Las lágrimas de Pirlo.

Nadie olvidará lo que ha logrado España durante estos cuatro años. Un ciclo breve pero intenso en el que hemos conseguido romper mitos y leyendas, estadísticas y conjuras. Las vitrinas de la Federación atesoran ahora, junto a la Euro del 64, dos títulos continentales más (08, 12) y un Mundial (10).

El partido no tuvo misterio. Si Prandelli era fiel a su estilo, como así fue, España lo tenía fácil. El conjunto de Del Bosque sufre con equipos que se agazapan atrás, ordenados y en busca de uno o dos contraataques a partir de los cuales sacar algo provechoso. Sucedió con Croacia y Portugal. Pero, Italia no cedió. Anoche estuvo tan elegante como inocente. Y me parece bien, me agrada que Prandelli no se arrugara. Aceptó el reto con valentía y descaro. Salió al terreno de juego y se atrevió a mirar de tú a tú a los jugadores españoles. “Aquí estamos nosotros”, parecían querer decir los italianos. El pulso duró poco. El mítico Buffon lo definió de un modo sencillo al término del encuentro: “No ha habido partido”. Si pretendes ganar a España con toque y posesión, debes hacerlo perfecto. El aprendiz, anoche, no pudo con el maestro. Italia se ahogó en buenas intenciones, le sobró candidez y le faltó ese carácter competitivo que siempre han tenido. Durante la segunda parte, parecía una escuadra sin alma. Manejaban bien la teoría, pero fallaron en la praxis. El triunfo español gana en prestigio cuando uno ve a un maestro como Pirlo llorar de amargura. Al lombardo se le escapa la última oportunidad para hacerse con este título. Sin embargo, debe estar orgulloso. Es él, en gran medida, quien ha conseguido transformar en verso lo que antaño era mundana prosa. 

A pesar de la gran semifinal que disputaron frente a Alemania. A pesar de contar con el magnífico Pirlo en su once. A pesar de haberse sometido a una verdadera metamorfosis futbolística. A pesar de todo esto, Italia no pudo. Enfrente estaba un equipo destinado a hacer historia. Un equipo inolvidable. La primera nacional que consigue tres de tres en torneos grandes. Un logro difícil de repetir. Pero ojo, un logro que todavía no tiene fin. Brasil 2014 es la siguiente parada, aunque se antoja ya mucho más difícil.

Xavi Hernández. Recital. Por fin se desquitó, consiguiendo hacer un partido memorable. Si él, Silva, Iniesta y Fàbregas andaban inspirados, Italia lo iba a pasar muy mal. La azzurra no tuvo, en líneas generales, el balón. Y cuando lo tuvo no consiguió administrarlo bien. Tremendo trabajo de Busquets y Xabi Alonso. Faltaba la aparición eléctrica de Alba para rematar el partido. Al descanso, la final ya estaba medio decidida. La desgracia de Motta (derivada de un mal cambio de Prandelli) y la entrada de Torres hicieron el resto. Historia viva. La Triple Corona reluce brillante en el imaginario del fútbol español.

España 4-0 Italia

España: Casillas; Arbeloa, Ramos, Piqué, Jordi Alba; Xabi Alonso, Busquets; Silva (Pedro, m. 59), Xavi, Iniesta (Mata, m. 86); y Cesc (Torres, m. 75).

Italia: Buffon; Abate, Barzagli, Bonucci, Chiellini (Balzaretti, m. 21); Marchisio, Pirlo, Montolivo (Motta, m. 56), De Rossi; Cassano (Di Natale, m. 46) y Balotelli.

Goles: 1-0. M. 15. Cesc centra al punto de penalti, donde cabecea Silva. 2-0. M. 41. Jordi Alba define un contragolpe. 3-0. M. 84. Torres, de contragolpe. 4-0. M. 88. Mata, tras un pase interior.

Del Bosque (y España) ante la historia.

Esta noche presenciaremos una gran final. Si hubiese tenido opción de elegir rival, no habría dudado: España-Italia. Partido inédito en esta ronda. El lombardo Prandelli saldrá con un 4-4-2, mientras que Del Bosque pondrá un 4-5-1. No creo que insista con el 4-6-0. No obstante, teniendo en cuenta que Vicente bebe de la fuente cruyffista, alentado por el gran trabajo de Guardiola durante estos años, no habría que descartar tal opción del todo. ¿Cuál es nuestro problema? Pues que Fàbregas, falso nueve español, no es Messi, falso nueve culé. Yo espero a Torres, pero tampoco me disgusta un once con Negredo o Llorente. Derroche de potencia y calidad en los tres.

Sin recurrir al espíritu forofo, tengo la sensación de que esta noche España vencerá el partido. No diré que lo hará cómodamente, pero sí con relativa facilidad. Tengo ese pálpito. La prensa, tan volátil en su opinión, pinta a Italia como una bella escuadra, como un equipo campeón. Hace apenas tres semanas, en la antesala de la primera jornada del grupo, nos vendían, en cambio, que era la primera vez que había una diferencia sideral, en cuanto a nivel, entre estos dos equipos. Inexplicable, ¿verdad?

A lo que vamos, la batalla se decidirá en el centro del campo, sobre todo. Cinco españoles frente a cuatro italianos. La dupla Alonso-Busquets deberá maniatar a Pirlo y Montolivo, sin descuidar los eléctricos chispazos de Balotelli y Cassano. Para secar a éstos dos, contarán con la ayuda de Piqué-Ramos. Cuidado, por tanto, a los llegadores de segunda línea italiana (Marchisio y De Rossi) y a las incursiones por banda de Balzaretti y Maggio. Por su parte, la línea de tres cuartos española, integrada por Xavi, Iniesta y Silva tendrá la importante función de quitarle el balón a Italia. Sin el balón, los italianos bajan su nivel. Saben defender, pero ya no es la azzurra que disfrutaba haciéndolo.

Cuando dos equipos viven de la posesión, la afrenta principal es lograr la pelota. Quién lo haga, tendrá mucho camino recorrido hacia la consecución del título. Lo dicho, el centro del campo italiano es tremendo, de un nivel muy alto. Sin embargo, no admite comparación con el español. Tampoco la defensa italiana me parece nada del otro mundo, más allá de Chiellini. ¿Y el ataque? Si Del Bosque logra desactivar a Pirlo y Montolivo, no tendrá que preocuparse en demasía de Cassano y Balotelli, pues dispondrán éstos de pocos balones. Por tanto, ¿el peligro? Chispazos individuales y aislados de la dupla delantera, atentos Ramos y Piqué, así como de Marchisio y De Rossi. Repito, lo veo bien. Tengo la sensación de que Vicente Del Bosque tiene más que estudiado a su rival. A disfrutar con la final.

Prandelli piensa, Pirlo juega, Italia sueña.

Todavía no termino de creérmelo. Italia ha vencido, y de qué manera, a la todopoderosa Alemania. La sorpresa no viene dada tanto por el resultado, sino por cómo se ha dado éste. Hablamos de un auténtico vapuleo, pues los hombres de Prandelli han conseguido empequeñecer hasta límites insospechados el potencial germano. 

Es cierto que Schweinsteiger anda toda la Euro en una baja forma tremenda. Aún teniendo en cuenta dicho hándicap, el conjunto de Low había arrasado, hasta ahora, con sus rivales. La precisión de su juego asustaba, aterraba. Era la máquina mejor pulida del torneo. Hoy, no ha aparecido por Varsovia. Se ha topado con un auténtico muro, cimentado éste en el buen juego y el gusto por la pelota. La entrada de Kroos por Muller, buscando contrarrestar el estilo italiano, no ha dado los resultados esperados. Una pena lo de la selección germana, pues vuelve a quedarse con la miel en los labios. 

Enorme mérito, conviene dárselo, el que ostenta Cesare Prandelli. A imagen y semejanza de la actual España, el seleccionador de la azzurra ha conseguido construir un equipo en el que prima la posesión. El verdadero eje del juego es Andrea Pirlo, pues es él quien canaliza maravillosamente todas las posesiones italianas. Le acompañan Marchisio, De Rossi y Montolivo. Un trío, ahora que el fiorentino ha sustituido al limitado Motta, de alto nivel. Busca, por tanto, avanzar por el centro en lugar de por los extremos. Además, tiene más picante que el conjunto de Del Bosque, pues siempre ha contado con dos delanteros de calidad contrastada: la elegancia de Cassano y la rabia de Balotelli. Hoy, el primero ha dado un recital, siendo muestra de ello la asistencia que le ha dado a Mario en el primer tanto. ¿El segundo? Un cañonazo que, atención, viene precedido de un sensacional pase de Montolivo. 

Es digno de elogio que un combinado como Italia, tradicionalmente tan conservador y rácano en su juego, haya sufrido tal mutación. Atacan ordenadamente, con tanta precisión y sutileza como voracidad. Además, tienen una de las mejores defensas del campeonato, consiguiendo una presión que termina por ahogar a cualquier rival. El domingo comprobaremos, el algodón no engaña, si la actual Azzurra es una versión mejorada respecto de la española. La batalla, eso sí, se disputará en el terreno de la posesión. Probablemente esté muy repartida, así que quién consiga administrarla de un modo más eficaz, tendrá mucho terreno ganado. 

Portugal honra a España.

Choque de estilos el que pudimos ver anoche en el centro del campo de cada equipo. Portugal volvió a dar muestras de la consistencia que ofrece su trivote (Meireles-Veloso-Moutinho) ahogando en todo momento la salida de balón de los españoles, apoyados en tal misión por Nani y Almeida. La victoria moral fue para los de Paulo Bento. Su estilo, de pulmón y pierna, logró imponerse al toque y balón de España. Tan sólo en la prórroga, y cuando el físico portugués ya daba indicios de fatiga, pudimos ver qué era capaz de hacer la selección nacional en ataque. En cualquier caso, los de Del Bosque tampoco sufrieron en ningún momento. Daba la sensación de que el empate a cero sería la cosecha mínima de la noche. Así fue, dado que Cristiano, verdadero peligro ofensivo portugués, envió la pelota a las nubes una y otra vez.

Digo que Portugal honra a España. Los chicos de Bento llegaron como tapados, pero todos sabíamos de su potencial. Anoche lograron desplegarlo en su máxima expresión, y el combinado de Del Bosque aguantó. No fue un partido cómodo, obvio. Gente como Iniesta y Silva no terminaban de encontrarse. El gran referente, Xavi, andaba muy controlado. El auxilio lo daban Xabi Alonso y  Busquets, pero no era suficiente. España no encontraba huecos por los que entrar. No veía el lugar ni el momento. Gran mérito, por tanto, para los de Paulo Bento.

Si esto hubiese sido un combate de boxeo, a los puntos habría vencido Portugal. Pero en el fútbol, las tablas se resuelven mediante penaltis. La tanda final fue, como siempre, una lotería. Los españoles estuvieron más atinados. Sólo Xabi Alonso erró. Iniesta, Piqué, Ramos y Fàbregas no perdonaron. Casillas, de nuevo, bendecido. Se ha logrado así entrar a una tercera final. Selección que, suceda lo que suceda, ha marcado una época. Un referente que comienza a crear escuela en base a su aprecio por la posesión del balón. Ésta no solo es la clave de bóveda del ataque español, sino que, a la vez, sirve para conseguir la mejor defensa del campeonato (tan solo Di Natale ha batido a Casillas).

La consistencia bidireccional (defensa y ataque) que brindan Xabi Alonso y Busquets es la cualidad sobre la que ser vertebra el estilo de Del Bosque. Son el verdadero punto de apoyo del equipo. En torno a ellos, se organizan el resto de peones. Por un lado, la seguridad defensiva y la buena salida inicial de balón por parte de Ramos y Piqué. También la verticalidad que ofrecen Alba y Arbeloa al juego. Qué decir de la orientación que le brinda Xavi al conjunto español, o de la maestría que poseen tanto Iniesta como Silva para escudriñar todos los resquicios de la defensa rival, buscando así tan inquiridoramente los puntos débiles de la misma. Sin olvidar, obvio, al guardián de la portería: Iker Casillas. Tan solo nos queda una pieza, ¿el delantero? Me gusta ver a Torres o Negredo, en lugar de a Fàbregas, como referencia final del equipo. Le da más picantez al ataque español. Veremos qué decide el gran Vicente Del Bosque para la final. 

Van Marwijk y la guillotina portuguesa.

Me alegré de la derrota de Holanda, pues fue totalmente merecida. Es más, sus cero puntos tras tres partidos hacen toda la justicia del mundo. Nunca creí que diría esto. Nunca hasta que llegó al cargo de la Oranje un tal Van Marwijk. Pragmático y sin devoción por el buen fútbol, el técnico hizo añicos, en apenas un par de años, un ideal, un espíritu de juego que Holanda llevaba en la sangre desde tiempos inmemoriales. Leyendas como Johan Cruyff, Rinus Michels, Rep, Van Basten y tantos otros fueron masacradas por un estilo rácano, mísero y nada vistoso. La antítesis de lo que esta selección históricamente había sido, pues siempre fue un oasis en el desierto, un seguro de aprecio por el fútbol de toque y ataque.

La dupla integrada por Van Bommel y De Jong ha sido el paradigma de la nueva manera de pensar holandesa. Tuvieron el acierto, hablo del Mundial, de llegar a la final y casi vencerla. Tan magno hecho legitimó al nuevo ideólogo. ¡Por poco! ¡Casi hemos vencido el Mundial! Todos adulaban a la nueva Holanda. Así llegó a la Euro, con la vitola de favorita. Batacazo. Lo dicho, totalmente merecido. A uno le duelen los ojos al ver a un tal Van der Vaart en el banquillo.

El caso es que ayer, consciente de su error, rectificó y lo intentó. Puso a Rafael en el centro del campo, ejerciendo de socio de Sneijder (un llanero solitario hasta la fecha), buscando así mejorar las conexiones entre estos dos y la tripleta de arriba: Robben, Van Persie y Huntelaar. Al César lo que es del César, uno de los mejores ataques del mundo. Eso sí, altamente desaprovechado. Probablemente, Paulo Bento sabía de qué iba esta historia. El trivote portugués (Veloso, Meireles, Moutinho) devoró las buenas y remendonas intenciones de Van Marwijk, salvo por unos diez minutos iniciales en los que Holanda se soltó, adelantándose en el marcador gracias a un estratosférico disparo de VanderVaart. 

De cualquier modo, lo advertí. Me parecía que Portugal tenía más y mejor equipo que Holanda. Anoche ambos pusieron toda la carne en el asador, y la contienda fue resuelta a favor del conjunto liderado por Cristiano. Un tipo galáctico en el día de ayer. Se le achacaba falta de tino, desacierto. Ayer cerró cualquier posibilidad de crítica. Dos goles y un partido para enmarcar. Junto con Nani estableció una sociedad tan impulsiva e impresivible como dañina y mortífera. La batalla la tenían perdida los holandeses, y la táctica suicida del final, con tres defensas incluidos, fue eso, un suicidio. Se clasifica Portugal, junto con la maquinaria perfecta que es Alemania. Lástima de la caída danesa, pues ha hecho una Euro muy digna. De Holanda, nada. A esperar la destitución (o dimisión) de Van Marwijk.

 

El oficio y carácter de un griego llamado Karagounis.

La prensa disfrutó de lo lindo anoche mientras redactaba el titular de la crónica del partido. Siempre buscando el impacto, uno lee por ahí “espartanos”, como si de la película ‘300’ se tratase, o el “espíritu guerrero” de los griegos, en la misma línea discursiva. ¡Cómo si sólo supiesen dar batalla los griegos! Señores, allí nació esa cosa llamada democracia. 

También fue la cuna, hablo de Grecia, del teatro. Más de uno se lo recriminó a Kostas Karagounis cuando se lanzó a la piscina dentro del área, desaprovechando una oportunidad histórica de finiquitar el partido. En realidad, daba igual. Anoche saltó la sorpresa. Rusia, todopoderosa en el aspecto técnico, flaqueó a la hora de encarar el partido, de afrontarlo. No supo cómo dañar el muro griego en ningún momento. Así, gente como Dzagoev, Shirokov, Arshavin o Kerzhakov quedaban anulados a excepción de alguna arrancada individual. El vértice del ataque pasaba a ser Denisov, mediocampista de contención, gracias a su potente disparo lejano. 

Ha sido la primera sorpresa de esta Euro. No tanto el hecho de haya pasado Grecia, que también, sino por el tremendo batacazo de Rusia. Desplegó un fútbol sensacional en la primera jornada. Daba la sensación de que había superado con holgura el obstáculo más complicado del grupo. Sin embargo, cosas del fútbol, se ha ido metiendo en el fango, adormilada frente a Polonia y totalmente anestesiada anoche.

En el lado opuesto está Grecia. Equipo rocoso, con oficio y disciplinado. El 4-3-3 empleado por Fernando Santos queda bajo la supervisión de Kostas Karagounis. Su espíritu competitivo, además del tremendo oficio que atesora a sus treinta y cinco años de edad, son los fundamentos empleados para definir el carácter de este equipo. Recursos limitados, pero aprovechados con inteligencia. Ahí tienen como muestra a la pareja de centrales, Sokratis Papastathopoulos y Papadopoulos, pura roca. Por no hablar del partidazo que se marcó Giorgios Samaras. En fin, Low no tendrá una papeleta fácil.

Grecia 1-0 Rusia

Grecia: Sifakis; Torisidis, Papadopoulos, Papasthatopoulos, Tzavelas; Katsouranis, Maniatis; Salpingidis (Ninnis, m. 83) Karagounis (Makos, m. 67), Samaras; y Gekas (Holebas, m. 64).

Rusia: Malafeev; Anyukov (Izmailov, m. 81), Beretzuski, Ignashevich, Zhirkov; Shirokov, Denisov, Glushakov (Pogrebnyak, m. 72); Dzagoev, Kerzhakov (Pavlyuvhenko, m. 46) y Arshavin.

Gol: 1-0. M. 45. Karagounis resuelve en el área chica.

Música celestial.

Italia anda cabizbaja, sin encontrar el ritmo. El marcador indica un empate a uno, y Croacia parece dispuesta a lastimar todavía más la moral de la azzurra. Después de una primera parte notable, la mítica selección dirigida por Prandelli da señal de no tener reservas en el tanque de combustible, de querer y no poder. No es un problema de sistema y táctica, de echar el cerrojo. Más bien lo contrario, a Motta, típico leñador, le sustituye Montolivo, mientras que Balotelli y Cassano obtienen como recambio a Di Natale y Giovinco. El conflicto es energético, tanto en lo físico como en lo mental.

Sin embargo, cuentan con un ángel celestial llamado Andrea Pirlo. Veterano e incombustible, el talento del centrocampista lombardo parece no tener fin. Se mueve con pausa y elegancia, acaricia al balón como si de su mujer se tratase, siempre con la cabeza bien alta y la vista afinada, buscando así la línea maestra por la que comenzar a construir la victoria de su equipo. El arquitecto ayer estuvo de sobresaliente, jugó e hizo jugar a sus compañeros, poniendo la guinda al pastel con el golazo de falta que adelantó a los suyos.

A unos cuantos kilómetros de allí, y con un diferencial de tiempo de unas tres horas, España está dando un recital de fútbol. Si lo de Andrea Pirlo era cátedra individual, aquí tenemos la ración colectiva. Un conjunto de una calidad extraordinaria, asombrosa. La batuta de Xavi indica el camino a seguir, le acompañan como escuderos Busquets y Xabi Alonso. Mientras, Silva e Iniesta vuelven majara a la defensa irlandesa a la espera de que el Niño termine por rematarla. Un escándalo. El toque es preciso y sutil, las piezas se mueven con dinamismo, transmitiendo así tanta elegancia como electricidad. Es, suceda lo que suceda, la mejor selección que yo he visto jamás.

Un tipo bajito y sereno, canario de origen, está en su salsa. Lo pasó mal en Sudáfrica, pues una inoportuna lesión en Valencia le privó de desplegar su mejor fútbol en tierras africanas. Ahora sí disfruta, como hace cuatro años, formando una dupla con Iniesta que es, sí una vez más, música celestial. No me corto, no me da reparo decir que son los dos mejores interiores del mundo. ¿Y el gol? Define el estilo español: paciencia, sutileza, precisión, facilidad y electricidad.

Una maravilla que supone el 2-0, Irlanda ya tiene el finiquito preparado. Abandonan matemáticamente la Euro2012. No tienen opciones de clasificarse. Sin embargo, su afición no se rinde, no decae. Nos muestran uno de los mejores momentos de este torneo, uno de esos intangibles que no cuenta para el marcador, pero que sí vale su peso en oro. Son veintidós mil almas dejándose sus gargantas, poniéndole letra y voz al ritmo que en el terreno de juego marca España. Una simbiosis digna de admiración.     

Italia 1-1 Croacia

Italia: Buffon; Chiellini, De Rossi, Bonucci; Motta (Montolivo, m. 63), Marchisio, Maggio, Giaccherini, Pirlo; Cassano (Giovinco, m. 84) y Balotelli (Di Natale, m. 70)

Croacia: Pletikosa; Srna, Corluka, Schildenfeld, Strinic; Rakitic, Vukojevic, Perisic (Pranjic, m. 68), Modric; Jelavic (Da Silva, m. 84) y Mandzukic (Kranjcar, m. 94)

Goles: 1-0. Pirlo M. 39 1-1. Mandzukic M. 72

España 4-0 Irlanda

España: Casillas; Arbeloa, Piqué, Sergio Ramos, Jordi Alba; Xabi Alonso (Javi Martínez, m. 65), Busquets; Silva, Xavi, Iniesta (Cazorla, m. 80); y Torres (Cesc, m. 74).

Irlanda: Given; O’Shea, St Ledger, Dunne, Ward; Duff (McClean, m. 76), Andrews, Whelan (Green, m. 80), McGeady; Cox (Walters, m. 46) y Keane.

Goles: 1-0. M. 4. Torres. 2-0. M. 48. Silva. 3-0. M. 69. Torres. 4-0. M. 82. Cesc.