Líder en la sombra.

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Puede que hasta la fecha, la renovación de Mathieu haya sido el mejor fichaje del Valencia. “Pienso terminar mi carrera aquí”, fue lo que dijo ayer tras certificarse su nuevo contrato. Jugador anárquico donde los haya, el francés siempre ha cabalgado indomable la banda izquierda del campo. Un verdadero machete en ataque que, sin embargo, siempre ha dejado un poso amargo entre la afición valencianista. Quizás por sus lagunas defensivas, más achacables éstas, por otra parte, al estilo de juego de Unai Emery – eminentemente ofensivo y descuidado atrás – que al espigado pelirrojo.

Velocidad, potencia y calidad en el centro. ¿Qué más pedirle a un lateral ofensivo de largo recorrido? Guardiola todavía tiembla cuando oye su nombre, pues era uno de los pocos jugadores que siempre escapaba a su telaraña táctica. Incisivo como pocos, siempre dije que el “Galgo” lo haría a las mil maravillas en punta, como delantero al contraataque. Era una barbaridad, sí. Casi tanto como la de colocarlo de central izquierdo. Tremendo acierto de Valverde. Y es que ha terminado la temporada como uno de los mejores jugadores del continente en su posición. Rápido, contundente al corte, hábil en la marca y preciso en la salida de balón.

Un central diez que, además, se incorpora como un rayo, de vez en cuando, al ataque. Cuidado, a partir de ahora, con su golpeo a balón parado (totalmente desaprovechado hasta la fecha). Jérémy Mathieu debe ser, sin duda alguna, la insignia de la defensa valencianista para las próximas temporadas. Poderío, calidad, desparpajo y potencia para comandar la zaga del nuevo proyecto dirigido por Miroslav Djukic.    

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Eternos capitanes.

El fútbol valenciano ha perdido mucho estos días. Dos de sus emblemas dicen adiós. Ninguno por voluntad propia. Primero fue David Albeda, ahora Sergio Ballesteros. Tanto la parroquia ché como la granota pierden a dos de sus referentes, a dos de sus ídolos. Esto también es fútbol. 

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Del 6 valencianista nunca me cansaré de ensalzar su figura. Para mi ha sido uno de los jugadores españoles más importantes de la primera década del siglo XXI. El mejor cierre defensivo que yo he visto, al mismo nivel de hombres como Gattuso o Makélélé. Sucede que este estilo de jugador no vende portadas ni camisetas. Pocos valoran su dedicación y entrega a este oficio. Sin embargo, ahí estuvo David Albelda para capitanear la mejor época de la historia valencianista. Y. háganme caso, sin él nada hubiese sido igual.  

Otro eterno capitán es Sergio Ballesteros. El de Burjassot ha visto como la marea desestabilizadora surgida a raíz del día del Depor también lo ha arrastrado. Lástima. Creo, honestamente, que todavía tenía fútbol en sus piernas. Me cuesta creer en el argumento deportivo mentado por Manolo Salvador y Quico Catalán. En cualquier caso, es lo que hay. El proyecto regeneracionista surgido en Orriols ya no contará con ese corpulento central, más parecido a un estibador que a un futbolista, que lideraba a su equipo mientras atemorizaba a los atacantes rivales. En el recuerdo y bajo su comando quedan muchos momentos inolvidables, preciosos. Ha sido parte, y fundamental, de la mejor etapa en la historia del Levante. Eterno Capitán.

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Pues así, se van. Atrás queda todo lo vivido junto a ellos. Momentos, como ya hemos dicho, imborrables. Protagonizan, por sí solos, un anecdotario digno de contar a cualquiera. Horas y horas de tertulia recordando las hazañas de estos dos gladiadores. Confiemos en verlos pronto en los despachos, cerca del verde, ayudando de alguna manera a engrandecer a los clubes que llevan en su corazón.    

La zurda del ‘Tino’.

“Puede que no se me haya valorado”. Es el regusto amargo con el que se marcha el ‘Tino’ Costa. En Moscú reciben con los brazos abiertos a este trotamundos del fútbol. En su periplo futbolístico cuenta, ni más ni menos, con un debut en la isla de Guadalupe, en pleno Caribe. De ahí marchó a la tercera división francesa y, por azares del destino, se enroló en el proyecto del Montpellier cuando todavía militaba en la segunda categoría, equipo en el cual, por cierto, demostraría todas sus habilidades llegando a ser considerado como el jugador franquicia.

Pronto entró en escena Braulio. Echó las redes valencianistas sobre él. Unos 6 millones de euros fueron el montante total de la operación. ¿El rendimiento? Increíble. Un gran jugador que, sin embargo, no ha tenido el reconocimiento que merecía. Será la idiosincrasia de la parroquia ché, serán los líos que mantuvo con Unai o será que, quizás, le falte un poco de carisma al bueno del ‘Tino’ con el que contagiar a los aficionados. “Si hay algo que siempre me reprocharé en Valencia es que, tras hacer esfuerzo tras esfuerzo, la gente no supo reconocerlo en algún momento”. Una verdad como un templo, palabras que salían ayer de su boca. El coraje del argentino, uno de sus grandes tesoros, nunca ha sido reconocido por Mestalla.

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Sea como sea, hoy se va un jugador lleno de sacrificio y garra. Voluntarioso como pocos, el ‘Tino’ se ha manejado correctamente en el centro del campo valencianista. No obstante, no es un creador al uso. No sabe llevar la batuta del equipo. ¿Dónde colocarlo? ¿Puede jugar como media punta? o ¿como cierre para aprovechar su desplazamiento en largo de balón? Trabajo para el Míster. Su mayor virtud, de eso sí que no hay duda, es su pierna izquierda. Una zurda repleta de talento. Sus cañonazos desde la frontal del área sólo son comparables con sus precisos centros cuando ejecuta los córners y faltas esquinadas.

En fin, Karpin ha fichado para su equipo a un jugador poderoso. Un hombre hecho a sí mismo, pues nadie le ha regalado nada. A su trabajo defensivo y su virtud táctica le acompañan un más que notable toque de balón. Calidad, entrega, sacrificio y un disparo descomunal. Qué más quieren. Un maratoniano al que siempre es un placer ver jugar. Qué disfruten en Moscú de sus zapatazos.

Adiós a la Champions, adiós a Valverde.

La inseguridad ha podido con Ernesto Valverde. Ayer anunciaba públicamente que se marchaba del Valencia. Difícil decisión, imagino. Quizás, también errónea. ¿Cómo decir no a un banquillo tan goloso? ¿cómo abandonar una nave en la que afición, jugadores, prensa y directiva solicitan tu continuidad con tanto descaro? ¿no merece la penar arriesgar un tanto por todo ello?

El bueno del Txingurri ha realizado una labor espectacular en el club ché. De ahí que lo tengan tan endiosado por tierras valencianistas. De ahí que todos pidieran su permanencia en el banquillo. Cogió un equipo roto, un vestuario sin alma. Y lo supo reconvertir. Cambió la situación como si nada. Transmitió tranquilidad, dio una base de juego al equipo y recuperó a hombres como Banega o Parejo para la causa del buen fútbol. Con él se ha visto al mejor Jonas, al Soldado más voraz y a un Mathieu galáctico en el puesto de central. Con la libreta de Valverde el Valencia no sólo ha ganado partidos, sino que ha disputado la cuarta plaza de tú a tú frente a la Real conforme a un estilo de juego muy bien definido, basado en ataque, presión y orden.

En el Pizjuán se interpuso Clos Gómez. También los cuatro goles del Tiburón Negredo. Y en Riazor el Deportivo no pudo con la Real. Ésta, en cualquier caso, merecía este destino. La fábula de Montanier ha tenido el final feliz que todos querían. Tremenda temporada de los txuri urdin. El Valencia, en todo caso, ha sido un digno competidor. Se marcha Valverde, probablemente al Athletic. La Champions se esfuma. Emery se cobra su particular venganza. Y Djukic aparece en el escaparate. La temporada 13/14 ya ha comenzado a rodar.

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La mesiánica aparición del ‘Flaco’.

Mauricio Pellegrino llegó a España de la mano de Louis Van Gaal. Éste, haciendo gala de su lamentable español, lo definió como el “alquilao“. Quería referirse, el mítico técnico holandés, a que el argentino llegaba cedido desde Velez Sarsfield, donde se podía decir que lo había ganado todo: una Libertadores y una Intercontinental lo atestiguan. En Barcelona no brilló. No ejercieron la opción de compra, y por ahí, en pleno verano del 99, apareció la figura de Manolo Llorente. Recuerdo la negociación, pues fue un tira y afloja constante, echándose el tiempo encima (se acababa el mercado de fichajes), que terminó por beneficiar al Valencia. Había conseguido por un módico precio a un jugador que era todo oficio y profesionalidad. El espigado central zurdo formó, junto a Ayala, y alternándose posteriormente con Marchena, el eje de una de las defensas más rocosas que se recuerdan, bajo las órdenes de Cúper, primero, y Benítez después.

Ahora le llega el turno al ‘Flaco’ como técnico. Llorente vuelve a apostar por él. Sin experiencia, pero con mucha capacidad, dicen quiénes le conocen. La parroquia ché ve en el ‘Flaco’ al nuevo Rafael Benítez, un Mesías que volverá a traer la añorada gloria. Era, como futbolista, uno de los apoyos fundamentales del técnico madrileño en el vestuario, y terminó por ser su ayudante tanto en Liverpool como en su corta etapa por tierras lombardas. A mí, el fichaje de Mauricio, me recuerda un tanto, será por la maniática costumbre de buscar parecidos, a la llegada de Benítez a Valencia. Sin cartel, sin excesivo recorrido profesional. Es justo reconocer, no obstante, que Rafael había ascendido al Tenerife, pero poco más. El Valencia, al que tanto le dio, fue su lanzadera idónea. 

Aseguran que Pellegrino es un amante del orden. Gran virtud. También me resulta familiar, teniendo en cuenta que Cúper y Benítez lo fueron. Intuyo que su equipo será excelente en el aspecto táctico. Un bloque compacto, entregado y solidario en defensa. La casa no se comienza por el tejado, y esa filosofía Pellegrino la lleva en la sangre. Es la receta con la que el Valencia ganó una Copa (99) con Ranieri, jugó dos finales de Champions (00 y 01) bajo las órdenes de Cúper, se alzó con dos Ligas (02, 04) y una UEFA (04) siendo comandado por Benítez, y se aupó con una nueva Copa (08) con la sombra de Quique Flores planeando sobre el juego valencianista. Emery, con todas sus virtudes, propuso una nueva concepción futbolística, mucho más ofensiva, que aún dando resultados, no ha calado entre el público y los dirigentes que llenan Mestalla. El fichaje del ‘Flaco’ supone retornar a la filosofía que hizo del Valencia un equipo campeón. ¿La clave? Veremos cómo maneja a un vestuario tan conflictivo y problemático el bueno de Pellegrino. Al menos, ya sabemos que tiene, en este punto, ventaja respecto a Unai, pues goza de la confianza absoluta de Llorente.

Unai Emery, el señalado

Parece como si Valencia se hubiera instalado (desde tiempos de Paco Roig), a imagen y semejanza del Madrid, en una ola de nerviosismo y ansiedad que arrasa con todo lo que se pone por delante. Desde la prensa hasta la afición, contagiando, no se sabe porqué, a los dirigentes del club. Aquí, se ha cuestionado a un hombre, a un señor del fútbol, a un grande, a un maestro como Héctor Cúper, alguien que tenía que aguantar el famoso “vete ya” yendo segundo o tercer clasificado en Liga, y habiendo disputado dos finalísimas de Champions League, casi res. También le pasó a Benítez, el mejor y más triunfal de todos. Si no llega a ser por la remontada de Montjuic. No fue menos un hombre tan respetado aquí como el romano Claudio Ranieri (por cierto, hoy es líder con la Roma, un equipo que cuando lo cogió estaba defenestrado), que tuvo que enfrentarse a la sombra de Benítez y que duró menos de lo que debía en el cargo. Le tocó a Quique, un mes malo sirvió para sentenciarlo y ejecutarlo. Koeman compró todas las papeletas, pero recuerdo un caprichoso “quédate” de la afición tras clasificarse el Valencia para la final de Copa del Rey. En definitiva, Unai, esto no es nuevo.

Dicho lo cual, me reiteró en mi idea. Unai, hoy por hoy, es el técnico ideal para el Valencia. Un hombre que lleva al equipo tercero en Liga, y con dos eliminaciones, tanto en Copa como en UEFA, en las que algo se le puede achacar, pero contra equipos duros y rocosos, no tan alejados del nivel ché. Es decir, se podía caer. El Valencia no es el Madrid ni el Barça. Está a años luz de ellos, por mucho que disponga de Villa y Silva en el equipo. Es el Valencia, un equipo arruinado, al borde de la desaparición y que está en puestos de Liga de Campeones, siendo su fichaje estrella de esta temporada, con todos los respetos, Dealbert, procedente con 26 años del Castellón.

Unai debe ser el técnico. Un técnico que exige más actitud de sus jugadores, más responsabilidad. Y hay que apoyarlo, tanto la prensa, como el aficionado o los dirigentes (¿por qué no está renovado Unai?). Hay que tirar del mismo carro, todos a la vez. Si se gana al Athletic, el sueño de volver a Champions estará más cerca.

Éver.

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Llegó con polémica en un año ya de por sí polémico. Aterrizó en pleno terremoto. Quique había sido destituido. El sargento Koema quisó poner orden y le estalló una rebelión que ya no pudo controlar. La Copa llegó, pero el club casi descendió. No era momento para darle la alternativa a una joven promesa que había ganado prácticamente él sólo el mundial con Argentina.

La cesión al Atleti tampoco fue de lo más afortunado. ¿Al Atleti? Para eso, nos lo quedamos nosotros. Año desperdiciado. Y, por fin, volvió y se reencontró con su fútbol. Éver ha sido el mejor, junto a Villa, del arranque liguero. Es el cerebro del equipo. Marca el ritmo. Ayuda tener como compinches a Mata, Pablo, Silva o Villa. Pero el Valencia lo necesita. Baraja ya no es aquel que nos dió una Liga. Es un jugador castigado por el paso de los años. Un jugador destinado a dar minutos de refresco al titular. Y ese titular es Éver. Lástima que desde el banquillo no se sepa muy bien a qué jugar. Este Valencia es equipo Champions.