La derrota del romanticismo.

Schaaf

Thomas Schaaf, destituido. Un titular que nadie confiaba en leer. Una triste noticia para el fútbol, pues se marcha, quizás, uno de los entrenadores más gloriosos de la historia reciente alemana. Un hombre de club. Una verdadera institución en las calles de Bremen, donde Schaaf significaba Werder. Bajo su mandato, de catorce años de duración, los feligreses del Weserstadion han visto como su equipo combatía al todopoderoso Bayern de Munich. Así fue cuando levantó la copa alemana en las temporadas 1999 y 2009 (también aquí disputó la final de la UEFA), pero sobre todo cuando hicieron leyenda al conseguir un doblete (Bundesliga y Copa) en la histórica temporada 2004.

Entrenador con gusto por el fútbol vertical y de ataque, su estilo queda resumido en sus palabras: “Si recibimos tres goles, la mejor manera de ganar es hacer cuatro”. Un tipo que pocas veces atrincheraba a sus jugadores en las líneas de atrás. Su obsesión era el ataque y, en cierto modo, esto le pasaba una tremenda factura en la defensa, siempre muy adelantada y desguarnecida. Su libreta futbolística solía conducir a un desequilibrio pavoroso entre la defensa y el ataque, siendo éste el principal achaque que uno podría hacerle al técnico germano.

Pero así era él, un tipo convencido de que practicar el fútbol total era posible. Quizás este era el motivo por el que durante la semana hacía defender a sus delanteros, y atacar a sus defensas. Muchos lo han tildado de loco, especialmente durante esta campaña. La transición prometida por las calles de Bremen, no ha llegado. De hecho, esta temporada la permanencia en la Bundesliga ha llegado a correr un grave peligro. La directiva le ha visto las orejas al lobo, la prensa ha buscado culpables y Schaaf, un tipo inmune hasta la fecha, ha terminado siendo arrastrado por la marea.

Se marcha, para desgracia de muchos, uno de los grandes. Esta vez ha perdido el romanticismo. El Werder Bremen seguirá jugando bajo el abrigo de sus aficionados. Thomas Schaaf continuará entrenado en otros lugares. Sin embargo, ya nada volverá a ser como antes.   

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La última Uefa.

Se esperaba un partido emocionante, vibrante y con alegría. Ambos equipos garantizaban goles, eran sinónimo de no dejar la portería a cero.

Sin embargo, la realidad fue otra. El partido, sobre todo por parte del Bremen, decepcionó. Puede achacarse ese estilo amarrategui a la ausencia del gran valuarte Diego. Pero, no sirve como excusa. Schaaf y su Werder tienen otra idea de lo que es el fútbol. Entre ceja y ceja sólo piensan en la portería contraria, en hacer goles. Ayer jugaron contra natura, echando por tierra su filosofía.

Es justo decir que en el mejor momento de juego del Werder, cuando estaba proponiendo, encajó un gol. Un error defensivo, otro más, condenó a Wiese gracias a la gran definición de Luiz Adriano.

Luego, vendría la magia de los ucranianos. El Shakthar Donetsk, bautizado como el Samba Donetsk, puso el juego y el toque. Salió con un planteamiento muy ofensivo, dejando toda la responsabilidad del medio campo a un contundente Lewandowski, el mejor del partido junto a Ilsinho y Srna. Arriba estaba Jadson de enganche, William e Ilsinho en bandas, Luiz Adriano de delantero y Fernandinho de mediocentro ofensivo. Había magia brasileña… y croata. Srna fue un puñal. Sus subidas destrozaron el flanco izquierdo del Werder, Boenisch sufrió de lo lindo.

El Bremen se metió en el partido gracias a un craso error de Pyatov, pero de nada le valió. El Shakthar propusó, tampoco deslumbró, simplemente se cebó por el lado izquierdo del Bremen. Ilsinho y Srna montaron un festival por ese lado, y ahí vino el segundo de Jadson, a pase de Srna. La prórroga, contra pronóstico, finiquitó el partido en favor del Shakhtar.

Schaaf salió cabizbajo, tocado. Sabía que no habían hecho su fútbol, no había muerto con sus ideales. En el otro lado, Srna irradiaba alegría y jolgorio. El Samba Donetsk había hecho historia, había logrado la última Uefa.

 

Destellos de campeón.

 

El Werder Bremen salía con el mismo sistema utilizado hasta la fecha. Un 4-2-3-1 en el que Diego era el encargado de dibujar, inventar, hacer jugar. Tenían la difícil tarea de remontar un 0-1 encajado en la ida.

La cosa no pintó mucho mejor cuando en los inicios de la primera parte Olic hizo el primer tanto del partido para el Hamburgo tras un error, ya habitual, en la defensa adelantada de los de Bremen.

Sin embargo, ahí estaba él. Diego apareció, destellos de campeón. Trazó una jugada que el mismo remataría con un genial Pizarro como cómplice en la asistencia. Se sacó de la chistera un tremendo zapatazo que por poco no hizo subir el segundo al marcador antes del descanso. El Werder llegaba al descanso acechando la portería de Rost, un 1-1 peligroso para los de Hamburgo.

Y, en el segundo tiempo, Pizarro, con ayuda de Rost, hizo el segundo. La cosa se ponía de cara. Fieles a su estilo siguieron buscando la portería. Un mal pase, a causa de una bolita de papel, provocaba un córner que sacó Diego de manera excelente y que empujó Baumann para dentro. Era la sentencia, el 1-3. De nada sirvió el segundo de Olic. Sólo dió emoción para los minutos finales. El Bremen de Schaaf es justo finalista. Veremos si recuperan al gran Diego (no en referencia a su traspaso a la Juve, sino a la injusta amarilla que le impide disputar la final). El Shakhtar Donetsk espera.

Schaaf y su sueño.

Con cualquier otro equipo, con un 0-1 como resultado final en la ida, daríamos por casi finiquitada la eliminatoria. Sin embargo, cuando el Werder Bremen está en escena, no se puede pronosticar nada hasta el último momento.

Schaaf y su Werder han demostrado ser capaces de lo mejor y de lo peor. Como ejemplo de lo peor, tenemos su mala posición en la Bundesliga y su temprana eliminación de la Champions League. Hechos atribuibles en gran porcentaje a la debilidad defensiva, a la facilidad para encajar goles que tiene este conjunto. Como aspecto positivo, encontramos ese romanticismo futbolístico que desprende Schaaf. Su ambición de ganar a través del fútbol bonito. Y, no hay duda, que hay veces en que lo consigue. Tendrá que acogerse a esta filosofía para tratar de eliminar al Hamburgo.

No obstante, igual de fácil que encaja goles, los anota. Es un equipo terriblemente goleador. Tiene pólvora para ello. Su gran figura es, sin duda, Diego. Ese brasileño por el que suspira media Europa. No mentimos si decimos que es medio Werder Bremen. Sin embargo, el otro medio, tampoco está nada mal. Le apoyaránn en su tarea de hacer jugar al equipo y, sobre todo, de atacar, el peruano Pizarro, Hugo Almeida y Ozil. Tziolis y Frings les cubrirán la espalda en la retaguardia, y Fritz y Boenisch desde el carril tratarán de sorprender. Veremos la inspiración que tienen ahí arriba.

Delante tendrá a todo un campeón de Europa, el Hamburgo. Un clásico alemán que este año parece volver por sus fueros. Justo el año en que su gran estrella, Van der Vaart, los abandonó, el conjunto alemán ha realizado una gran Bundesliga, sigue vivo en la lucha por el título, y una gran UEFA. Su gran estrella, Trochowski. Pero junto a él, habrá que tener en cuenta al colectivo en su conjunto, pues no olvidemos que ya han sido capaces de tumbar a todo un Manchester City.

El sueño de conquistar la UEFA de Schaaf y compañía requerirá de una gesta del conjunto de Bremen. Pese a lo imprevisible de su juego, me decanto por un gran partido de Diego, con la consiguiente victoria.