Manolo Preciado.

En la madrugada de hoy nos dejaba Manolo Preciado. Un hombre al que no hacía falta conocer de cerca para saber que tenía buen corazón. De carácter sano y jovial, la vida le puso en aprietos en más de una ocasión. Nunca perdió, sin embargo, la pasión por el fútbol. 

Allí donde estuvo dejó huella. La desgracia le ha sobrevenido apenas un día después de rubricar su nuevo contrato con el Villarreal. Iba a ser el encargado de dirigir al conjunto castellonense de vuelta a la Primera División. Cargado de experiencia, pero con la ilusión de un novato, el bueno de Preciado seguro que lo hubiese conseguido. Ya lo hizo en Valencia, donde logró ascender al Levante después de muchos años de destierro en las categorías inferiores. Dejó, en apenas un año, una impronta en el sentimiento granota que jamás desaparecerá. Igual que en Gijón, lugar en el que hizo historia y amigos. Y, por encima de todos, su Racing de Santander, ése al que siempre llevó en su corazón. El mismo corazón que en la madrugada de hoy ha dejado de latir. Se apaga así la llama de sentimiento, efusividad y bravura que ha guiado durante estos 54 años a Manolo Preciado. 

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