El ideario de Mendilibar.

El Barcelona lo pasó realmente mal durante la tarde de ayer en El Sadar, ahora conocido como Reyno de Navarra. En principio, lo tenía todo a su favor, como en la mayoría de partidos que dispute esta temporada. Por presupuesto, además de calidad y cantidad de jugadores, la lógica indica que tan solo encontrará un rival de su estatura en tan larga travesía: el conjunto merengue. Sin embargo, Osasuna se salió del guión. Rebelde y contestatario, el conjunto dirigido por Mendilibar puso en serios aprietos desde el primer instante al equipo culé. Los Iniesta, Fàbregas, Busquets, Messi o Piqué nunca estuvieron cómodos. Esta vez la pelota no rodaba con tanta fluidez y ligereza como en anteriores ocasiones. El rival ya no perseguía sombras, pues más bien se anticipaba y cortaba la circulación blaugrana. La intensidad defensiva enraizada en una agobiante presión, unida a una salida rápida y directa en ataque, hacían que la partida táctica dejara en un segundo lugar a Tito Vilanova. Éste no podía con el planteamiento de su rival, si bien es cierto que no andaba en el once titular un tal Xavi, jugador clave para subsanar este tipo de atascos.

Mendilibar siempre se ha declarado admirador del maravilloso juego que propugnó Rinus Michels desde Holanda. Quizás por ello sabe cómo defender el sistema propuesto ahora por Tito Vilanova, nuevo heredero de una larga lista de técnicos con alma orange, dado que el vizcaíno es un devoto practicante, dentro de sus limitaciones, de tal filosofía de juego. Curtido en mil batallas, Mendi ha dado grandes resultados en todos los equipos a los que ha dirigido. A punto estuvo de lograr el ascenso a la división de plata con el modesto Lanzarote, y poco después superó las gestas de Ariquistain y Periko Alonso con el Éibar, dejando al conjunto armero clasificado en cuarto lugar. Después de su corto y convulso periplo por el Athletic, echó raíces en Pucela, primero, y Pamplona, después. Su manual de fútbol, pues, sigue vivo, abierto y en constante mutación.

El tradicional fútbol directo de los rojillos ya no es lo que era. No hablamos de un equipo que se decante por el pelotazo facilón. Osasuna es un equipo ofensivo que defiende con las líneas adelantadas y no escatima esfuerzos en la agobiante presión del rival. Sus partidos, desde el lado del oponente, siempre son incómodos y difíciles. La temporada anterior rozaron la zona noble de la clasificación, y este año tienen mimbres para repetir, o mejorar, tal hazaña. La inteligencia táctica de Patxi Puñal se ve ahora reforzada con la llegada del ghanés Annan. El faro ofensivo es Joseba Llorente, jugador desterrado en Donosti pero al que Mendilibar siempre saca su mejor rendimiento. Entre unos y otros se sitúa una línea de tres cuartos letal, rebosante de calidad, garra y gol: Cejudo, Sisi y, en menor medida, Lamah. Bajo palos, un seguro y prometedor arquero llamado Andrés Fernández. ¿La defensa? Repleta de currantes, es la línea más penitente de todas, la que más chirría cuando el arriesgado fútbol que practican no termina de funcionar.

Ayer, por cosas del guión (enfrente estaba un todopoderoso Barça) y del cansancio, hubo momentos en los que Osasuna tuvo que echar el cerrojo. Pero, ¿qué más se le puede pedir? Osasuna hizo uno de los mejores partidos de la temporada. Rozó la épica. Nino tuvo la sentencia, pero erró. Luego vino la nefasta actuación de Muñiz Fernández y el tino anotador de un desdibujado Messi. Los rojillos cayeron, pero tienen las ideas muy claras. Un equipo que va de frente bajo el mando de un colosal técnico: José Luis Mendilibar. Darán que hablar.