Tormenta en Londres.

Fantástica final. El marco era Wembley, ideal. Las aficiones germanas respondieron con creces. Y, lo mejor, ambos conjuntos dignificaron la historia de la Champions con su fútbol vertical, aguerrido e intenso. Un lujo de partido.

Sobre el papel, el Bayern era claro favorito. Tenía más mimbres, un técnico experto en estas lides como Heynckes y el sinsabor de haber perdido dos finales recientemente (frente a Inter y Chelsea). Pero enfrente estaba el equipo de moda, dirigido por el que dicen es el mejor entrenador de todos: Jürgen Klopp. Llegaban sin Gotze, cierto, pero también sin la presión de tener que ganar el partido por obligación.

El inicio fue demoledor. Demostró la valentía de Klopp, quién asfixió con la presión adelantada y el descaro en ataque al Bayern. Éstos se veían incómodos, atenazados por la telaraña de presión, intensidad, velocidad y chispa que les había preparado el Dortmund. Fueron veinticinco minutos, los primeros, en los que el Borussia pudo haber obtenido cierta ventaja. Pero ahí estaba Neuer, para adormecer las envestidas de Lewandowski, fabuloso delantero, Reus y Blaszczykowski. Como luego estuvo Weidenfeller, uno de los mejores jugadores en la noche de ayer, amortiguando los temibles golpes ofensivos de los de Munich.

Pronto apareció por allí un tal Javi Martínez. Colosal. Un gigante de amplio recorrido que dominó a base de pulmones, piernas, calidad y coraje, el centro del campo. Por él se comenzó a construir la victoria del Bayern. También contribuyó lo suyo Robben, quien falló mucho en la primera mitad, pero terminó dando la asistencia del primer tanto y rubricando la victoria con el 2-1 final en el minuto 88 del encuentro. 

Fue, por tanto, un partido muy bonito de ver. Un lucha de gigantes épica que contaba con muchos, y agradecidos, ingredientes. El pulso lo ganó el Bayern porque, a la postre, tenía más para dar. Total, una tormenta de fútbol que consagró al poderío alemán, hizo justicia con Heynckes, desquitó el mal fario de Robben (gafado en las finales hasta la fecha) y aupó a los cielos, pese a la derrota, a Jürgen Klopp.

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La noche más triste.

2013_4_23_85Srao13K5EaSQYMUcFNzFue la noche más triste para el barcelonismo desde que Guardiola tomara las riendas del club allá por el verano del 2008. Después de tantos y tantos recitales, de tantas goleadas, de tanta oda al fútbol preciosista… al Barça le llegó su hora. Muchos esperaban, cuchillo en mano, este momento. Ahora es una buena coyuntura para que los oportunistas puedan arremeter contra una idea, contra un estilo. Contra el Barcelona, en definitiva.

La realidad es que no hubo partido. Jamás existió. El Bayern fue un rodillo, una máquina perfectamente engrasada tanto en el apartado físico como en el táctico y técnico. Un equipo que, además, se encuentra en un momento de forma envidiable. No hay quien los detenga. Valga como muestra de ello el hecho de que recientemente la sólida Juventus de Conte encajara un 4-0 en el total de la eliminatoria de los cuartos de final. O que los notables Hannover y Wolfsburgo se llevarán a casa sendos 6-1 en el marcador.

Eso era lo que le aguardaba al Barça. Quien mejor lo sabía era Tito Vilanova. Sabía que era una batalla muy complicada. Difícil salir vivo de tal envite. Más aun cuando gente como Messi, Xavi, Alba o Busquets no andan en su mejor momento físico. Todo se agrava cuando está ausente el gran capitán, Puyol. Pero una idea es una idea. La convicción que ha alcanzado este grupo humano, este club, sobre cómo se debe jugar al fútbol, es poderosa e inamovible. Y tuvieron la valentía de ponerla en práctica de nuevo. ¿El resultado? Una debacle futbolística. Una partida pérdida desde el primer hasta el último minuto.

En cualquier caso, no deberían perder la cabeza por las oficinas blaugranas. El proyecto es bueno, envidiable diría yo. Da la sensación de que anoche fue más una derrota por causas físicas y psicológicas (¿jugó Messi?) que otra cosa. Los picos de forma (tanto física como mental) de ambos equipos estaban en los extremos, y se notó. Pronto volverán a esconderse los agoreros que predican hoy, después del 4-0 encajado, la capitulación del Barça de, atención, Xavi, Iniesta, Messi, Busquets, Piqué, Puyol, Fàbregas, Pedro o Alba. Sobran mimbres, la verdad. 

También conviene atribuir el mérito que le corresponde a Jupp Heynckes, el técnico más infravalorado de la historia reciente. Ha sabido construir un auténtico coloso. Es el Bayern de Munich. Principal favorito, hoy por hoy, para vencer la orejona. Sólo con recitar la alineación, los rivales ya se inquietan. Sobre el tapete, dan miedo. Cosas de la Champions.