Un resultado inimaginable.

Casillas-final-Confecup-2013

Quizás hoy sea el día propicio para defender a la selección de España. Sí, anoche encajamos un rotundo 3-0 en Maracaná, frente a Brasil. Parecía como si estuviese en disputa el trono de la supremacía mundial del fútbol. Pero no era así. Habrá que esperar un año más para ver quién es la mejor selección del mundo en cuanto a resultados. En cuestión de estilos, no hay duda, no hay que esperar, hoy por hoy España defiende el modelo más preciado por todos. 

Pero sí, perdimos la Confecup. No salió nada bien en el día de ayer. Desde el primer minuto ya íbamos en contra del viento. Las 79 mil gargantas que animaban a la selección carioca parecían amilanar las fuerzas de nuestros jugadores. Estaban nerviosos, tensos, agarrotados. No jugaban con la gracia y sutileza de otros encuentros. La presión brasileña les asfixiaba, les quemaba. Incapaces de dar un golpe de timón que diera la vuelta al partido.

Puede que el gol de Pedro hubiese marcado la diferencia. Pero ahí estuvo David Luiz, tan sólido y expeditivo como el resto de sus compañeros. Anoche no falló nadie en el conjunto de Scolari. Éste, por cierto, le dio un auténtico barrido táctico a Vicente Del Bosque. El salmantino, aunque pesa decirlo, no ha estado acertado a la hora de confeccionar las alineaciones durante esta Confecup más allá del día de Uruguay. Si contra Italia no debió jugar Silva, anoche tampoco era el momento de Juan Mata. Del Bosque lo sabrá mejor que nadie, pero no alcanzo a entender los motivos por los que Javi Martínez no ha sido titular, en compañía de Busquets, en las eliminatorias directas.

Brasil tenía un plan, y este pasaba por anular a Xavi. Lo consiguió, por supuesto. El catalán estaba demasiado desprotegido como para enfrentarse él sólo a todo la maraña táctica que había planteado Scolari. Sin Xavi somos vulnerables, el equipo se desvirtúa, comienzan las lagunas y así terminó el encuentro: 3-0. Con todo, hubo una concatenación de factores que propiciaron tal resultado inimaginable. El ambiente era infernal; Brasil tuvo detalles psicológicos (goles en el primer minuto de cada parte) a su favor; la permisividad del árbitro con las interrupciones brasileñas; Del Bosque falló en la alineación y Scolari no; España no estuvo precisa en líneas generales; Brasil hizo el mejor partido en mucho tiempo que uno le recuerda.

Las cosas han venido así. El resultado no refleja la realidad. Brasil es un equipo con mucho oficio y la suficiente pegada para tumbar a cualquiera. Anoche tanto física como tácticamente nos superaron. Sin embargo, no nos engañemos, técnica y futbolísticamente España es abismalmente superior a la selección carioca. Habrá que esperar al Mundial 2014 para tomarnos la revancha. 

Anuncis

El exotismo de Tahití.

Dentro del Pacífico y, en concreto, de la Polinesia Francesa, Tahití es una verdadera potencia futbolística. Pero claro, hablamos de un fútbol completamente amateur. Su mayor logro, y cuidado porque no es poco, fue alzarse como campeón de la Copa Oceanía de 2012 contra pronóstico, obteniendo así el billete para participar en esta Confecup.

Tahití le ha dado el toque exótico a esta Confecup. Probablemente, no volvamos a ver competir a una selección de un nivel tan bajo en un torneo con tanto parangón, de ahí la gracia del asunto. Para mí, son unos héroes. El ejemplo claro de que ganar no lo es todo en el deporte. Así nos lo han hecho saber desde que se inició la competición. Me gustó el rito de ofrecer collares al rival como muestra de respeto. Y me gustó todavía más el hecho de que le realizaran un pasillo de campeón a España al finalizar el partido y tras haber encajado la friolera de diez goles. 

Los “guerreros del hierro” nunca han jugado un mundial, y quizás nunca lo hagan. Pero ninguno de estos jugadores olvidará nunca que un buen día jugaron frente a la campeona de Europa y el Mundo, frente a España, en Maracaná y con el apoyo de cien mil seguidores que desde el primer segundo gritaron al son de “¡Tahití, Tahití!”. Perdieron por 10 a 0. Pero eso, para ellos, fue lo de menos.

170941395 

Volvió a sonar la melodía.

Andres-Iniesta-escapa-Gargano

Confirmado, España tiene sed de títulos. Anoche esperaba esperaba un equipo cargado de oficio, Uruguay. Pero poco pudieron hacer. No hay piernas, músculos y pulmones suficientes para contener la mortal alegría del juego español. Pronto se supo que el nivel de España es de una superioridad sideral comparado con cualquier otro equipo. No le tienen miedo a nada ni nadie. Son los mejores, y lo han demostrado desde que alcanzaran la victoria en la Euro ’08. La suerte es poder contar con esta hornada de jugadores, alternando además, en la confección del once, jugadores de distintas generaciones. Y lo bonito es vislumbrar el paisaje futuro, con gente como Isco, Illarramendi, Muniain o Thiago en lista de espera, dispuestos a dar el salto de calidad.  

Ayer Vicente Del Bosque se decantó por variar el sistema. Modificó su doble mediocentro. La baja de Xabi Alonso no fue sustituida por el colosal Javi Martínez, sino que se decantó por fijar a Fàbregas de 10, jugando con total libertad, y a Soldado de nueve puro. Le salió redonda la jugada. El centro del campo fue, de nuevo, fantástico. Combinaron la plasticidad y la pegada, el arte y el oficio. Es una maravilla ver jugar a este equipo.

Busquets fue dueño y señor de su parcela, todo comenzaba por él. Pedro se vació en defensa y dio lo que siempre da en ataque: garra, carácter y gol. Iniesta es un regalo para los sentidos, el genio por excelencia, maestro del regate y la asistencia. Además, Fàbregas, jugando como jugó anoche, no admite comparación.  ¿Quién resta? Pues el mejor jugador español de todos los tiempos: Xavi Hernández. Volvió a dominar el tempo del partido, aniquilando al rival con la velocidad de sus pases al primer o segundo toque, llevando la batuta, con gusto, inteligencia y precisión, del mejor equipo del mundo. Sin duda, el jugador más necesario para este equipo. El insustituible, diría yo. La defensa, por su parte, fue un derroche de seriedad y contundencia. Y Soldado, muy participativo y entregado, gustó a todos, permitiéndose el lujo, además, de anotar el segundo tanto del equipo. ¿Casillas? Un mito que todavía, mal que le pese a José Mourinho, es una realidad.

El partido fue una nueva obra de arte. Un admirable lienzo futbolístico que nos exhibió una primera parte de absoluta fantasía. La Roja no tiene la Confecup en su palmarés, y ello es una motivación extra. Pero, sin duda, el oxígeno de este equipo es su afán por la victoria, su entrega a la superación y su férreo convencimiento de querer marcar una época. Estamos en Brasil, una de las industrias más importantes del balompié. Neymar firma autógrafos y ocupa portadas. La magia brasileña está en el aire. Maracaná se presenta como el mejor de todos los escenarios para una final. Y España, mientras tanto, sigue jugando al fútbol.  

Las lágrimas de Pirlo.

Nadie olvidará lo que ha logrado España durante estos cuatro años. Un ciclo breve pero intenso en el que hemos conseguido romper mitos y leyendas, estadísticas y conjuras. Las vitrinas de la Federación atesoran ahora, junto a la Euro del 64, dos títulos continentales más (08, 12) y un Mundial (10).

El partido no tuvo misterio. Si Prandelli era fiel a su estilo, como así fue, España lo tenía fácil. El conjunto de Del Bosque sufre con equipos que se agazapan atrás, ordenados y en busca de uno o dos contraataques a partir de los cuales sacar algo provechoso. Sucedió con Croacia y Portugal. Pero, Italia no cedió. Anoche estuvo tan elegante como inocente. Y me parece bien, me agrada que Prandelli no se arrugara. Aceptó el reto con valentía y descaro. Salió al terreno de juego y se atrevió a mirar de tú a tú a los jugadores españoles. “Aquí estamos nosotros”, parecían querer decir los italianos. El pulso duró poco. El mítico Buffon lo definió de un modo sencillo al término del encuentro: “No ha habido partido”. Si pretendes ganar a España con toque y posesión, debes hacerlo perfecto. El aprendiz, anoche, no pudo con el maestro. Italia se ahogó en buenas intenciones, le sobró candidez y le faltó ese carácter competitivo que siempre han tenido. Durante la segunda parte, parecía una escuadra sin alma. Manejaban bien la teoría, pero fallaron en la praxis. El triunfo español gana en prestigio cuando uno ve a un maestro como Pirlo llorar de amargura. Al lombardo se le escapa la última oportunidad para hacerse con este título. Sin embargo, debe estar orgulloso. Es él, en gran medida, quien ha conseguido transformar en verso lo que antaño era mundana prosa. 

A pesar de la gran semifinal que disputaron frente a Alemania. A pesar de contar con el magnífico Pirlo en su once. A pesar de haberse sometido a una verdadera metamorfosis futbolística. A pesar de todo esto, Italia no pudo. Enfrente estaba un equipo destinado a hacer historia. Un equipo inolvidable. La primera nacional que consigue tres de tres en torneos grandes. Un logro difícil de repetir. Pero ojo, un logro que todavía no tiene fin. Brasil 2014 es la siguiente parada, aunque se antoja ya mucho más difícil.

Xavi Hernández. Recital. Por fin se desquitó, consiguiendo hacer un partido memorable. Si él, Silva, Iniesta y Fàbregas andaban inspirados, Italia lo iba a pasar muy mal. La azzurra no tuvo, en líneas generales, el balón. Y cuando lo tuvo no consiguió administrarlo bien. Tremendo trabajo de Busquets y Xabi Alonso. Faltaba la aparición eléctrica de Alba para rematar el partido. Al descanso, la final ya estaba medio decidida. La desgracia de Motta (derivada de un mal cambio de Prandelli) y la entrada de Torres hicieron el resto. Historia viva. La Triple Corona reluce brillante en el imaginario del fútbol español.

España 4-0 Italia

España: Casillas; Arbeloa, Ramos, Piqué, Jordi Alba; Xabi Alonso, Busquets; Silva (Pedro, m. 59), Xavi, Iniesta (Mata, m. 86); y Cesc (Torres, m. 75).

Italia: Buffon; Abate, Barzagli, Bonucci, Chiellini (Balzaretti, m. 21); Marchisio, Pirlo, Montolivo (Motta, m. 56), De Rossi; Cassano (Di Natale, m. 46) y Balotelli.

Goles: 1-0. M. 15. Cesc centra al punto de penalti, donde cabecea Silva. 2-0. M. 41. Jordi Alba define un contragolpe. 3-0. M. 84. Torres, de contragolpe. 4-0. M. 88. Mata, tras un pase interior.

Del Bosque (y España) ante la historia.

Esta noche presenciaremos una gran final. Si hubiese tenido opción de elegir rival, no habría dudado: España-Italia. Partido inédito en esta ronda. El lombardo Prandelli saldrá con un 4-4-2, mientras que Del Bosque pondrá un 4-5-1. No creo que insista con el 4-6-0. No obstante, teniendo en cuenta que Vicente bebe de la fuente cruyffista, alentado por el gran trabajo de Guardiola durante estos años, no habría que descartar tal opción del todo. ¿Cuál es nuestro problema? Pues que Fàbregas, falso nueve español, no es Messi, falso nueve culé. Yo espero a Torres, pero tampoco me disgusta un once con Negredo o Llorente. Derroche de potencia y calidad en los tres.

Sin recurrir al espíritu forofo, tengo la sensación de que esta noche España vencerá el partido. No diré que lo hará cómodamente, pero sí con relativa facilidad. Tengo ese pálpito. La prensa, tan volátil en su opinión, pinta a Italia como una bella escuadra, como un equipo campeón. Hace apenas tres semanas, en la antesala de la primera jornada del grupo, nos vendían, en cambio, que era la primera vez que había una diferencia sideral, en cuanto a nivel, entre estos dos equipos. Inexplicable, ¿verdad?

A lo que vamos, la batalla se decidirá en el centro del campo, sobre todo. Cinco españoles frente a cuatro italianos. La dupla Alonso-Busquets deberá maniatar a Pirlo y Montolivo, sin descuidar los eléctricos chispazos de Balotelli y Cassano. Para secar a éstos dos, contarán con la ayuda de Piqué-Ramos. Cuidado, por tanto, a los llegadores de segunda línea italiana (Marchisio y De Rossi) y a las incursiones por banda de Balzaretti y Maggio. Por su parte, la línea de tres cuartos española, integrada por Xavi, Iniesta y Silva tendrá la importante función de quitarle el balón a Italia. Sin el balón, los italianos bajan su nivel. Saben defender, pero ya no es la azzurra que disfrutaba haciéndolo.

Cuando dos equipos viven de la posesión, la afrenta principal es lograr la pelota. Quién lo haga, tendrá mucho camino recorrido hacia la consecución del título. Lo dicho, el centro del campo italiano es tremendo, de un nivel muy alto. Sin embargo, no admite comparación con el español. Tampoco la defensa italiana me parece nada del otro mundo, más allá de Chiellini. ¿Y el ataque? Si Del Bosque logra desactivar a Pirlo y Montolivo, no tendrá que preocuparse en demasía de Cassano y Balotelli, pues dispondrán éstos de pocos balones. Por tanto, ¿el peligro? Chispazos individuales y aislados de la dupla delantera, atentos Ramos y Piqué, así como de Marchisio y De Rossi. Repito, lo veo bien. Tengo la sensación de que Vicente Del Bosque tiene más que estudiado a su rival. A disfrutar con la final.

Portugal honra a España.

Choque de estilos el que pudimos ver anoche en el centro del campo de cada equipo. Portugal volvió a dar muestras de la consistencia que ofrece su trivote (Meireles-Veloso-Moutinho) ahogando en todo momento la salida de balón de los españoles, apoyados en tal misión por Nani y Almeida. La victoria moral fue para los de Paulo Bento. Su estilo, de pulmón y pierna, logró imponerse al toque y balón de España. Tan sólo en la prórroga, y cuando el físico portugués ya daba indicios de fatiga, pudimos ver qué era capaz de hacer la selección nacional en ataque. En cualquier caso, los de Del Bosque tampoco sufrieron en ningún momento. Daba la sensación de que el empate a cero sería la cosecha mínima de la noche. Así fue, dado que Cristiano, verdadero peligro ofensivo portugués, envió la pelota a las nubes una y otra vez.

Digo que Portugal honra a España. Los chicos de Bento llegaron como tapados, pero todos sabíamos de su potencial. Anoche lograron desplegarlo en su máxima expresión, y el combinado de Del Bosque aguantó. No fue un partido cómodo, obvio. Gente como Iniesta y Silva no terminaban de encontrarse. El gran referente, Xavi, andaba muy controlado. El auxilio lo daban Xabi Alonso y  Busquets, pero no era suficiente. España no encontraba huecos por los que entrar. No veía el lugar ni el momento. Gran mérito, por tanto, para los de Paulo Bento.

Si esto hubiese sido un combate de boxeo, a los puntos habría vencido Portugal. Pero en el fútbol, las tablas se resuelven mediante penaltis. La tanda final fue, como siempre, una lotería. Los españoles estuvieron más atinados. Sólo Xabi Alonso erró. Iniesta, Piqué, Ramos y Fàbregas no perdonaron. Casillas, de nuevo, bendecido. Se ha logrado así entrar a una tercera final. Selección que, suceda lo que suceda, ha marcado una época. Un referente que comienza a crear escuela en base a su aprecio por la posesión del balón. Ésta no solo es la clave de bóveda del ataque español, sino que, a la vez, sirve para conseguir la mejor defensa del campeonato (tan solo Di Natale ha batido a Casillas).

La consistencia bidireccional (defensa y ataque) que brindan Xabi Alonso y Busquets es la cualidad sobre la que ser vertebra el estilo de Del Bosque. Son el verdadero punto de apoyo del equipo. En torno a ellos, se organizan el resto de peones. Por un lado, la seguridad defensiva y la buena salida inicial de balón por parte de Ramos y Piqué. También la verticalidad que ofrecen Alba y Arbeloa al juego. Qué decir de la orientación que le brinda Xavi al conjunto español, o de la maestría que poseen tanto Iniesta como Silva para escudriñar todos los resquicios de la defensa rival, buscando así tan inquiridoramente los puntos débiles de la misma. Sin olvidar, obvio, al guardián de la portería: Iker Casillas. Tan solo nos queda una pieza, ¿el delantero? Me gusta ver a Torres o Negredo, en lugar de a Fàbregas, como referencia final del equipo. Le da más picantez al ataque español. Veremos qué decide el gran Vicente Del Bosque para la final. 

Música celestial.

Italia anda cabizbaja, sin encontrar el ritmo. El marcador indica un empate a uno, y Croacia parece dispuesta a lastimar todavía más la moral de la azzurra. Después de una primera parte notable, la mítica selección dirigida por Prandelli da señal de no tener reservas en el tanque de combustible, de querer y no poder. No es un problema de sistema y táctica, de echar el cerrojo. Más bien lo contrario, a Motta, típico leñador, le sustituye Montolivo, mientras que Balotelli y Cassano obtienen como recambio a Di Natale y Giovinco. El conflicto es energético, tanto en lo físico como en lo mental.

Sin embargo, cuentan con un ángel celestial llamado Andrea Pirlo. Veterano e incombustible, el talento del centrocampista lombardo parece no tener fin. Se mueve con pausa y elegancia, acaricia al balón como si de su mujer se tratase, siempre con la cabeza bien alta y la vista afinada, buscando así la línea maestra por la que comenzar a construir la victoria de su equipo. El arquitecto ayer estuvo de sobresaliente, jugó e hizo jugar a sus compañeros, poniendo la guinda al pastel con el golazo de falta que adelantó a los suyos.

A unos cuantos kilómetros de allí, y con un diferencial de tiempo de unas tres horas, España está dando un recital de fútbol. Si lo de Andrea Pirlo era cátedra individual, aquí tenemos la ración colectiva. Un conjunto de una calidad extraordinaria, asombrosa. La batuta de Xavi indica el camino a seguir, le acompañan como escuderos Busquets y Xabi Alonso. Mientras, Silva e Iniesta vuelven majara a la defensa irlandesa a la espera de que el Niño termine por rematarla. Un escándalo. El toque es preciso y sutil, las piezas se mueven con dinamismo, transmitiendo así tanta elegancia como electricidad. Es, suceda lo que suceda, la mejor selección que yo he visto jamás.

Un tipo bajito y sereno, canario de origen, está en su salsa. Lo pasó mal en Sudáfrica, pues una inoportuna lesión en Valencia le privó de desplegar su mejor fútbol en tierras africanas. Ahora sí disfruta, como hace cuatro años, formando una dupla con Iniesta que es, sí una vez más, música celestial. No me corto, no me da reparo decir que son los dos mejores interiores del mundo. ¿Y el gol? Define el estilo español: paciencia, sutileza, precisión, facilidad y electricidad.

Una maravilla que supone el 2-0, Irlanda ya tiene el finiquito preparado. Abandonan matemáticamente la Euro2012. No tienen opciones de clasificarse. Sin embargo, su afición no se rinde, no decae. Nos muestran uno de los mejores momentos de este torneo, uno de esos intangibles que no cuenta para el marcador, pero que sí vale su peso en oro. Son veintidós mil almas dejándose sus gargantas, poniéndole letra y voz al ritmo que en el terreno de juego marca España. Una simbiosis digna de admiración.     

Italia 1-1 Croacia

Italia: Buffon; Chiellini, De Rossi, Bonucci; Motta (Montolivo, m. 63), Marchisio, Maggio, Giaccherini, Pirlo; Cassano (Giovinco, m. 84) y Balotelli (Di Natale, m. 70)

Croacia: Pletikosa; Srna, Corluka, Schildenfeld, Strinic; Rakitic, Vukojevic, Perisic (Pranjic, m. 68), Modric; Jelavic (Da Silva, m. 84) y Mandzukic (Kranjcar, m. 94)

Goles: 1-0. Pirlo M. 39 1-1. Mandzukic M. 72

España 4-0 Irlanda

España: Casillas; Arbeloa, Piqué, Sergio Ramos, Jordi Alba; Xabi Alonso (Javi Martínez, m. 65), Busquets; Silva, Xavi, Iniesta (Cazorla, m. 80); y Torres (Cesc, m. 74).

Irlanda: Given; O’Shea, St Ledger, Dunne, Ward; Duff (McClean, m. 76), Andrews, Whelan (Green, m. 80), McGeady; Cox (Walters, m. 46) y Keane.

Goles: 1-0. M. 4. Torres. 2-0. M. 48. Silva. 3-0. M. 69. Torres. 4-0. M. 82. Cesc.