David Zurutuza

Era un domingo desapacible, caía la lluvia en San Sebastián y el frío dejaba titiritando a más de uno en la grada. Así, los paraguas, los chubasqueros y las mantas se convertían en la mejor compañía que un aficionado podía tener, además de la radio, las pipas y sus colores. A todo ello, se le sumaba una hora intempestiva para jugar al fútbol, las cuatro de la tarde. Sin embargo, todo sucedió muy rápido, como un chispazo.

El protagonista fue un tipo nacido en Rochefort. Criado en el País Vasco francés, se forjó, futbolísticamente hablando, en Zubieta, y marchó cedido una temporada en campo armero, en Éibar (un tal Silva también lo hizo). Al pelirrojo le bastaron dos minutos para animar a todo el personal reunido en Anoeta. Dos goles en sendos minutos. Un inicio fogoso, brillante e intenso que había destrozado al rival, un triste Sporting, en apenas un abrir y cerrar de ojos. No obstante, nuestro protagonista tuvo mala suerte, quizás por su bravura, cuando sus huesos (los de la nariz) fueron a dar con la potente frente de Gregory apenas dos minutos después de su recital ofensivo. Choque de trenes. Había terminado la jornada para él, era el minuto cuatro.

Etiquetado como centrocampista ofensivo de largo recorrido, se siente más cómodo en los tres cuartos de campo, jugando como enlace entre el doble pivote y la delantera, lo cual no quita para que, en más de una ocasión, sus técnicos le hayan visto como un jugador comodín capaz de actuar en cualquier posición del mediocampo. El ‘queso’, como dicen que le apodan, es un pulmón que oxigena las piernas de sus compañeros mientras, al tiempo, abrasa las de los contrarios. Sacrificio, esfuerzo y garra. Son parte de sus señas de identidad. Trabaja en defensa, haciendo ayudas y presionando sin pedir nada a cambio. Esto va al fondo de esa cosa  llamada colectivo, equipo. Es un tipo solidario con sus compañeros, de eso no hay duda. Pero hay más. También  le viene la inspiración en ataque, cuando tiene el balón en sus pies. Es aquí cuando sus acciones denotan la calidad del txuri urdin. Las conducciones poderosas, la visión de juego y los pases talentosos, se asocian con un gambeteo peculiar, deparando un híbrido del que resultan individualidades vitales para el existir de la Real Sociedad. Es un lujo.

El tipo del que hablamos no es otro que David Zurutuza. Un auténtico crack, uno de los secretos mejor guardados de la Liga. Es el ’17’, corriendo de área a área como un búfalo. “Estoy muy animado, volveré pronto con más fuerza para romper más cabezas”, dicen que dijo en tono bromista al salir del hospital. Todavía le quedan muchos recitales que dar.

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