Espíritu guerrero.

Ser campeón no es una meta, es una actitud“. Ha sido uno de los lemas más empleados por los atléticos a raíz de levantar su décima Copa del Rey, casi nada. Se antojaba una noche mágica, especial. Todos los ingredientes se conjugaban para que así fuera. El ambiente por las calles de la ciudad de Madrid, los buenos jugadores, la historia y, en definitiva, el honor. Sobre el papel, los colchoneros partían en clara desventaja. Preveíamos una lucha feroz, de estilos. El talento de Ozil, Modric, Cristiano o Xabi Alonso frente al pundonor de Gabi, Mario Suárez, Koke o Diego Costa. Erró Mourinho, bien es cierto, al alinear a Khedira en lugar de al Fideo. Pervirtió la metodología merengue. Envió un mensaje claro a los suyos: si el Atlético quiere combatir en el fango, combatiremos.

El portugués cayó, en definitiva, en la trampa de Simeone. Éste prefería un partido enrevesado, táctico y de choque. Un combate en el que el músculo se impusiera al talento. Por ahí andaban sus opciones de victoria. Lo que nadie entiende es porque Mourinho también se decantó por tal estilo. No tenía jugadores para ese tipo de partido. El Real Madrid es un conjunto que, paradójicamente, se siente incómodo cuando tiene que hacerse cargo de la posesión, del dominio de los encuentros a través del balón. De hecho, los principales éxitos del técnico de Setúbal siempre han venido desde la sorpresa, disfrutando cuando no debe asumir el peso de la responsabilidad. Así fue cuando llevó al Oporto a levantar la Orejona en la temporada 2004, o con el Inter en la 2010. Pero con el Madrid siempre ha ido un poco a contra natura, sin resolver nunca tal contradicción. Anoche, una vez más, se equivocó en su planteamiento, aun con la estelar actuación de Courtois.   

El Atlético fue campeón. Gracias, por encima de todo, a la actitud que el Cholo ha sabido inculcar en ese vestuario. El espíritu guerrero y combativo que ya poseía como jugador Diego Pablo Simeone queda ahora inculcado sobre cada uno de los jugadores rojiblancos. Es un ejército temible, un aguerrido grupo de futbolistas que juega con férrea convicción. Son conocedores de sus limitaciones, y por ahí comienzan sus victorias. Ante la escasez de talento y creatividad, al menos para combatir de tú a tú frente a Madrid o Barça, doblan esfuerzos en intensidad, garra y agresividad. No es de extrañar que el buque insignia durante esta campaña del equipo atlético haya sido Diego Costa, pretoriano ilustre que anoche hizo lo que mejor sabe hacer: luchar, morder, combatir y golear.  

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Fútbol total.

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Sin palabras. Así se queda uno tras ver el recital dado por el Borussia de Klopp. Un monumento al fútbol total. Un derroche de velocidad y talento, de físico y clase, de fútbol vertical y juego elaborado. Tácticamente Mourinho fue barrido. Física y técnicamente también lo fueron sus jugadores. Ni un solo emparejamiento individual dio como vencedor a un jugador blanco. Y me chirría sobremanera que un tipo como Gundogan andara tan tranquilo por el centro del campo, distribuyendo y ordenando el fútbol de los suyos con plenos poderes.

Pecaron de pardillos, los madridistas digo. Pensaban que iba a ser fácil. “Si el Málaga casi los elimina, nosotros nos los comemos”, era el pensamiento que pululaba por Valdebebas. Craso error. Primero, porque no conviene desdeñar a uno de los mejores técnicos a los que he tenido el gusto de ver. Hablo, por supuesto, de Manuel Pellegrini. Segundo, porque Klopp y su Dortmund dan miedo (y ya era conocido por todos). Y tercero, fundamental, porque no consideraron el nivel físico del conjunto alemán. Acostumbrado como está el Madrid a ser infinitamente superior a sus rivales en este apartado, anoche no daban crédito a lo que veían.

Cierto es que todo se resolvió en apenas veinte minutos. Fue una segunda parte de escándalo. El gol, hoy por hoy, se llama Lewandowski. Su segundo y tercer tanto son espectaculares, de rematador puro. No es fácil endosarle al Madrid cuatro goles, y menos en una semifinal de Champions. Así que al César lo que es del César. El espectacular Westfalenstadion (ahora llamado Signal Iduna Park) vibró como en las mejores noches de su historia europea. Se respira ambiente de final por las calles de Dortmund. Este Borussia, tan joven y temperamental, anda desbocado. Veremos si soportan la presión del Bernabéu.