JIM

La decisión ya está tomada. El director deportivo del Levante, Manolo Salvador, ha ideado un nuevo proyecto para el curso que viene, pero esta vez sin la figura de Juan Ignacio Martínez (JIM) como director de la nave. El de Rabassa cierra así un ciclo esplendoroso que ha durado dos años. Tiempo suficiente como para, números en mano, acreditar que JIM ha sido el mejor entrenador de la historia del Levante. Palabras mayores.

Con él la afición se echó a temblar. Era un semidesconocido que se vanagloriaba de practicar un fútbol bonito, de ataque y vertical. Así lo había hecho en Cartagena, lugar en el que el espectáculo no fue acompañado de resultados en forma de ascenso a la Primera División. Un fútbol, porqué no decirlo, que no terminaba de encajar en el estilo defensivo que había hecho triunfar a los granotas. Tenía, además, la difícil papeleta de sustituir al que para mí, y sin números en la mano, ha sido el mejor entrenador del Levante: Luis García, el técnico milagro.

Con todo, supo adaptarse a la situación. Sabía a qué tipo de equipo llegaba y amoldó su libreta táctica al mismo. El Levante no se desdibujó, más bien todo lo contrario. Gracias a JIM se construyó un equipo basado en la solidaridad, la presión, la defensa y la intensidad. Uno de las mejores máquinas que yo he visto para practicar ese fútbol tan denostado por todos, el de defensa y contraataque.

Lograr clasificar al Levante para la Europa League no es tarea sencilla. Tampoco haberlo situado en lo más alto de la tabla de una de las mejores ligas del mundo. O el hecho de recorrer la geografía europea llegando hasta los octavos de final, ilusionando a la afición con alcanzar cotas inimaginables hasta hace nada. No menos valor tiene el hecho de que, durante dos campañas,  un club tan modesto como el Levante haya alcanzado la permanencia con suficiencia y premura. 

Por todos estos motivos, el Levante debe estar eternamente agradecido a la figura de JIM. Se marcha Juan Ignacio, en silencio y por la puerta de atrás. Contradicciones del fútbol que uno jamás terminará de entender. Dice adiós, en definitiva, uno de los grandes nombres de la historia del levantinismo. 

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