La hora de Iborra.

Vicente-Iborra-LEvante_2909070Era un secreto a voces. El ’10’ del Levante, Vicente Iborra, natural de Moncada, quería progresar deportivamente. Repleto de ambición e ilusión, sentía que su permanencia en el conjunto blaugrana limitaba sus cualidades deportivas. Así parecía desprenderse de sus continuos desplantes a los cantos de sirena que le llegaban desde las oficinas levantinistas, donde Quico Catalán lo veía como el verdadero referente granota, como el hombre que debía liderar el proyecto durante los próximos años. No será así. A Iborra el Levante, probablemente, se le queda pequeño. Durante estas últimas dos temporadas ha jugado a un nivel de selección, pero imposible recibir una llamada con la elástica blaugrana. Ha jugado a un nivel para ganar títulos nacionales y europeos, pero difícil hacerlo con el escudo del Levante en el pecho.

Se marcha, en cualquier caso, agradecido con todos aquellos que en algún momento de su carrera y su vida le han apoyado. El Levante lo ha hecho futbolista y persona, e Iborra eso jamás lo olvidará. Jugador humilde y trabajador, de imponente físico y con un buen repertorio de cualidades que, a poco que le sonría la suerte, le harán triunfar, ahora ya, con la camiseta del Sevilla.

Tiene las puertas abiertas para volver al club de toda su vida, a ese club al que lleva en el corazón. Seguro que lo hará, tarde o temprano. Pero mientras tanto los caminos de Iborra y el Levante se separan. El valenciano tiene tiempo suficiente para demostrar toda su valía a Emery, triunfar en Sevilla y porqué no dar el salto definitivo a la selección de cara la próximo mundial. El Levante, por su parte, tiene una temporada grisácea a la que hacer frente. Demasiadas salidas importantes que digerir, puede ser un año traumático salvo que Caparrós consiga hacer gala, una vez más, de su libreto de supervivencia.     

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Un resultado inimaginable.

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Quizás hoy sea el día propicio para defender a la selección de España. Sí, anoche encajamos un rotundo 3-0 en Maracaná, frente a Brasil. Parecía como si estuviese en disputa el trono de la supremacía mundial del fútbol. Pero no era así. Habrá que esperar un año más para ver quién es la mejor selección del mundo en cuanto a resultados. En cuestión de estilos, no hay duda, no hay que esperar, hoy por hoy España defiende el modelo más preciado por todos. 

Pero sí, perdimos la Confecup. No salió nada bien en el día de ayer. Desde el primer minuto ya íbamos en contra del viento. Las 79 mil gargantas que animaban a la selección carioca parecían amilanar las fuerzas de nuestros jugadores. Estaban nerviosos, tensos, agarrotados. No jugaban con la gracia y sutileza de otros encuentros. La presión brasileña les asfixiaba, les quemaba. Incapaces de dar un golpe de timón que diera la vuelta al partido.

Puede que el gol de Pedro hubiese marcado la diferencia. Pero ahí estuvo David Luiz, tan sólido y expeditivo como el resto de sus compañeros. Anoche no falló nadie en el conjunto de Scolari. Éste, por cierto, le dio un auténtico barrido táctico a Vicente Del Bosque. El salmantino, aunque pesa decirlo, no ha estado acertado a la hora de confeccionar las alineaciones durante esta Confecup más allá del día de Uruguay. Si contra Italia no debió jugar Silva, anoche tampoco era el momento de Juan Mata. Del Bosque lo sabrá mejor que nadie, pero no alcanzo a entender los motivos por los que Javi Martínez no ha sido titular, en compañía de Busquets, en las eliminatorias directas.

Brasil tenía un plan, y este pasaba por anular a Xavi. Lo consiguió, por supuesto. El catalán estaba demasiado desprotegido como para enfrentarse él sólo a todo la maraña táctica que había planteado Scolari. Sin Xavi somos vulnerables, el equipo se desvirtúa, comienzan las lagunas y así terminó el encuentro: 3-0. Con todo, hubo una concatenación de factores que propiciaron tal resultado inimaginable. El ambiente era infernal; Brasil tuvo detalles psicológicos (goles en el primer minuto de cada parte) a su favor; la permisividad del árbitro con las interrupciones brasileñas; Del Bosque falló en la alineación y Scolari no; España no estuvo precisa en líneas generales; Brasil hizo el mejor partido en mucho tiempo que uno le recuerda.

Las cosas han venido así. El resultado no refleja la realidad. Brasil es un equipo con mucho oficio y la suficiente pegada para tumbar a cualquiera. Anoche tanto física como tácticamente nos superaron. Sin embargo, no nos engañemos, técnica y futbolísticamente España es abismalmente superior a la selección carioca. Habrá que esperar al Mundial 2014 para tomarnos la revancha. 

Punto y seguido.

Ballesteros ponía punto y seguido en la tarde de ayer a su estancia en el Levante. Fue una despedida emotiva, bonita. Una adiós idílico, respetando las formas y respetándose las partes. Pocas veces las cosas terminan así de bien, pero él, la verdad, se lo merecía.

“El Levante me hizo futbolista”, decía. Y es que lleva al conjunto de Orriols en la sangre. Desgraciadamente ya no encaja en el proyecto de regeneración que tanto Manolo Salvador como Quico Catalán han decidido llevar a cabo para la temporada 2013/14. Pero él ya tiene ganado el cielo. Bajo su comando, desde que regresara en la temporada 2008/09, el Levante ha vivido la mejor etapa de su centenaria historia. Una estancia necesaria en la categoría de plata, un histórico ascenso, la agónica permanencia en la élite, el liderato y el sueño de Europa, la consagración y estabilidad. 

Decían de él que era un tipo agresivo, y yo nunca le he visto una mala acción con el rival. Decían de él que era lento, y venció en carrera a Cristiano Ronaldo. Decían de él que estaba acabado, y todavía nos ha dado cinco temporadas de esplendor. Decían de él muchas cosas, y por fortuna el tiempo pone a cada uno donde se merece. Se marcha pues uno de los jugadores más valerosos, impetuosos y nobles que ha tenido este club. Alto, fuerte y rocoso. Un central con perfil de estibador que siempre se ha entregado con honra a su oficio. Duro y expeditivo, ‘Papá’ ha marcado una época gloriosa en su club de toda la vida. Deja el dórsal 18 libre, pero siempre será eterno capitán de Levante. 

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Líder en la sombra.

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Puede que hasta la fecha, la renovación de Mathieu haya sido el mejor fichaje del Valencia. “Pienso terminar mi carrera aquí”, fue lo que dijo ayer tras certificarse su nuevo contrato. Jugador anárquico donde los haya, el francés siempre ha cabalgado indomable la banda izquierda del campo. Un verdadero machete en ataque que, sin embargo, siempre ha dejado un poso amargo entre la afición valencianista. Quizás por sus lagunas defensivas, más achacables éstas, por otra parte, al estilo de juego de Unai Emery – eminentemente ofensivo y descuidado atrás – que al espigado pelirrojo.

Velocidad, potencia y calidad en el centro. ¿Qué más pedirle a un lateral ofensivo de largo recorrido? Guardiola todavía tiembla cuando oye su nombre, pues era uno de los pocos jugadores que siempre escapaba a su telaraña táctica. Incisivo como pocos, siempre dije que el “Galgo” lo haría a las mil maravillas en punta, como delantero al contraataque. Era una barbaridad, sí. Casi tanto como la de colocarlo de central izquierdo. Tremendo acierto de Valverde. Y es que ha terminado la temporada como uno de los mejores jugadores del continente en su posición. Rápido, contundente al corte, hábil en la marca y preciso en la salida de balón.

Un central diez que, además, se incorpora como un rayo, de vez en cuando, al ataque. Cuidado, a partir de ahora, con su golpeo a balón parado (totalmente desaprovechado hasta la fecha). Jérémy Mathieu debe ser, sin duda alguna, la insignia de la defensa valencianista para las próximas temporadas. Poderío, calidad, desparpajo y potencia para comandar la zaga del nuevo proyecto dirigido por Miroslav Djukic.    

El exotismo de Tahití.

Dentro del Pacífico y, en concreto, de la Polinesia Francesa, Tahití es una verdadera potencia futbolística. Pero claro, hablamos de un fútbol completamente amateur. Su mayor logro, y cuidado porque no es poco, fue alzarse como campeón de la Copa Oceanía de 2012 contra pronóstico, obteniendo así el billete para participar en esta Confecup.

Tahití le ha dado el toque exótico a esta Confecup. Probablemente, no volvamos a ver competir a una selección de un nivel tan bajo en un torneo con tanto parangón, de ahí la gracia del asunto. Para mí, son unos héroes. El ejemplo claro de que ganar no lo es todo en el deporte. Así nos lo han hecho saber desde que se inició la competición. Me gustó el rito de ofrecer collares al rival como muestra de respeto. Y me gustó todavía más el hecho de que le realizaran un pasillo de campeón a España al finalizar el partido y tras haber encajado la friolera de diez goles. 

Los “guerreros del hierro” nunca han jugado un mundial, y quizás nunca lo hagan. Pero ninguno de estos jugadores olvidará nunca que un buen día jugaron frente a la campeona de Europa y el Mundo, frente a España, en Maracaná y con el apoyo de cien mil seguidores que desde el primer segundo gritaron al son de “¡Tahití, Tahití!”. Perdieron por 10 a 0. Pero eso, para ellos, fue lo de menos.

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Volvió a sonar la melodía.

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Confirmado, España tiene sed de títulos. Anoche esperaba esperaba un equipo cargado de oficio, Uruguay. Pero poco pudieron hacer. No hay piernas, músculos y pulmones suficientes para contener la mortal alegría del juego español. Pronto se supo que el nivel de España es de una superioridad sideral comparado con cualquier otro equipo. No le tienen miedo a nada ni nadie. Son los mejores, y lo han demostrado desde que alcanzaran la victoria en la Euro ’08. La suerte es poder contar con esta hornada de jugadores, alternando además, en la confección del once, jugadores de distintas generaciones. Y lo bonito es vislumbrar el paisaje futuro, con gente como Isco, Illarramendi, Muniain o Thiago en lista de espera, dispuestos a dar el salto de calidad.  

Ayer Vicente Del Bosque se decantó por variar el sistema. Modificó su doble mediocentro. La baja de Xabi Alonso no fue sustituida por el colosal Javi Martínez, sino que se decantó por fijar a Fàbregas de 10, jugando con total libertad, y a Soldado de nueve puro. Le salió redonda la jugada. El centro del campo fue, de nuevo, fantástico. Combinaron la plasticidad y la pegada, el arte y el oficio. Es una maravilla ver jugar a este equipo.

Busquets fue dueño y señor de su parcela, todo comenzaba por él. Pedro se vació en defensa y dio lo que siempre da en ataque: garra, carácter y gol. Iniesta es un regalo para los sentidos, el genio por excelencia, maestro del regate y la asistencia. Además, Fàbregas, jugando como jugó anoche, no admite comparación.  ¿Quién resta? Pues el mejor jugador español de todos los tiempos: Xavi Hernández. Volvió a dominar el tempo del partido, aniquilando al rival con la velocidad de sus pases al primer o segundo toque, llevando la batuta, con gusto, inteligencia y precisión, del mejor equipo del mundo. Sin duda, el jugador más necesario para este equipo. El insustituible, diría yo. La defensa, por su parte, fue un derroche de seriedad y contundencia. Y Soldado, muy participativo y entregado, gustó a todos, permitiéndose el lujo, además, de anotar el segundo tanto del equipo. ¿Casillas? Un mito que todavía, mal que le pese a José Mourinho, es una realidad.

El partido fue una nueva obra de arte. Un admirable lienzo futbolístico que nos exhibió una primera parte de absoluta fantasía. La Roja no tiene la Confecup en su palmarés, y ello es una motivación extra. Pero, sin duda, el oxígeno de este equipo es su afán por la victoria, su entrega a la superación y su férreo convencimiento de querer marcar una época. Estamos en Brasil, una de las industrias más importantes del balompié. Neymar firma autógrafos y ocupa portadas. La magia brasileña está en el aire. Maracaná se presenta como el mejor de todos los escenarios para una final. Y España, mientras tanto, sigue jugando al fútbol.  

Eternos capitanes.

El fútbol valenciano ha perdido mucho estos días. Dos de sus emblemas dicen adiós. Ninguno por voluntad propia. Primero fue David Albeda, ahora Sergio Ballesteros. Tanto la parroquia ché como la granota pierden a dos de sus referentes, a dos de sus ídolos. Esto también es fútbol. 

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Del 6 valencianista nunca me cansaré de ensalzar su figura. Para mi ha sido uno de los jugadores españoles más importantes de la primera década del siglo XXI. El mejor cierre defensivo que yo he visto, al mismo nivel de hombres como Gattuso o Makélélé. Sucede que este estilo de jugador no vende portadas ni camisetas. Pocos valoran su dedicación y entrega a este oficio. Sin embargo, ahí estuvo David Albelda para capitanear la mejor época de la historia valencianista. Y. háganme caso, sin él nada hubiese sido igual.  

Otro eterno capitán es Sergio Ballesteros. El de Burjassot ha visto como la marea desestabilizadora surgida a raíz del día del Depor también lo ha arrastrado. Lástima. Creo, honestamente, que todavía tenía fútbol en sus piernas. Me cuesta creer en el argumento deportivo mentado por Manolo Salvador y Quico Catalán. En cualquier caso, es lo que hay. El proyecto regeneracionista surgido en Orriols ya no contará con ese corpulento central, más parecido a un estibador que a un futbolista, que lideraba a su equipo mientras atemorizaba a los atacantes rivales. En el recuerdo y bajo su comando quedan muchos momentos inolvidables, preciosos. Ha sido parte, y fundamental, de la mejor etapa en la historia del Levante. Eterno Capitán.

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Pues así, se van. Atrás queda todo lo vivido junto a ellos. Momentos, como ya hemos dicho, imborrables. Protagonizan, por sí solos, un anecdotario digno de contar a cualquiera. Horas y horas de tertulia recordando las hazañas de estos dos gladiadores. Confiemos en verlos pronto en los despachos, cerca del verde, ayudando de alguna manera a engrandecer a los clubes que llevan en su corazón.