Después de la tormenta siempre sale el sol.

Caparros-Levante-FOTO-DAVID-GONZALEZ_ALDIMA20130821_0035_3El Levante abrió la Liga de la peor manera posible, encajando un contundente 7-0 en tierras culés. ¿Qué había sucedido? ¿Dónde estaban las notas de seriedad y fortaleza que caracterizaban antaño al conjunto granota? Se echó de menos a hombres como Ballesteros, Barkero, Juanlu, Iborra o Martins, referentes simbólicos de un estilo propio de defensa-contraataque que aparecía ahora totalmente difuminado. Los más pesimistas temían, a las primeras de cambio, no encontrar la brújula que orientara al levantinismo hacia la permanencia en esta temporada de regeneración.

Algo cambió, sin embargo, en la noche del domingo. La brújula levantinista tiene nombre y apellidos: Joaquín Caparrós. Él es quien debe comandar la naveta granota hacia la permanencia. El técnico utrerano lleva implícita la marca del sufrimiento, conocedor de lo que es ser un Robinson Crusoe, administrando con tino los escasos recursos disponibles con tal de sobrevivir en tan agreste paisaje. Y ahí, en esa gracia especial para hacer frente a las adversidades que tiene Caparrós, radican todas las esperanzas de la parroquia de Orriols.

Orden y disciplina. No le queda otra al Levante esta temporada. La salida de Iborra ha hecho mucho daño a la plantilla, deportivamente hablando. Poco ayudaría, además, la salida del otro pilar del centro del campo, Pape Diop, un portentoso futbolista cuyo despliegue de músculos, pulmones, piernas y recursos técnicos se antoja esencial para poner en práctica la idea futbolística del técnico utrerano. Sea como sea, no le conviene al Levante caer en el pesimismo agorero. Tiene motivos para ello, quizás, pero dicha actitud no va recogida en el ADN granota.

La portería está bien cubierta con el felino Keylor Navas. El oficio y experiencia de gente como Juanfran, Pedro López, David Navarro y Vyntra transmiten seguridad al por mayor. La línea de tres cuartos presenta chispa, electricidad y calidad en nombres como Xumetra, El Zhar o Pedro Ríos. Luchadores como Barral o Diawara encajan a la perfección en la fisonomía granota. Y el sistema de pesos y contrapesos que conformaba la dupla Iborra-Diop durante la temporada anterior será moldeado en esta ocasión en torno a jugadores de garra y tesón como El Adoua, Simao, Pinto o Gomis. Todo ello sin olvidarnos del Príncipe de Orriols, uno de los secretos mejor guardados de la Liga. Hablamos, por supuesto, de Rubén García, quien poco a poco y en base a trabajo, esfuerzo y talento comienza a emerger como una de las estrellas del campeonato.

Puede que un insípido 0-0 en casa sepa a poco, o nada, en otros estadios. En Orriols, sin embargo, ello es motivo de ilusión y jolgorio. Parroquia estoica donde las haya, el levantinismo respira más tranquilo después del partido de anoche. Supone saber que el Levante, una vez más, está en buenas manos, en las manos de Joaquín Caparrós. No nos queda otra que confiar en aquello que augura que después de la tormenta siempre sale el sol.

La hora de Iborra.

Vicente-Iborra-LEvante_2909070Era un secreto a voces. El ’10’ del Levante, Vicente Iborra, natural de Moncada, quería progresar deportivamente. Repleto de ambición e ilusión, sentía que su permanencia en el conjunto blaugrana limitaba sus cualidades deportivas. Así parecía desprenderse de sus continuos desplantes a los cantos de sirena que le llegaban desde las oficinas levantinistas, donde Quico Catalán lo veía como el verdadero referente granota, como el hombre que debía liderar el proyecto durante los próximos años. No será así. A Iborra el Levante, probablemente, se le queda pequeño. Durante estas últimas dos temporadas ha jugado a un nivel de selección, pero imposible recibir una llamada con la elástica blaugrana. Ha jugado a un nivel para ganar títulos nacionales y europeos, pero difícil hacerlo con el escudo del Levante en el pecho.

Se marcha, en cualquier caso, agradecido con todos aquellos que en algún momento de su carrera y su vida le han apoyado. El Levante lo ha hecho futbolista y persona, e Iborra eso jamás lo olvidará. Jugador humilde y trabajador, de imponente físico y con un buen repertorio de cualidades que, a poco que le sonría la suerte, le harán triunfar, ahora ya, con la camiseta del Sevilla.

Tiene las puertas abiertas para volver al club de toda su vida, a ese club al que lleva en el corazón. Seguro que lo hará, tarde o temprano. Pero mientras tanto los caminos de Iborra y el Levante se separan. El valenciano tiene tiempo suficiente para demostrar toda su valía a Emery, triunfar en Sevilla y porqué no dar el salto definitivo a la selección de cara la próximo mundial. El Levante, por su parte, tiene una temporada grisácea a la que hacer frente. Demasiadas salidas importantes que digerir, puede ser un año traumático salvo que Caparrós consiga hacer gala, una vez más, de su libreto de supervivencia.     

Historia viva.

Están siendo días de tristes despedidas. Hoy se anuncia la marcha del Levante de Juan Luis Gómez, Juanlu. Casi nada. Dice adiós con 33 años de edad. A todo el mundo le llega su momento y, quizás, este sea el oportuno. Si uno analiza la trayectoria de Juanlu a lo largo de estas cuatro campañas, se da cuenta de que, probablemente, este “loco bajito” se va con el sinsabor de esta última temporada en la que no sólo no ha jugado nada sino que además se ha visto metido en el embrollo del amaño de partidos. Un prometedor Rubén García le ha superado como un ciclón, es ley de vida.   

En cualquier caso, no nos debemos quedar con lo malo. La nota final es de sobresaliente. Juanlu ha dado mucho por el Levante. Tanto como el Levante le ha dado a él. Aquí recuperó la sonrisa. A partir de ahí, el malagueño siempre contagió su garra al equipo y a la afición. Él era capaz de levantar a todo el estadio con una de sus internadas por banda. Cuando estaba en forma, era un jugador temible, capaz de tutear a cualquier sin ningún tipo de rubor. Su carrera se truncó, sin embargo, con la grave lesión que sufría en Copa frente al Deportivo en la temporada 11/12. Hubo un antes y un después en el estado de Juanlu a raíz de aquello. Hasta entonces había sido, gracias a su verticalidad, centros, carácter y goles, uno de los artífices del ascenso, un pilar para la permanencia en la Primera División y una llave para soñar con Europa.

Forma parte de la etapa más gloriosa del Levante. Se ha ganado en base a su esfuerzo, desparpajo y entrega su derecho a entrar en la historia de este club. Nadie olvidará, por ejemplo, quién fue el que anotó el gol en el Villamarín que nos brindaba el liderato, quién logró el primer tanto europeo en tierras escocesas o quién agujereó por última vez las porterías de San Mamés. Fue Juanlu, insignia levantinista e historia viva de este club. 

villa-lev

La Vieja Europa nos aguarda.

Han sido 102 años de espera. Se escribe tan pronto como se dice, pero a uno todavía le cuesta hacerse a la idea. Detrás de tan larga trayectoria aflora un sentimiento granota más orgulloso que nunca de los suyos. Este equipo ha conseguido honrar la memoria de un club centenario, de los aficionados, jugadores y directivos que están, y de los que no están. La historia levantinista está repleta de tristezas y penas, de lamentos y sufrimiento. El Levante ha deambulado más tiempo del que merecía por los desiertos del fútbol español. Ya hace cuatro temporadas que rozó la desaparición, el cataclismo. Sin embargo, los blaugrana han hecho, una vez más, gala del estoicismo que les caracteriza, de su amor propio. Forma parte de la idiosincrasia levantinista, caer y levantarse. Ante una inminente desaparición, el Levante responde, en apenas cuatro años, con una clasificación para competiciones europeas.

La temporada 11/12 pocos la olvidarán. Diez meses de auténtico ensueño en los que se han roto todos los registros. Sería injusto destacar a cualquier jugador por encima de otro. El colectivo ha sido la clave, fundamental en tan ardua tarea. Un récord de siete victorias en Primera que abarca desde la jornada cuarta a la décima. Un liderato alcanzado en la jornada novena frente al Villarreal, en el Madrigal. Duro poco, apenas dos partidos, pero supo a gloria. La friolera de permanecer durante treinta y tres partidos en posiciones europeas. Conseguir récord de puntos (55) y de victorias (16) en una misma temporada. Y alcanzar unos cuartos de final de Copa del Rey por primera vez en su historia. Junto a todo ello, un sinfín de momentos inolvidables, únicos. Me vienen a la memoria, a bote pronto, la victoria frente al Madrid con gol de Koné, el recital de Juanlu contra el submarino, los tremendos cañonazos a ultimísima hora de Rubén frente a la Real, Espanyol o Villarreal, el penalti parado de Munúa en el Pizjuán y tantos otros.

“Un futuro por conquistar”, es el lema al que se ha acogido el Llevant desde que cumplió los cien años. Pues bien, la Vieja Europa nos aguarda, tan paciente y serena como ansiosa, seguro, por ver como el color blaugrana tiñe la geografía del continente durante esta campaña, la 2012/2013, que nos adviene.