Fórmula Almería

El Almería se ha vuelto un clásico reciente de la competición española. Hablamos de un modesto del sur al que, de tanto en tanto, le gusta colarse en la Liga de las estrellas. Cuatro temporadas aguantó en su primera etapa, alentado por las insuflas de aire fresco y dinero brindadas por el hombre que soñó con un equipo rojiblanco en primera: Alfonso García, empresario y dueño del equipo.

Llegaron con cierta pose de rock star. Creyeron ser un nuevo rico, y no lo eran. Se equivocó aquel Almería. Con todo, el dinero y el buen ojo de apostar por Unai Emery le sirvieron para edificar una base que terminó por derruirse a base de malas decisiones como, por ejemplo, firmar a Hugo Sánchez como técnico. Jugadores como Diego Alves, Negredo, Piatti, Kalu Uche, Crusat o Soriano marcaron una época. Sin embargo, todo se vino abajo. Regresaron al infierno de la Segunda, y les ha sentado bien. Armaron un equipo rocoso liderado por Javi Gracia. Volvieron a ascender, pero con los pies en el suelo. El discurso este año ya ha cambiado. Pocos recursos al alcance, pues ingenio y trabajo como sustitutos. El extraño adiós del técnico navarro desembocó en la mejor acción de todas: designar a Francisco como primer entrenador.1381518091_extras_mosaico_noticia_1_g_0Futbolista trabajador donde los haya, máximo goleador de la historia del Almería y joven entrenador ahora. Después de dirigir al “B” le llegaba su oportunidad. Comenzó temperamental e impulsivo. Un equipo alegre, vertical y tremendamente ofensivo. El primer mes de competición fue un máster en formación. Hasta la jornada 11 no llegó la primera victoria. La consiguieron, no obstante, a lo grande, conquistando Mestalla. Mérito del cuerpo técnico, de los jugadores y de la directiva, paciente a la hora de no guillotinar a su joven técnico.

El Almería juega muy bien al fútbol. Un equipo práctico, astuto. Cuando tienen la posesión saben manejar la situación. Me gusta el toque de Verza, el músculo de Azeez, la velocidad de Aleix Vidal y el desparpajo de Suso. Es un centro del campo resultón. Ahora las líneas ya están más juntas y presionan con acierto. Han aprendido a defender, a entender que la portería a cero debe ser el principal objetivo, más aún si tu delantero principal, Rodri, ha desaparecido de la competición a causa de las lesiones. El oficio de los cuatro de atrás, donde destacan las cabalgadas de su lateral izquierdo, Sebastián Dubarbier, unido al oficio de Esteban y la garra en ataque de Zongo, terminan por conformar un once sin nombres ni brillo, pero eficaz.

Tengo la sensación de que lucharán hasta el final por la permanencia, pero contra pronóstico obtendrán su recompensa: la salvación. Un ejemplo, entre otros tantos, de saber dirigir a un equipo de fútbol. Esfuerzo, humildad y astucia. Todo, además, impulsado en base al buen hacer desde los despachos. Una pequeña revolución hilada desde el silencio. Sobrevivir entre gigantes, esa es la máxima de Francisco y su Almería.     

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