión. Si andas errático y desconfiado, y enfrente tienes a un Barça extramotivado, la lógica indica que chocarás contra un muro infranqueable. La batalla en el medio del campo no tuvo color. De Marcos, colocado de mediocentro anoche, no apareció. Tampoco Javi Martínez conseguía sofocar tantos fuegos abiertos. Iniesta, Xavi y Busquets eran quienes mandaban. La defensa bilbaína estaba sobresaturada, pues no daba abasto para esquivar los latigazos de Messi y Pedro. Mientras, Llorente quedaba desamparado, acorralado por la temible sombra de Macherano. Tan sólo Muniain daba la sensación de poder cambiar el rumbo del partido a base de carácter y garra, pero tampoco se dio por ahí la salida. No era la noche del Bilbao, y Bielsa lo sabía, a pesar de encomendarse de un modo infructuoso, a la magia de Ander durante la segunda mitad. El partido ya se había decidido mucho antes. Un inicio demoledor, relampagueante, grandioso. Una oda al atrevimiento, a la verticalidad y al fútbol total, mostrado anoche de un modo casi espontáneo, natural. Todo eso que le ha faltado a los cules durante esta temporada, apareció en su máxima expresión en el Calderón. 

Enraizando su discurso táctico en el cruyffismo, y bebiendo de las ricas fuentes que atesora la Masía, Guardiola ha conseguido dejar un legado que pasará a los anales de la historia del fútbol. Lejos queda aquella aleccionadora derrota en Los Pajaritos un 31 de agosto de 2008. Fue ahí donde comenzó a cimentarse esta monumental catedral blaugrana. Pep ha puesto el broche idóneo, y lo deja, su palmarés, en el mismo sitio que lo comenzó: en una final de Copa frente al Athletic. Un conjunto, el vasco, que tiene un margen de progresión enorme. Anoche fue hombres contra niños. Los De Marcos, Ibai, Muniain, Iturraspe, Ander, Susaeta e incluso Javi Martínez o Fernando Llorente todavía no han dicho su última palabra. El fútbol, ahora que se marcha Guardiola, agradecería la continuidad de Marcelo Bielsa.


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